Las Profecias de Nostradamus Centurias Completas Originales

INTRODUCCIÓN

 

NOSTRADAMUS: ERUDICIÓN Y VIDENCIA

Fulgurante carrera de médico

El mago de Salon

 

HECHOS HISTÓRICOS PREDICHOS Y REALIZADOS

UNA MINUCIOSA PANORÁMICA DEL SIGLO XX

Guerra y paz

La guerra del Golfo y otros conflictos de Oriente Medio

 

DESCUBRIMIENTOS A INVENTOS

El cine mudo y el sonoro

El aeroplano

Telégrafo, teléfono, electricidad

La “peste” de nuestro fin de siglo

 

¿QUÉ PASARÁ MAÑANA?

Asesinato del Papa

Holocausto nuclear

Tiempos de paz

Todas las naciones caerán

El triunfo de la Gran Verdad

 

LAS CENTURIAS

 

 

INTRODUCCIÓN

 

«Aquí descansan los restos mortales del ilustrísimo Michel Nostradamus, el úni­co hombre digno, a juicio de todos los mortales, de escribir con pluma casi di­vina, bajo la influencia de los astros, el futuro del mundo.»

Quien dictó estas breves líneas para que fueran grabadas en la grisácea pie­dra de una tumba pretendió encerrar en ellas toda la esencia de una vida que se consumió, de forma desacostum­brada, entre la realidad y el mito, entre la fe en Dios y la hechicería, entre lo consciente y lo inconsciente.

Nostradamus fue médico y vidente, astrólogo y filósofo, matemático y al­quimista. Este personaje ha sido objeto de estudio, de análisis y de una ininte­rrumpida búsqueda por parte de cuan­tos se han esforzado en descubrir su auténtica personalidad y sobre todo el secreto, mucho más apasionante, que se encierra en sus famosas profecías.

En honor a la verdad, la crítica ra­cionalista niega la existencia de cual­quier «secreto de Nostradamus», redu­ciendo su obra de clarividente a un mero producto de la alucinada imagi­nación de un loco, a una explosión de imágenes, fruto de una alquimia del pensamiento que puede cautivar, pero que no puede satisfacer razonable­mente a quienes la examinen.

Sin embargo, no se puede liquidar con una interpretación tan simplista al autor de las famosas Centurias; no se pueden despachar tan sencilla y cómo­damente los 22 libros de las versiones proféticas de Michel de Nostredame, más conocido por el nombre latino que él mismo se había dado: Nostra­damus.

Aun que todo el mundo haya oído hablar de él y su nombre se cite con frecuencia, ¿cuantos habrán leído, si­quiera por encima, su extraordinario conjunto de profecías? Un número muy reducido, sin que ello deba sorprender lo más mínimo.

Si los textos de Nostradamus pudie­ran ser interpretados de forma inme­diata y precisa; si sus profecías en lugar de encubrirse en un lenguaje enigmá­tico estuviesen al alcance de todo el mundo, su obra sería el best‑seller más grande de todos los tiempos. ¿Quién de nosotros renunciaría a satisfacer la curiosidad de conocer su porvenir? ¿Quién prefiere ignorar lo que el des­tino reserva a los hombres?

El empleo de un lenguaje esotérico en sus escritos se justifica porque, en el terreno de la profecía más que en cual­quier otro campo, las verdades no son siempre agradables para quien las dice, ni halagadoras para quienes las escu­chan.

Un elemental imperativo de huma­nidad exige que, en este sondear el destino del mundo, se actúe con prudencia y caridad, puesto que no deja de ser un bien, en la gran mayoría de los casos, que el significado preciso de una revelación profética no sea compren­dido hasta que el acontecimiento pre­dicho se haya cumplido. ¿Cómo actua­ríamos con libertad si conociéramos ya nuestro futuro? De ahí la necesidad de emplear un lenguaje sibilino rico en neologismos creados por el autor, va­liéndose de raíces latinas, griegas, espa­ñolas, celtas o provenzales. La obra se presenta como la yuxtaposición de ex­presiones herméticas para no condicio­narnos en nuestro quehacer diario ante la perspectiva del futuro.

Nostradamus subraya la necesidad de tal hermetismo en una carta dirigida al rey de Francia Enrique II: «para con­servar el secreto de estos aconteci­mientos, conviene emplear frases y pa­labras enigmáticas en sí mismas, aun­que cada una responda a un significado concreto».

En otro escrito suyo, después de precisar que las revelaciones conteni­das en sus profecías le fueron comuni­cadas «en el curso de continuas vigilias nocturnos», insiste sobre el origen cós­mico y divino de sus visiones, «visiones que Dios me ha dado a conocer a tra­vés de una revolución cósmica».

Nostradamus se funda en uno de los postulados principales de la antigua doctrina astrológica, según la cual, to­dos los acontecimientos y fenómenos terrestres y, por tanto, la historia de la humanidad, están en relación con los movimientos cíclicos de los astros: «todo está regido y gobernado por el inestimable poder de Dios que se ma­nifiesta no en medio de furores báqui­cos, sino en las relaciones astrológicas».

Ante todo queremos dejar constan­cia de que no aceptaremos la tesis sim­plista sobre la obra de Nostradamus, que dice que solo se trata de aconteci­mientos fácilmente previsibles en el contexto histórico de Francia, pues guerras, conflictos y cataclismos se re­piten en la historia de cualquier na­ción. Nostradamus, vidente del si­glo XVI, predijo hechos muy precisos, como será fácil comprobar más ade­lante, por ejemplo, la trágica muerte del rey Enrique II; la desatinada huida de Luis XVI a Varennes, origen de la gran tragedia del rey; y el nacimiento de Napoleón I (cfr. respectivamente Centurias I, 35; IX, 20; I, 60). Con idéntica precisión, supo describir im­portantes acontecimientos que forman parte de nuestra historia actual: pre­dicciones de hechos que muchos de entre nosotros han visto realizarse des­de el comienzo del presente siglo y que no pueden ser desmentidos o ser con­siderados fruto de la simple imagina­ción.

Nostradamus, este gran explorador de lo ignoto humano ¿merece o no ser contado entre los grandes sabios que desde los profetas bíblicos hasta nues­tros días han escrito, con letras de fuego, la historia de los hombres?

La respuesta a tal interrogante po­drá darla cada uno de nosotros después de haber leído con suma atención sus profecías. Incluso el más escéptico de los lectores tendrá que admitir que el singular documento literario que Nos­tradamus nos legó abre un abismo de hipótesis como ningún otro libro lo hiciera en el curso de los siglos.

No es intención de este libro hacer un estudio pormenorizado de las pro­fecías de Nostradamus sino dar una vi­sión global del método de interpreta­ción de las Centuries para ofrecer al lec­tor la posibilidad de interpretar, por sí mismo, los hechos futuros que predijo tan ilustre vidente.

 

 

NOSTRADAMUS

ERUDICIÓN Y VIDENCIA

 

Su vida según Jean Aimes

de Chavigny de Beaune

 

Michel de Nostradamus, el vidente más renombrado y famoso de cuantos han sabido interpretar los astros, nació en Saint‑Rémy‑de‑Provence, sur de Francia, el año de gracia de 1503, un jueves 14 de diciembre, hacia el medio­día. Su padre fue Jaime de Nostre­dame, notario de aquel lugar; su madre fue Renée de Saint‑Rémy, sus abuelos paternos y maternos eran profundos conocedores de las ciencias matemáti­cas y de la medicina. Como médicos habían vivido el uno en la Corte de René que, además de Conde de Pro­venza, era Rey de Jerusalén y de Sicilia; y el otro, en la Corte de Juan, Duque de Calabria a hijo del antedicho René.

Es necesario demostrar la inexacti­tud de ciertas versiones sobre los orí­genes del gran vidente, formuladas por envidiosos de su celebridad o por quie­nes desconocen la realidad.

La familia de Nostradamus, según algunos, era de origen judío, de la tribu de Isacar, convertidos al cristia­nismo. Y de ahí que atestigüe nuestro autor haber recibido directamente de sus abuelos el conocimiento de las cien­cias matemáticas; y en el prólogo de sus Centurias él mismo afirma que ellos le transmitieron el don de prede­cir el futuro.

Después de la muerte de su bisa­buelo materno, que le había infundido, casi como juego, el gusto por las cien­cias de los astros, Nostradamus fue en­viado a Aviñón para cursar letras y formarse en humanidades.

Desde Aviñón el joven estudiante pasó a Montpellier, donde frecuentó la célebre universidad estudiando en sus aulas medicina, hasta que una grave pestilencia, declarada en las regiones de Narbona, Tolosa y Burdeos, le dio ocasión de poner al servicio de los apestados el fruto de cuanto había aprendido durante sus estudios. Tenía entonces 22 años.

Después de haber ejercido la medi­cina durante cuatro años en aquellas regiones, le pareció oportuno volver a Montpellier para conseguir el título de doctor, que obtuvo al poco tiempo con la admiración y el aplauso de todos.

Pasando por Tolosa, llegó a Agen, ciu­dad situada a orillas del Garona, donde Julio César Scaliger le retuvo junto a sí. Era este hombre un personaje muy erudito y un verdadero mecenas. Nos­tradamus tuvo con él una extraordina­ria amistad que más tarde se tornó en oposición,  discordia y divergencia, como suele suceder entre hombres sa­bios, según atestiguan muchos escritos.

En ese período se casó con una jo­ven de la alta sociedad, de la que tuvo dos hijos, un niño y una niña. Murie­ron los tres y Nostradamus tomó la decisión de instalarse definitivamente en Provenza, su tierra natal.

De vuelta a Marsella, se instaló en Aix‑en‑Provence, parlamento de la re­gión, donde ejerció durante tres años un cargo público ciudadano. Fue en­tonces, en 1546, cuando la peste azotó terriblemente aquella zona, según des­cribe el señor de Launay en su Teatro del mundo sirviéndose de los relatos que le fueron hechos por el propio vi­dente. Estos hechos han sido confir­mados por la investigación histórica de aquella época.

Desde Aix‑en‑Provence llegó a Salon­de‑Crau, pequeña ciudad que dista de Aix una jornada de camino hasta Avi­ñón y media jornada hasta Marsella. Contrajo segundas nupcias; y fue aquí, en este lugar, donde, previendo los grandes cambios y las trágicas convul­siones que perturbaron luego y revol­vieron a toda Europa, las sangrientas luchas civiles y los desgraciados acon­tecimientos que iban a precipitarse so­bre Francia, comenzó, lleno de una exaltada inspiración a invadido de un frenesí irresistible, la redacción de las Centurias.

Centurias y presagios que él guardó por mucho tiempo en secreto, cre­yendo que la naturaleza insólita del ar­gumento le acarrearía calumnias, envi­dias y ataques muy ofensivos, tal como luego sucedió.

Vencido, al fin, por el deseo de que los hombres sacasen algún provecho de sus predicciones, las dio conocer. El rumor que suscitaron inmediatamente fue grande y corrió su fama de boca en boca, no sólo entre nosotros, sino tam­bién entre los extranjeros que sintie­ron por el vidente y por su obra una extraordinaria admiración. Esta fama impresionó tanto al poderoso Enri­que II, Rey de Francia, que éste, en el año de gracia de 1556, mandó llamar al vidente a la Corte. Después de que re­velara un cierto número de aconteci­mientos importantes que habían de suceder, recibió numerosos presentes y se volvió a su Provenza natal. Algunos años más tarde, concretamente en 1564, visitando Carlos IX las provincias y ha­biendo concedido la paz a las ciudades que contra él se habían rebelado, vino a Salon y no quiso dejar de visitar al profeta e insigne héroe, mostrándose para con él tan generoso, que lo honró con el cargo de consejero y le nombró médico suyo en la Corte.

Resultaría una tarea excesivamente prolija escribir todo cuanto él predijo, ya en general, ya en particular, y sería superfluo dar el nombre de todos los grandes señores, de los insignes sabios y otros muchos que vinieron de toda la región y de toda Francia para consul­tarle como oráculo. Lo que San Jeró­nimo decía de Tito Livio yo puedo decirlo del gran vidente: cuantos ve­nían a Francia desde fuera no se pro­ponían otro objetivo que ir a visitarle.

Cuando vino a verle Carlos IX, Nos­tradamus, que había sobrepasado los 60 años, estaba muy envejecido y se ha­llaba gravemente debilitado por las do­lencias que le atormentaban desde ha­cía mucho tiempo, especialmente una artritis y la gota minaban constante­mente su salud. Murió el día 2 de julio del año 1566, poco antes de salir el sol, después de una crisis que le duró ocho días y que le causó un acceso de hidro­pesía consecutivo a un ataque agudo de artritis.

Conoció anticipadamente el día de su tránsito y la hora exacta pues él había escrito, de su puño y letra, en las Efemérides de Jean Stadius, estas palabras en latín: Hic prope morn est, es decir: «Mi muerte está próxima».

Sobre su sepulcro se esculpieron las palabras de un epitafio, compuesto a imitación del de Tito Livio, historia­dor romano; epitafio que hoy puede todavía verse en la Iglesia de los Cor­deleros de Salon, en la que, con gran­des honores, fue enterrado el cuerpo de Nostradamus. La inscripción está en latín; traducida dice lo siguiente:

«Aquí descansan los restos mortales del ilustrísimo Michel de Nostrada­mus, el único hombre digno, a juicio de todos los mortales, de escribir con pluma casi divina, bajo la influencia de los astros, el futuro del mundo.»

Murió en Salon‑de‑Crau, en Pro­venza, el 2 de julio del año de gracia de 1566, a la edad de sesenta y dos años, seis meses y diecisiete días.

 

Fulgurante carrera de médico

 

La familia Nostradamus, estaba firme­mente vinculada a Provenza y sus des­cendientes, en vez de circuncidarse, como judíos, habían sido bautizados, lo cual les había permitido adquirir bas­tantes derechos; sus hijos, por tanto, habían podido dejar las modestas ocu­paciones anejas a la artesanía y a la práctica del pequeño comercio y dedi­carse por completo al cultivo de las artes liberales. En la familia Nostrada­mus la medicina constituía una tradición que se transmitía ininterrumpidamente de padres a hijos: el padre de Jaime, Pierre de Nostredame, había sido médico en Arlés, y sólo la envidia de los drogueros y boticarios de aque­lla ciudad le había obligado a buscar refugio y ayuda fuera de ella, entre los poderosos. Aquellos, efectiva­mente, no habían podido tolerar que Pierre curase a sus propios pacientes con remedios y medicamentos que él mismo preparaba; y no dudaron, por consiguiente, en denunciarle como fal­sificador y contraveniente de su oficio. Destituido de sus funciones de médico ciudadano, Pierre entro primero al ser­vicio del Duque de Calabria, y luego del rey René d’Anjou, que más tarde le nombró médico personal suyo. El ve­nerable y ya anciano sabio, versado en la ciencia de Esculapio y en aquella otra que deduce de los astros la inter­pretación de los sucesos del mundo, gozó siempre de la máxima confianza del Rey. Fue natural que, cuando el joven Michel tuvo la edad suficiente para escoger su futura profesión, se in­clinase por el estudio de la medicina.

En aquel entonces, para quien vivía en Provenza, Aviñón representaba la ciudad or excelencia, era como la me­ca donde convergían, de todos los rin­cones de la provincia, cuantos aspira­ban a ser alguien, o cuantos deseaban evadirse de la dura brega del campo y hallar en la gran ciudad las comodida­des de la vida fácil. Majestuosamente ceñida por sus altas y torneadas mura­llas, con el Ródano que las acariciaba dulcemente deslizándose bajo sus mag­níficos puentes, Aviñón era una ciudad donde alternaban palacios suntuosos y callejones de mal olor, señoriales calles por donde paseaban elegantes carrozas y pobres tuguriones en los que se hacinaba una humanidad sin rostro.

A quienes procedían de una tran­quila ciudad provinciana les parecía muy atractivo poder mezclarse con la inmensa muchedumbre que llenaba ca­lles y plazas hasta estrujarse; en cuanto a diversiones y tentaciones, habían pro­liferado desde el momento en que un nutrido grupo de aventureros y ham­pones se habían aposentado como en su propia casa, dentro por el libertinaje que reinaba en sus muros.

Nostradamus llegó, pues, a Aviñón y empezó sus estudios con seriedad y tenacidad. El estudio constituía para él una verdadera vocación y aun cuando su edad, porque era todavía muy joven, lo hiciese vulnerable a las seducciones de una vida desordenada y licenciosa, demostró desde el principio una clara tendencia y un verdadero amor a cuan­to era introspección y búsqueda de la verdad, ajeno a cualquier tipo de ambi­ción personal.

En la ciudad de los Papas, el joven Michel alternaba su tiempo ocupado en dos actividades principales: los de­beres escolásticos y la observación del firmamento estrellado que, desde siem­pre, había ejercido en él una extraordi­naria fascinación. La matemática, la astronomía y la astrología le eran ma­terias muy conocidas, hasta tal punto familiares que podía discutir con pro­fundo conocimiento y perfecta compe­tencia ante cualquier auditorio, que siempre quedaba cautivado.

A este primer período de estudio en Aviñón siguió el segundo en Montpe­llier, a donde se trasladó Michel para seguir en su universidad los cursos de medicina.

En el siglo XVI, Montpellier gozaba de extraordinario renombre gracias a su facultad de medicina, conocida den­tro y fuera de los confines de Francia: era lógico, pues, que Nostradamus frecuentase aquella universidad y prolon­gase allí su estancia hasta conseguir su doctorado.

Para ello necesitó tres años que apro­vechó con extraordinaria aplicación; durante los cuales se hizo dueño y señor de los secretos del cuerpo hu­mano, como más tarde se hizo conoce­dor de los del espíritu.

La Naturaleza ejercía sobre él autén­tica fascinación; y así no se conformó con ser médico, sino que decidió pro­fundizar sus propios conocimientos en el campo de la herboristería y de los remedios que de las hierbas y de las plantas pudieran obtenerse.

Empezó entonces a recorrer todo el país de comarca en comarca para estu­diar su flora, deteniéndose, cuando le parecía poder sacar de ello algún pro­vecho, con quienes podían informarle sobre recetas y pociones. No olvide­mos sobre el particular que, en aquel tiempo, mediana y herboristería iban de consuno y representaban el único remedio del que disponían entonces los hombres para oponerse a los trai­dores ataques de la enfermedad que se manifestaba de mil modos distintos.

En la Edad Media y durante el Re­nacimiento, Europa fue devastada en varias ocasiones por la este: «la bestia selvática», como la definió el médico Galeno. En el correr de cuatro siglos desencadenó unos treinta y dos ata­ques contra nuestro continente, entre los que se cuenta el tristemente fa­moso de la «peste negra», que duró dieciséis largos años (1334‑1350) y que exterminó 25 millones de europeos, es decir, una cuarta parte de la población total del continente.

Lo mismo que los demás doctores, también actuaba Nostradamus entre la enfurecida peste; pero, a diferencia de sus colegas, prestaba eficacísima ayuda a los desventurados que se debatían entre las garras del terrible morbo. Había en nuestro doctor un algo de taumatúrgico que hacía que, a su paso, se obrase el prodigio de la salud. Él mismo nos ha dejado escritas unas pa­labras relativas al modo como curaba el mal, en un tratado suyo titulado Exce­lente y óptimo opúsculo, necesario para quie­nes deseen conocer varias eficaces recetas.

No es posible hoy, a tantos años de distancia, saber si su medicamento pro­dujo efectos tan maravillosos como para considerar a Nostradamus vence­dor del terrible azote; pero sí es cierto e incontestable este hecho: Nostrada­mus tuvo fama de excelente médico, no sólo por la extraordinaria erudición de su ciencia, sino también por el espí­ritu misionero con que la ejercía. Los africanos, que durante tantos lustros acudieron a Lambaréné, donde el gran doctor blanco Albert Schweitzer Obra­ba tan admirables portentos de cura­ciones físicas y de amor, estarían tal vez en mejores condiciones que noso­tros mismos para entender el gran pro­digio realizado por el vidente. Sus com­patriotas supieron mostrarle su grati­tud, bien merecida por cierto: a su paso, la gente se echaba a sus pies y bendecía su nombre; y esta fama de bienhechor y de salvador le precedía y le acompañaba por toda la Probenza. Cuando terminó la terrible plaga, can­sada ya de segar miles y miles de vidas humanas, Nostradamus fue honrado con el público reconocimiento y col­mado de honores por quienes, gracias al insigne doctor, se habían salvado.

Pero ni el oro, ni las riquezas, ni la fama podían hacer mella en su ánimo totalmente entregado a la búsqueda de la verdad y a la investigación del miste­rioso arcano de la vida. Transcurrido, pues, algún tiempo, volvió a su retiro, estableciéndose entonces en la ciudad de Aix.

Allí reanudó su labor de médico y, al mismo tiempo, volvió a ocuparse de la herboristería, de la cosmética y de los bálsamos, a preparar jarabes y confitu­ras, esencias y extractos que le asegura­ron la imperecedera gratitud de cuan­tos los utilizaron. La vida se deslizaba tranquila y serenamente y un buen día el doctor Nostradamus tomó por es­posa a una joven doncella. Su casa pudo regocijarse pronto con el naci­miento de dos hijos que vinieron al mundo, uno tras otro en el espacio de pocos meses. Entonces el fuego de la presciencia, el anhelo de escudriñar los secretos de la vida y de la muerte pare­cían en él decisivamente adormecidos. Las enseñanzas que desde su más tierna infancia le habían transmitido los an­cianos de su familia, su capacidad de escrutar el firmamento estelar, con aquella agudísima vista de quien sabe interpretar el camino de los astros y prever, por su curso, los futuros acon­tecimientos del mundo, parecían en aquel entonces momentos lejanos de otra persona.

Una respetabilísima profesión, un vivo amor por el prójimo, una familia que completaba su existencia, parecían un baluarte suficientemente sólido pa­ra impedir a su «yo» que reanudase la ruts de las estrellas. Pero nada puede detener ciertas predestinaciones que marcan al hombre. Oponerse al des­tino es imposible, porque equivaldría a torcer el curso de los astros o a detener la impetuosa corriente de los ríos.

Así le ocurrió a Nostradamus que, sin darse cuenta de ello y sin proponér­selo, se vio empujado por los aconteci­mientos a reanudar el camino de las predicciones. De pronto, su vida sufrió un cambio sustancial: la muerte llamó a su puerta y le arrebató de golpe a toda su familia, que tan afectuosa­mente le rodeaba. Cómo y por qué ocurrió esta grave desgracia, nadie ha podido hasta ahora averiguarlo. Pero sabemos que la vida de Nostradamus dio un vuelco definitivo y éste se en­tregó, desde entonces, a una actividad completamente distinta.

Dejó la ciudad de Aix, que desper­taba en su ánimo recuerdos demasiado dolorosos, y se estableció en Salon, alojándose en una casa construida en una plaza tranquila. Aunque seguía ejer­ciendo su profesión de médico, pasaba mucho tiempo en una especie de ex­traña contemplación que a veces pro­vocaba ciertas dudas sobre sus faculta­des mentales. Si no hubiera sido por la fama de excelente médico que le au­reolaba, sus ciudadanos habrían creído que sus potencias y facultades, tan ex­traordinariamente desarrolladas en él, habían disminuido peligrosamente e, incluso, que se habían alterado. Pero, por el contrario, su reputación de as­trólogo y de vidente empezó a crecer de día en día y le situaba en un plano muy diverso ante la gente que tenía contacto con él.

 

El mago de Salon

 

La vida del doctor Nostradamus trans­curría tranquila, libre de cualquier de­sorden. Día tras día visitaba a sus en­fermos y les ofrecía el consuelo de su taumatúrgica sabiduría que, al parecer, podía realizar cualquier clase de mila­gros. La gente de Salon se había acos­tumbrado a verle pasar por calles y plazas cubierto con su larga capa negra agitada por el viento.

Con la mayor estima y respeto, no dudaban en detenerle pare consultarle los más diversos problemas. Tal era realmente su fama que todos le tenían por un gran sabio en el más completo sentido de la palabra; y así cualquier asunto que se desease aclarar, cual­quier problema que preocupase, le era expuesto inmediatamente para escu­char sus sabios consejos. Él tenía la res­puesta más exacta y el remedio más apropiado para todos los males.

A partir del año 1555 Nostradamus empezó a escribir sus propios vatici­nios en forma de cuartetas; y puesto que cada libro contenía exactamente cien de estas breves combinaciones mé­tricas de cuatro versos, los llamó Cen­turias.

Tan extendido estaba en aquella épo­ca el arte de la magia que a nadie ate­morizaba la lectura del futuro. Pulu­laban por pueblos y ciudades un sinfín de hábiles vaticinadores de la suerte que hallaban, con suma facilidad, un público dispuesto a escucharles y que Ies entregaba, como recompense, al­guna moneda de oro o de plata, con tal de que se les anunciase sucesos favora­bles y les tranquilizara ante las densas sombras del futuro.

El doctor Nostradamus no pertene­cía a esta abominable ralea de falseado­res charlatanes ni sacaba provecho al­guno de sus predicciones. La luz divina se encendía en él y penetraba en los misterios del futuro; no era, pues, fru­to de improvisadas charlatanerías.

Completamente solo, en el silencio de la noche, Nostradamus se acomo­daba en el sillón, rodeado de los ins­trumentos que utilizaba y de los textos en los que bebía su misteriosa ciencia astronómica.

Se extendía, ante sus penetrantes ojos, la bóveda celeste que él contem­plaba a través de la ventana: aquel fir­mamento estrellado tenía para él pocos secretos y en aquellos innumerables cuerpos celestes leía como en un in­menso libro abierto. Mas no siempre es agradable este privilegio porque ocu­rre, algunas veces, que aquello que está escrito en las misteriosas páginas de los astros no corresponde a los deseos y a los intereses de quienes tienen la llave para interpretar sus signos. De esta forma, Nostradamus leyó en la bóveda celeste un futuro doloroso para sí y para sus seres más queridos: la esposa y sus dos hijos serían pronto presas de la muerte y envueltos en las frías tinie­blas de la tumba.

Y cuando se cumplió puntualmente aquel trágico vaticinio, Nostradamus, impotente, se vio obligado a aceptar la decisión de un destino que se le había dado a conocer, pero en el que no podía intervenir para detenerlo.

Entonces su vida se vio bruscamente trastornada y el sabio tuvo que pagar un duro y penoso tributo a la notoria fama de su nombre. Las crónicas de su vida nos dicen que viajó durante mu­cho tiempo por lejanos países.

En el año 1556, poco después de la primera edición de las siete primeras Centurias, Nostradamus se trasladó a Italia, y en Roma fue recibido por el Santo Padre. Durante este viaje se de­tuvo algún tiempo en Turín.

Después de sus viajes por el extran­jero Nostradamus se instaló de nuevo en Salon y reanudó su vida de siempre; sin embargo, su fama había crecido hasta tal punto que príncipes y reyes, ricos y poderosos, acudían a él para in­terrogarle sobre los acontecimientos futuros.

Transcurrieron los años y las profe­cías de Nostradamus se cumplieron con inexorable puntualidad: la conjura de Amboise, el levantamiento de Lyon y la muerte de Francisco I son otros acontecimientos vaticinados por el sa­bio vidente.

En el decurso de los años Nostrada­mus salió con menos frecuencia de Salon, ya que su quebrantada salud no le permitía fatigosos desplazamientos. Por esta razón, quienes deseaban con­sultarle sobre algún tema acudían a él, en Provenza.

El 17 de octubre de 1564, llegó a las puertas de la ciudad donde vivía el mago un lujoso cortejo; cuando los prohombres salieron para presentar su homenaje a los ilustres visitantes, les salió al encuentro el propio rey Car­los IX en persona, que venía a consul­tar al eminente doctor.

Nostradamus murió cristianamente tal como había vivido durante toda su vida.

 

HECHOS HISTÓRICOS PREDICHOS

Y REALIZADOS

 

En su obra profética, conocida por todo el mundo con el nombre de Cen­turias, Nostradamus quiso recoger los acontecimientos relacionados con el futuro de la Humanidad, desde los días en que él empezó a escribir hasta el fin de los tiempos.

Qué son las Centurias puede decirse en pocas palabras. Así como un libro está dividido en capítulos y un poema en cantos, de la misma manera las profecías del vidente de Salon están divi­didas en Centurias, cada una de las cuales contiene un número variable de cuartetas (originariamente habían de ser cien por Centuria) en las que se da siempre una rima, forzada algunas veces, y en las que, en la mayor parte de los casos, no puede decirse que haya un nexo lógico de tiempo y de lugar y, sobre todo, una claridad de interpreta­ción que las haga fácilmente inteligi­bles y nos dé a conocer exactamente el tiempo en que se realizarán los aconte­cimientos vaticinados.

Se dice hoy que son doce las Centu­rias, pero sólo las diez primeras son, sin lugar a dudas, de Nostradamus. La primera edición de estas diez Centurias vio la luz en 1555, por obra de un edi­tor de Lyon.

Después, las sucesivas ediciones que han aparecido en diversas épocas han presentado, añadidas a las diez Centu­rias, un cierto número de nuevas cuar­tetas proféticas y, concretamente, cua­tro cuartetas añadidas a la Centuria VII, seis a la Centuria VIII y una a la Cen­turia X. Sólo dos cuartetas han for­mado la Centuria XI y once la Centu­ria XII.

No se sabe con certeza cuál es el ori­gen de estas cuartetas, posteriormente insertas en la obra profética del mago de Salon.

En esta cuestión, sólo podemos aven­turar hipótesis. Así, algunos investiga­dores afirman que, al morir Nostradamus, se hallaron entre sus papeles un cierto número de profecías, escritas ciertamente por él y que, por tanto, podrán añadirse a las suyas propias. Otros, por el contrario, las han atri­buido a quienes nada tenían que ver con el vidente y las consideran, por consiguiente, apócrifas.

Pero volvamos a los versos con los que comienza el fascinante y cautiva­dor misterio de las predicciones.

La imagen por ellos evocada es alta­mente sugestiva, y resulta fácil recons­truir, a través de las palabras empleadas por el profeta, la atmósfera tan sepa­rada del mundo en la que nuestro mago ejercía su facultad adivinatoria.

En el tranquilo refugio de su mo­rada, donde se agolpaban durante el día ilustres o modestos visitantes que acudían para consultar a Nostradamus en su doble calidad de médico y de profeta, solía él encerrarse a altas horas de la noche en su propio estudio.

Según hemos podido averiguar, era una pieza amplia y separada de las demás estancias de la casa, que le servía tanto de retiro como de laboratorio. El sabio guardaba aquí, con preciado cui­dado, libros y manuscritos valiosos y curiosos objetos relacionados con sus exploraciones astrológicas, plantas y hierbas útiles para su labor de médico: retortas, alambiques, vasos de cristal en los que destilaba preparados a infu­siones destinados a sanar el cuerpo y a darle, independientemente de la edad, la fuerza y el vigor; astrolabios y espe­jos mágicos que el sabio utilizaba para explorar el porvenir, habitualmente impenetrable para el común de los mortales. Preciosos talismanes, meda­llas, sellos y sagrados amuletos consti­tuían para él otros tantos instrumentos de poder sobre la misteriosa fuerza de lo ultrasensible.

En las claras noches estrelladas en las que el firmamento de los astros parecía un inmenso y maravilloso libro abierto de par en par ante los hombres, mientras el silencio envolvía misterio­samente todo ‑cosas y personas‑, Nostradamus se acomodaba en un asiento de cobre (o de bronce) y, des­pués de haber cumplido los ritos sagra­dos que exigían el use de una banqueta mágica (la varilla que el vidente men­ciona en la cuarteta) y algunas ceremo­nias de purificación, veía materializarse ante sus ojos, y bajo la forma de una exigua llamita, la evocación ilumina­dora, gracias a la cual el Señor Dios suscitaba en él la visión profética de los acontecimientos.

La minúscula llama danzaba en la os­curidad y brillaba con el resplandor del agua lustral, recogida en un barreño de cobre.

El reverbero de la llama atenazaba los ojos del profeta y su mente caía en un estado de trance por el que no sólo descubría, en el fondo del futuro, un sinfín de hechos y de sucesos lejanos, sino que percibía asimismo sonidos y voces como si fuesen verdaderamente reales, hasta tal punto que los persona­jes, protagonistas de los eventos que él preveía, se agitaban vivos ante él y pa­recían no tener secretos para el gran vidente.

Y la voz de Dios, percibida por él con claridad, pero que parecía salir de los amplios pliegues de su manto, le ilustraba los hechos que desfilaban ante sus ojos y a los que él mismo, como invitado de honor, asistía, inva­dido siempre de un cierto reverencial respeto y de un santo y tranquilo temor.

Como sentía un irreprimible deseo de legar a los demás un recuerdo pe­renne de lo que él había conocido sobre el futuro, Nostradamus tomó nota de todo «modelando el borde y el pie de lo que no se cree en vano», o dicho en otras palabras: encerrando en los versos de sus proféticas cuartetas, lo que su mente había descubierto es­cudriñando en el porvenir.

Las exiguas tirillas de papel en las que Nostradamus escribía sus herméti­cos versos rimados, se amontonaban junto a él y abrían simas de interrogan­tes para quienes, andando el tiempo, los examinarían con ojos puramente humanos.

Por desgracia para nosotros, muy pocas de las cuartetas que compuso el gran vidente poseen la relativa claridad de las dos primeras con las que co­mienza la obra; y de ahí la dificultad de la interpretación.

Fiel al convencimiento de que el porvenir no había de ser claramente desvelado a la mayoría de los hombres y temeroso de que los tesoros de su profecía fuesen despreciados y concul­cados, como perlas echadas a los puer­cos, por quienes los tomasen en sus manos, Nostradamus compuso una obra asequible sólo a un corto número de iniciados.

Todo lo que de extraordinario y portentoso realizaba Nostradamus en los cuerpos y en las almas de cuantos a él acudían, porque le consideraban un eminente sabio y un gran profeta, lo atribuían sus envidiosos y denigrantes adversarios a Satanás y a inspiraciones diabólicas; sus propios admiradores sentían un cierto temor reverencial ante sus prodigiosas facultades. Que Nostradamus era un hombre recto, honrado y apreciado y de extraordina­ria caridad, nadie lo ponía en duda; pero de dónde le provenía aquel nota­ble poder que le distinguía de cual­quier otro ser humano, nadie, rico o pobre, sabio o ignorante, había atinado a descifrarlo.

Según hemos podido observar, Nos­tradamus nunca dejó de ser hombre de su tiempo y, por consiguiente, sabía muy bien que los severos censores mi­nistros de la Inquisición habrían po­dido averiguar fácilmente sus actos e interpretarlos maliciosamente en caso de que los rumores y las veladas insi­nuaciones hubiesen sido graves a insis­tentes o hubiesen hallado en sus escritos siquiera la más leve sospecha o prueba de algo que consideraban punible.

Existían, además, otros motivos de justificación de su siempre extremada prudencia: el primero y principal era el de aparecer profeta de terribles des­venturas. El hecho de predecir los su­cesos más trágicos de historia de la Humanidad con palabras fácilmente comprensibles habría levantado contra él toda la opinión popular y se hubiese visto condenado al extrañamiento, a la cárcel o a la muerte. Los profetas de desventuras, según nos enseña la His­toria, nunca han sido bien recibidos; y se sabe que la gente prefiere precipi­tarse en el abismo, desconociendo a ig­norando lo que les va a suceder, antes que conocer la desgracia que les es­pera. Nostradamus sabía muy bien todo esto y así prefirió ocultar sus profecías a la gran masa de los hombres, deján­dolas voluntariamente enigmáticas y nebulosas y confiando sólo en un redu­cido número de iniciados capaces de comprenderlas y, llegado el caso, de explicarlas.

Esto explica el lenguaje hermético y oscuro al tratar del porvenir de Fran­cia, su querida Francia, y que no fuera tan impenetrable al hablar de otros pueblos y naciones.

Para conseguir el oportuno grado de misterio, el escritor‑profeta redactó sus cuartetas no sólo en francés arcaico para aquella época, sino que también lo mezcló con palabras alemanas, españo­las, italianas, provenzales, y neologis­mos que tomaba de raíces griegas y latinas, o anagramando los nombres más conocidos de aquella época.

Así, Francia se transforma a veces en sus versos en Nercaf o Cerfan, París en Rapis o Sipar; Henric se presenta con la grafía Chydren; Mazarin se cambia en Nizaram y Lorrains toma la forma de Norlais. Con la grafía «Phi» indica el nombre de Felipe; Estrage se convierte en Estrange, es decir extranjera, y de­signa con este nombre a la reina María Antonieta, esposa de Luis XVI, aun­que él transforma la palabra en Er­gaste.

El estudio comparativo y atento de las muchas ediciones de las Centurias, permite asegurar que algunas grafías de palabras, consideradas sucesiva­mente por los comentaristas como errores del autor o del editor que las publicó, son, en cambio, inexactitudes expresamente queridas por el autor para velar sus profecías.

Es razonable que después de hablar con tanto encarecimiento de Nostra­damus y de sus excepcionales dotes de vidente, sintamos curiosidad y tenga­mos un vivísimo deseo de poder «leer», a través de sus cuartetas, los eventos humanos que él predijo.

En diversas épocas, insignes investi­gadores y oscuros comentaristas han estudiado las Centurias, intentando es­clarecer por todos los medios a su al­cance el sentido arcano de las frases contenidas en aquellos versos. En mu­chos casos los resultados han sido satis­factorios; en otros, por el contrario, si bien costosos y estimables, a nada es­clarecedor han conducido y las frases han conservado su secreto intacto; sólo desaparecerá el enigma cuando un acon­tecimiento histórico ofrezca a los estu­diosos la clave que muestre su , meca­nismo.

De entre sus profecías, la primera que maravilló extraordinariamente a sus contemporáneos fue la que hizo Nostradamus refiriéndose a su propia muerte. La vida terrenal del gran pro­feta se extinguió en Salon, el día 2 de julio de 1566, un poco antes de la au­rora, como consecuencia de un ataque de artritis y gota que había degenerado en hidropesía.

Pero la profecía que le valió, por sí sola, fama y notoriedad mientras aún vivía, fue la que consta en las Centurias y se refiere a Enrique II, Rey de Fran­cia y esposo de Catalina de Médicis, en la cuarteta treinta y cinco de la Cen­turia I.

Esta cuarteta consigue dar, con vi­veza excepcional y concisión admira­ble, todos los detalles de la muerte del Rey; no es de maravillar, pues, el asom­bro que suscitó al aparecer pública­mente este vaticinio.

A simple vista podría parecer in­cluso absurda, ya que un rey nunca se batía en duelo; no obstante dio mucho que pensar a cuantos estaban junto a Enrique. Los hechos ocurrieron de esta manera:

En junio de 1559 Enrique II se ha­llaba en París; se acababa de firmar el Tratado de Chateau‑Cambrésis que po­nía fin a las discordias entre España y Francia. Por él el soberano francés re­nunciaba a sus miras sobre Italia y res­tituía las tierras del Duque de Saboya, a quien había concedido, además de consolidar su situación política fuera de sus fronteras, la mano de su her­mana Margarita. Y a Felipe II, viudo de María Tudor, habíale prometido por esposa a su jovencísima hija Isabel.

La Corte francesa festejaba aquellos esponsales y se había organizado, en aquella ocasión, un brillante torneo en la plaza que se extendía ante el palacio real, en aquel entonces palacio de los Torrejones (Tournelles).

El 30 de junio el Rey bajó al campo vestido con una magnífica armadura, con el propósito de batirse en combate individual a caballo contra tres adver­sarios por lo menos.

El primer caballero con quien com­pitió el Rey fue Manuel Filiberto de Saboya; el segundo, el Duque de Guisa, y el tercero era Gabriel Montgo­mery, joven a impetuoso combatiente, comandante de la guardia del Rey. Uno tras otro, los asaltos se desarrollaron normalmente y las tres lanzas que el Rey había recibido terminaron rotas en el polvo. Un sentimiento de alivio pa­reció llenar el corazón de la multitud que había acudido a la plaza para pre­senciar el combate, y los íntimos del Rey se dijeron que el peligro estaba ya superado. Se relajó con ello la tensión, pero Enrique, no satisfecho con su tri­ple victoria, no se alejaba del circo, dando a entender con sus gestos que deseaba repetir el asalto con el último de sus adversarios, el Conde de Montgomery, que antes había inferido al Rey un golpe tan fiero que faltó poco para derribarle.

De nuevo en el campo, los caballe­ros se colocaron uno enfrente del otro, preparados para una nueva lucha, en medio de un profundo silencio, roto solamente por el furioso galopar de los cabellos. Calada la visera de la arma­dura y dirigida la lanza contra el adver­sario, cargaron impetuosamente el uno contra el otro. En un abrir y cerrar de ojos se cruzaron las lanzas y la del joven Montgomery, partida en peda­zos por el certero golpe del Rey, voló, otra vez, por los aires hasta el polvo­riento suelo.

Nada trágico había ocurrido y de momento se pudo pensar que era falsa la negra profecía, desmentida por la realidad. Sólo faltaba un detalle, un in­significante detalle: cumplir la regla que ordenaba que los dos caballeros, echadas las armas, volviesen al punto de partida. Pero Montgomery, desar­mado, no dejó la esquirla o pedazo que sostenía aún en su mano, sino que, al contrario, lo cogió con más fuerza y, al pasar junto al Soberano, con aquel tronco muñonero fue a chocar contra la visera del Rey ‑la jaula de oro de la que había hablado Nostradamus‑, la levantó en parte y, habiendo hallado expedito el camino, fue a clavarse en el ojo saliendo trágicamente por el oído.

Enrique permaneció inconsciente durante cuatro días, y al cabo de once murió en medio de terribles dolores.

La profecía de Nostradamus se ha­bía cumplido punto por punto y el propio Rey moribundo la recordó, aña­diendo que nadie podía hurtarse a su propio destino.

Tras la muerte de su esposo, Cata­lina de Médicis vio realizada la segunda profecía que Nostradamus le había he­cho, cuando su hijo Francisco II ciñó la corona de Rey de Francia.

El mago de Salon más de una vez había escrutado los abismos de las es­trellas para sondear el destino de los hijos de Catalina y responder a los in­sistentes ruegos de la ambiciosa Reina.

Por lo que cuentan las crónicas de aquella época, la profecía que él hizo a propósito del destino de los príncipes fue una de las más famosas sesiones mágicas que recuerda la historia.

A altas horas de la noche, en el salón hexagonal de la torre del castillo de Chaumont, el mago de Salon invocó la presencia del Angel de la Muerte.

Acudió puntualmente el fatal perso­naje y rompió con su presencia los halos o círculos que sucesivamente, por orden de edad, hicieron durante la célebre sesión las sombras de los hijos de Catalina, ataviados con las insignias reales.

Cada halo correspondía a un año de reinado y la marcha espectral se inte­rrumpía en la fecha fijada por Anael, el Ángel de la Muerte.

El mago respondió a la Soberana (que le pedía cuentas de lo que él veía) que los votos y deseos de ella serían absolutamente cumplidos, porque to­dos sus hijos ‑sus tres hijos‑ ocupa­rían el trono de Francia.

Lo que él se calló fue este detalle: que los tres hermanos se sucederían en el trono en un pequeño espacio de tiempo, relativamente breve, y ello por­que una temprana muerte los arrebata­ría en la flor de su edad, uno tras otro, como así sucedió.

Transcurrido sólo un año de rei­nado, Francisco Il murió después de una breve dolencia, tal como había va­ticinado el vidente en una de sus cuar­tetas. La Corte experimentó un nuevo estremecimiento de horror y se difun­dió el pánico entre los dignatarios que veían en el gran amigo de la Soberana un infalible vaticinador de desventuras.

Carlos IX sucedió a su hermano Francisco en el trono de Francia; era aún un niño y su madre fue regente hasta la mayoría de edad del Rey; pero habiendo muerto también el segundo hijo de Catalina, tal vez de remordi­miento por no haber sabido oponerse a la terrible matanza de la noche de San Bartolomé, ocupó el trono su hermano Enrique III, que volvió a la patria desde las lejanas tierras de Polonia, donde había aceptado ceñir la corona de Segismundo.

Pero murió también este Rey, asesi­nado por un fanático, Jaime Clement, y Nostradamus hizo también para él un presagio, el que está señalado con el número 58 y referido al año 1561, mientras que en realidad el regicidio tuvo lugar en 1589: «El rey‑rey no es ya (causa) la perniciosidad del Duce».

Y un comentarista del vidente des­taca que el doble substantivo em­pleado para Enrique III recuerda su doble corona, la de Polonia y la de Francia, y el nombre del Duce ha de entenderse como sinónimo del ape­llido del asesino Clement.

Desde la muerte de Nostradamus hasta nuestros días, la historia se ha encargado de registrar una serie de he­chos importantísimos para todos los países europeos. Si, por ejemplo, nos limitamos a las vicisitudes por las que ha pasado Francia, vemos que esta gran­de y poderosa nación, que desde hace muchos siglos ha cumplido la misión de guía, no sólo ha marcado con una impronta personalísima todos sus actos civiles, políticos o sociales, sino que con dos epopeyas trágicamente señeras ha cambiado, probablemente, el curso de la historia imprimiendo primero a Europa y después al mundo entero un giro que no dudaríamos en llamar «de­terminante». Nos referimos a la Revo­lución de 1789 y al advenimiento de Napoleón Bonaparte.

Por lo que concierne a la Revolu­ción Francesa, lo que de ella dice Nostradamus es bastante incompleto, si bien hay algunas cuartetas con claras referencias a la grave convulsión social, política y religiosa que en ella tuvo su origen. En pocos versos cita expresa­mente el nombre del lugar, Varennes, donde el Rey Luis XVI fue detenido cuando intentaba huir, disfrazado, para eludir la guardia revolucionaria que buscaba capturarlo. Es más, el vidente da, con ligerísimas variantes, el nom­bre de la persona que lo reconoció y denunció a los revolucionarios. Y nos parece que estos detalles no pueden atribuirse a puras y simples coinciden­cias (Centuria IX, cuarteta XX).

Probablemente la más grave dificul­tad que encuentra un observador para descifrar estos versos se debe esencial­mente a la complejidad del lenguaje utilizado por Nostradamus para des­cribir un acontecimiento que debía modificar profundamente el rostro de Francia y alterar, con tan graves reper­cusiones, el orden establecido en todo el mundo.

Hombre de su tiempo, adicto a la Corona y profundamente respetuoso para con la autoridad y la persona del Rey (recordemos que fue médico cor­tesano, consejero y astrólogo muy apre­ciado en la Corte de Francia), Nostra­damus no se atrevía a predecir clara­mente a la monarquía (que le distinguía con su benevolencia y que probablemente estaba dispuesta a protegerlo contra cualquier eventual acción con­tra él por el terrible Tribunal de la Inquisición), el trágico acontecimiento después del cual la Corona sería susti­tuda por la República y el propio Rey ignominiosamente guillotinado.

Cuando se refiere a Napoleón, por el contrario, Nostradamus es sorpren­dentemente claro y sumamente inteli­gente; de él predice el lugar del naci­miento, la duración y los principales hechos de su reinado a incluso la natu­raleza de su amor por María Luisa (Centuria I, cuarteta LX).

El vidente no habría podido hablar más claro. Ningún otro emperador nació cerca de Italia; Napoleón costó muy caro al Imperio erigido por él mismo para su prestigio personal y para su propia gloria, la hecatombe de muertos directa o indirectamente pro­vocada por el corso, justifica el título de «carnicero» que Nostradamus le da en sus cuartetas. Y es ésta, asimismo, la opinión de muchos.

Aunque separadas una de otra por un espacio bastante largo que ocupan otras cuartetas, las dos citadas están perfectamente encadenadas y se com­plementan entre sí de tal modo que no es posible desconocer el nexo que las une.

La decimotercera cuarteta de la Cen­turia VII que, con maravillosa preci­sión, dice exactamente el número de años que Napoleón detentó el poder.

También aquí es muy fácil interpre­tar los versos: la ciudad marítima y tri­butaria es, evidentemente, Ajaccio, lu­gar donde nació Napoleón Bonaparte. La ciudad se levanta junto al mar, en el golfo de su nombre, en la isla de Cór­cega; y podía ser considerada como tri­butaria del gobierno central francés porque recientemente había sido ad­quirida por la Corona y anexionada a Francia, más o menos cuando nació en ella el joven jefe.

La explicación no deja lugar a dudas; y de un cuidadoso examen de todas las palabras se desprende la absoluta cer­teza ‑sin temor a errar‑ de que se trata de la capital de Córcega.

Por lo que respecta al segundo ver­so, puede parecernos un tanto sibilino y enigmático, pero basta un momento de reflexión para descartar cualquier clase de duda. La testa rapada en Fran­cia, a principios del siglo pasado, fue un exclusivo atributo de Napoleón, que nunca quiso llevar peluca, a dife­rencia hasta aquel entonces de los per­sonajes reales, sistemáticamente repre­sentados por pintores y retratistas con largas melenas ensortijadas.

Este particular detalle podría causar alguna extrañeza a los hombres de hoy, pero en los días aquellos en los que Napoleón empezó a imponer su auto­ridad y su prestigio, causó un efecto extraordinario entre las tropas y entre la población que le estaba sujeta. Sus propios soldados se complacían en lla­marle familiarmente le petit tondu, lite­ralmente «el pequeño pelón». Esta frase despierta con suma facilidad en nuestra mente la característica figura de Na­poleón.

El tercer verso, por el contrario, es muy oscuro y sólo se pueden aventu­rar, para intentar explicarlo, algunas hipótesis, como aquella que dice que cuando accedió Bonaparte al poder es­taba aún muy fresco el recuerdo de los hombres del Directorio que habían aterrorizado a la Francia revoluciona­ria, comportándose como «sórdidos» exponentes de un poder dictatorial que hubo de someterse, de buen o mal talante, al Primer Cónsul.

Referente al último verso, hemos de decir que contiene, al menos, dos datos incontrovertibles: el número «catorce» y la palabra «tiranía». La cifra indica con claridad la duración del reino, o mejor del poder, que detentó Napoleón: desde el 9 de noviembre de 1799 al 23 de junio de 1815. Son exacta­mente 14 años, siete meses y catorce días, que se reducen a algo menos de catorce años, si restamos de ellos los once meses que Napoleón estuvo des­terrado en la isla de Elba. La palabra «tiranía» ha sido empleada por Nostra­damus para destacar el carácter del ré­gimen imperial instaurado por Napo­león, para quien los parlamentos y las asambeas no tenían absolutamente nin­gún valor.

¡Síntesis admirable de la vida de Na­poleón la que nos ofrece Nostradamus en sus cuartetas! Y no hay duda de que su vaticinio se cumplió en todos y en cada uno de los detalles.

 

 

UNA MINUCIOSA PANORÁMICA

DEL SIGLO XX

 

Guerra y paz

 

Desde que terminó la primera guerra mundial hasta que estalló la segunda, o sea, desde 1917‑18 hasta 1939, los principales acontecimientos que carac­terizan este período (período de tanta importancia para nosotros que puede aseverarse que vivimos todavía hoy sus consecuencas) fueron descritos por Nostradamus con absoluta precisión y, a menudo, con particularidades y deta­lles que excluyen cualquier posibilidad de error en la interpretación de cuanto nos legó el gran vidente.

Dice la cuarteta sesenta y tres de la I Centuria:

 

Los azotes pasados disminuido el mundo,

 

Largo tiempo la paz, tierras deshabitadas,

Hermana caminará por cielo, tierra, mar y onda,

Después de nuevo las guerras suscitadas.

 

Cuando los azotes de la primera guerra mundial terminen, el número de habitantes del mundo habrá dismi­nuido: tal es el significado del primer verso; y reparemos que el profeta habla de azotes en plural, por lo cual podemos pensar que se refiere no sólo a la guerra ue estalló en Europa, sino también a la revolución rusa y a la te­rrible y violenta epidemia que se de­claró en España y se extendió por otras naciones europeas, causando entre la población incontables víctimas. En cuanto a las tierras deshabitadas, no es preciso esforzarse demasiado para en­tender que son las tierras que con el paso de la guerra quedaron estériles y desoladas, como fueron, por ejemplo, muchas regiones de Franca, de Rusia y de Polonia, calcinadas por completo.

En este punto especifica Nostrada­mus que durante el período de paz que seguirá a tanta desventura, una «her­mana» irá por el cielo, tierra y onda.

A quién se refiere el apelativo «her­mana» consta claramente en otra cuar­teta, la cuarta de la IV Centuria:

 

El impotente Príncipe enojado, lamentos y querellas

De rapiñas y saqueos por galos y por líbicos:

Grande es por tierra, en mar infinitas velas.

Hermana Italia será echando a los célticos.

Se describe aquí, en una rápida vi­sión, el período de la historia italiana que va aproximadamente desde 1860 a 1870, y que culminó con la ocupación de Roma, que estaba defendida por los zuavos, franceses o libios. El impo­tente Príncipe es Francisco II de Bor­bón, el «Grande» por la tierra es Napo­león III y las infinitas velas son las flo­tas borbónicas, francesa a inglesa, como asimismo la italiana y la austríaca, que surcaron, durante aquellos años, el Me­diterráneo. «Hermana Italia» es, pues, la frase escogida para indicar que se trata de esta nación; y he aquí que por aquel entonces Italia irá por cielo, por mar, por tierra y sobre la onda, que en este caso es el éter, dominado por la prodigiosa invención de la radio.

Y luego, otra vez, las guerras que vendrán a turbar el equilibrio de Eu­ropa tan difícilmente conseguido y tan precariamente consolidado. Por otra parte, el Oriente de Europa habrá co­nocido, durante aquellos mismos años, una convulsión apocalíptica:

 

Al gran Imperio llegará otro muy distinto

Bondad distante más de felicidad:

Regido por uno salido no lejos de la plebe,

Corromper reinos gran infelicidad.

(CENTURIA VI, CUARTETA LXVII)

 

¿Qué otra nación fuera de Rusia es­taba entonces regida por la forma im­perial? Este gran imperio estará regi­do, pues, por un jefe bien distinto, ya por censo, ya por sangre, casi plebeyo que se comportará tan cruelmente como aquel a quien ha derribado y se seguirá de ahí una gran tragedia para todas aquellas naciones que, siguiendo las huellas de este gran imperio, se co­rromperán por la nueva doctrina.

Es extraordinariamente interesante proseguir el examen de las cuartetas que se refieren también a este aconte­cimiento:

 

Los dos malignos de Escorpión conjuntos,

El gran Señor asesinado dentro de la sala:

Peste a la Iglesia por el nuevo Rey agregado,

La Europa baja y la septentrional.

(CENTURIA I, CUARTETA LII)

 

Recordemos la historia: el 15 de marzo de 1917 abdicaba el Zar Nico­lás II y luego era detenido y deportado con toda su familia a Ekaterinenburg, en Siberia; allí fue asesinado el 16 de julio de 1918, en la sala del pabellón, corriendo también la misma suerte to­dos sus allegados.

Ahora bien, la cuarteta dice que el asesinato se cometerá bajo la enseña de los dos malignos unidos por Escor­pión, es decir, de Saturno y de Marte, cuyos símbolos son la hoz y el martillo, enlazados para formar la figura de Es­corpión que, a su vez, simboliza el error que emponzoña a los pueblos con doctrina y métodos insidiosos y fraudulentos.

La cuarteta añade, además, que esto acarreará igualmente a la Iglesia grave daño y en especial el nuevo cabecilla que cambiará la faz de Rusia; sus acóli­tos perseguirán a la religión en la Eu­ropa meridional y septentrional, como realmente ocurrió en todo el territorio ruso, en no pocos países situados al otro lado del telón de acero y, durante el tiempo de la guerra civil, en España.

El cuadro de la revolución rusa se completa con los versos de la cuarteta cincuenta y nueve de la III Centuria, que dice:

 

Bárbaro imperio por el tercero usurpado

La mayor parte de su sangre condenar a muerte,

Por muerte senil, por él, el cuarto atacado,

Por temor de que sangre por otra sangre sea muerta.

 

Si a primera vista parece algo con­fuso el sentido, es suficiente  detener­nos brevemente en cada una de las palabras para desentrañar su signifi­cado. El gran imperio, después de la usurpación del tercer estado, o sea, la burguesía, es llamado bárbaro, porque, efectivamente, a los dirigentes de la época zarista les sucedió una clase de baja y mediana burguesía que dio en seguida pruebas de crueldad y de bar­barie, llevando a cabo muchas san­grientas depuraciones en el seno de sus propios adeptos; por lo cual, transpo­niendo la frase, conseguiríamos una mayor coherencia de cuanto se dice. La interpretación podría ser ésta: el tercer estado condenará a muerte a una bue­na parte de los de su propia sangre; y a muchos de los del cuarto estado, es decir, obreros, campesinos y deshere­dados de la fortuna, serán por él perse­guidos y condenados mediante muerte senil (que es el hambre), indigencia y trabajos forzados, y ello por temor de que la sangre derramada se vuelva con­tra ellos y provoque otra sangre, o dicho con otras palabras más claras, para que no estalle una reacción y una abierta rebelión contra los jerifaltes que tanta sangre derramaron ya con el fin de reafirmar el nuevo régimen ruso.

Los principales acontecimientos de nuestro siglo son claramente mencio­nados en los versos del vidente. Veá­moslo:

La cuarteta cincuenta y cuatro de la Centuria dice con claridad que a la plaga de dos revoluciones seguirá la explosión nacional‑socialista de la Alemania hitleriana. Leemos a este propósito:

Dos revoluciones hechas por el malvado hocero,

De reino y siglos hace mutación,

El móvil signo en su lugar se insiere,

A los dos iguales y de inclinación.

 

Cuando el malvado hocero, es decir Saturno, que es símbolo de la perversi­dad y se identifica con la hoz, habrá lle­vado a cabo dos revoluciones, la france­sa y la rusa, cambiarán, como conse­cuencia, tiempos y naciones. Aparecerá entonces otro partido revolucionario cuyo símbolo será la señal movible (la cruz gamada) y, sustituyendo al co­munista, será semejante a él en sus ob­jetivos y en sus métodos: la opresión y la muerte para cuantos a él se opongan.

La cuarteta cuarenta y siete de la I Centuria se refiere a la Sociedad de las Naciones. Dice:

 

Del lago Leman los discursos enojarán

Los días serán reducidos a semanas,

Luego meses, luego años, luego todos desfallecerán,

Los Magistrados serán condenados por leyes vanas.

 

La cuarteta es un juicio nada hala­güeño y más bien severo de la labor llevada a cabo por los ministros reuni­dos en Ginebra, como representantes de las naciones del mundo: los discur­sos que se pronunciarán a orillas del lago Leman, dice, cansarán a todos y serán causa de desunión y de fastidio; los días serán como semanas, después como meses, como años; todos abandonarán la lucha y al final las propias leyes que, por falta de un espíritu su­perior, se convertirán en letra muerta, condenarán a los mismos magistrados que las elaboraron.

La cuarteta sexta de la V Centuria es una clara referencia a la proclamación de Víctor Manuel III como emperador:

Al Rey augur la mano imponer sobre el jefe,

Vendrá a rogar por la paz itálica:

A la mano izquierda cambiará el cetro,

De Rey llegará a ser Emperador pacífico.

 

Es asimismo muy importante el anuncio en la cuarteta ochenta y nueve de la II Centuria, de dos personajes destinados a gobernar Europa totalita­riamente. La transcribimos para nues­tros lectores:

Un día se repartirán el mundo los dos grandes maestros,

Su gran poder se verá aumentado:

La tierra nueva estará en sus poderosas, manos,

Los días del sanguinario están contados.

 

Dos grandes maestros subirán al poder del Estado, es decir, serán coro­nados de autoridad, como se hace con una pieza en el juego de damas; su in­fluencia política aumentará considera­blemente.

Es clara la alusión a Hitler y Mussolini, maestros de escuela ambos mien­tras que la Tierra Nueva, América del Norte, alarmada ante el predominio de los dos jefes sobre el resto de Europa y de la peligrosa extensión de sus doctri­nas, vigilarán el número siempre cre­ciente de sus adeptos y seguidores.

Sigamos viendo el desarrollo de los sucesos bélicos de los años 1941‑1945, a través de una serie de cuartetas que vaticinan los principales hechos (Cen­turia III, cuarteta LXXI; Centuria II, cuarteta V; Centuria IV, cuarteta LXVIII).

Algunos versos no necesitan expli­cación por su claridad. Cuando los ha­bitantes de las islas, después de un largo asedio, hayan recobrado fuerza y vigor, los sitiadores de fuera serán de­rrotados, y sufrirán de nuevo y más que nunca.

En cuanto a las tentativas de nego­ciar la paz, recordemos que en mayo de 1941 Rudolf Hess, enviado especial de Hitler, partió en avión para Inglaterra con el encargo de entablar negociacio­nes de Paz y lograr posiblemente una alianza contra la Rusia Soviética. Con el mismo fin, parece que también había comunicación epistolar secreta entre diplomáticos italianos y japoneses con los aliados; tentativas que no dieron resultado positivo, por lo cual, como dice el vidente, «muchos desearán par­lamentar con los grandes señores que llevaron la guerra a sus hogares, pero nadie absolutamente querrá oírlos. ¡Ay, si Dios no envía paz a la Tierra!». En esta exclamación parece encerrarse todo el horror de quien, con cuatro siglos de antelación sobre la realidad de los hechos, veía la espantosa carnicería que iba a seguir a estos vanos esfuerzos de paz entre los hombres.

El dolor por las desventuras que van a caer sobre la humanidad es nueva­mente vaticinado por los versos en los que Nostradamus dice que nunca se vio una tal alianza y amistad entre lobos que correrán famélicos a arreme­ter y despedazar la codiciada presa.

Y hace una clara alusión aquí a la guerra que se endurecerá más y más, empleando armas especiales y nuevos inventos cada vez más perfectos para lograr la victoria sobre Ios respectivos adversarios. En pleno siglo XVI era de todo punto imposible imaginar un «pez de hierro»; frase en la que podemos ver una imagen de los submarinos, cuya torrecilla se abre y se cierra como se abría en la época de Nostradamus una carta cerrada con un sello‑lacre.

En el año en que los habitantes de Saturno (o sea, las naciones más ricas), y los de Marte (que podemos identifi­car con las naciones belicistas) se ha­brán enzarzado en una terrible guerra y estará el mundo encendido en furia devastadora, el aire estará entonces seco (y de hecho el verano de 1944 fue particularmente duro para los pueblos envueltos en la contienda) y se emplea­rán fuegos secretos, es decir, armas desconocidas, a propulsión especial, que describirán una larga trayectoria y provocarán incendios, especialmente en una gran ciudad. Vemos en todo ello el devastador incendio de Londres, provocado por los alemanes con sus fa­mosas V1 y V2, las terribles armas que destruyeron la capital inglesa, dando lugar a grandes torbellinos y desplaza­mientos de aire (viento) a incendios (calor).

Un año después, en 1945, un año más distante todavía de Venus ‑que significa más alejado del bienestar y del amor entre los pueblos‑ los dos gran­des de África y de Asia que no pueden ser otros que Inglaterra (que poseía grandes colonias en África) y Rusia, in­vadirán todos los territorios compren­didos entre el Rhin y el Danubio, como asimismo las tierras comprendidas en­tre Malta y la Liguria. Las gentes, al principio, aplaudirán y enaltecerán la hazaña, pero luego habrá dolores, lutos y lágrimas, primero en Malta y después en toda Italia.

Además, el jefe supremo de los sitia­dos (la suerte se ha trocado y la situación, cada día peor, ha convertido a los sitiadores en sitiados) es el dictador alemán; y contra él y su loco proyecto de lucha a ultranza se ha tramado una conjuración que, sin llegar a conseguir plenamente su objetivo, ha sembrado el pánico entre los altos mandos alema­nes, fieles al Führer.

Finalmente, el cuadro conclusivo de la retirada germánica en Francia: las fuerzas anglo‑americanas, después de haber desembarcado en las costas fran­cesas y de haber ocupado la famosa empalizada atlántica y toda la Bretaña, se dividieron en tres columnas y se dirigieron hacia el corazón de Francia, hacia las fronteras de Bélgica y de Ale­mania y hacia Italia.

Al mismo tiempo, otras tropas de­sembarcaban en Marsella con el claro objetivo de encerrar entre dos fuegos a las fuerzas alemanas, completamente dislocadas, y deshechas en el Sur de Francia. Los alemanes abandonaron Marsella (y a los soldados germanos les sustituyeron inmediatamente los alia­dos) y se dirigieron a marchas forzadas, en precipitada fuga, hacia Lyon, donde se encontraron con los ejércitos que procedían del Norte (Bordelés y Alto Garona) .

En esta trágica retirada, ciudades como Toulouse y Narbona sufrieron gravísimas pérdidas, y los mismos ale­manes perdieron, entre muertos y pri­sioneros, casi un millón de hombres.

Siguen otras cuartetas de extraordi­naria importancia, porque contienen la descripción de los hechos que determi­naron la caída del fascismo, la lucha de los partisanos y los sucesos que acontecieron después.

En esta época a situación de la gue­rra en Italia era tal como la describe Nostradamus: desembarcos de los alia­dos en Sicilia que habían determinado la fuga y el abandono de las zonas cos­teras de la isla por parte de la pobla­ción para dirigirse al interior y hacia el continente; desembarcos en Córcega, Cerdeña, Napoles y Salerno con ocu­pación de toda la Italia meridional, en tanto que la población huía en gran parte hacia el norte; gran carestía de alimentos y hambre en todas estas lo­calidades, agravada por una epidemia de tifus (peste) y por las inevitables tragedias ue siguen a una ocupación por parte qe una fuerza bárbara (no ol­videmos que con los ingleses y ameri­canos había también marroquíes y tro­pas de color), sin olvidar os efectos derivados de la falta de higiene.

Un nieto ocupará el trono por la de­cisión de dos cosas bastardas; será él quien doble la enseña del fascio licto­rio a causa de las envenenadas saetas disparadas contra el mismo fascio. És­tos son, en resumen, los acontecimien­tos que determinaron la caída del go­bierno de Mussolini el 25 de julio de 1943. En cuanto al nieto, Víctor Ma­nuel III, que subió al trono en 1900 cuando el anarquista Bresci (de origen desconocido) mató a Humberto I, a él, dice Nostradamus, corresponderá la misión de derribar al fascismo. Segui­ría aquí, seguramente, la cuarteta ochen­ta y tres de la VII Centuria, de la que hablan muchos intérpretes y comenta­ristas, pero se ha perdido el texto ori­ginal.

Decía que en una noche de aire cá­lido, en Consejo, sería atacado sin armas; y que habría, algún tiempo des­pués, otras lágrimas y otros lamentos, al trocarse el epitalamio.

Y pasemos ya a los últimos días de la guerra en Italia.

La descripción de los hechos em­pieza en la Centuria VIII, cuarteta se­senta y cuatro:

 

En las islas los niños serán transpor­tados,

Los dos de siete caerán en desesperación:

Los del continente serán soportados,

Nombre de pala, conquistados por las ligas abandonada toda esperanza.

 

Se recordará muy bien que cuando comenzaron sobre Inglaterra los bom­bardeos masivos con las nuevas armas germanas (que tenían como objetivo especial Londres y las regiones meri­dionales de la isla), se deadió poner a salvo al mayor número posible de niños.

Los dos de los siete no son otros que Alemania y Japón, habida cuenta de que las naciones beligerantes en aquel entonces eran exactamente siete: Japón, Alemania, Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Rusia a Italia. Ésta se había pasado ya de campo y su nueva posición no le hacía temer grandes pe­ligros; mientras tanto, sus antiguos aliados continuaban sufriendo los asal­tos de la coalición. Los del continente son los alemanes, mientras que con «nombre de pala» el vidente pretende significar Ancona. La conquista de esta ciudad or parte de los anglo‑ameri­canos al principio del año 1945 signi­ficó el principio de la derrota germá­nica, primero en Italia y luego en el resto de Europa, sin nin una esperanza de reacción por parte de los alemanes (Centuria VII, cuarteta XXVII).

Si añadimos a esta cuarteta otras dos, tendremos completo el cuadro de la marcha de las operaciones aliadas en Italia, durante el período 1944‑1945 (Centuria II, cuarteta XVI y Centuria V, cuarteta XCIX).

Mientras que la ocupación de las islas y de la Italia meridional había te­nido lugar con cierta facilidad y rapi­dez, la invasión de las demás regiones de la península había sido mucho más lenta; los aliados emplearon para com­pletarla dieciocho meses.

Así, Nostradamus dice que la gran masa de la caballería, es decir, las tro­pas acorazadas, de los auto‑vehículos y de las fuerzas aéreas que procedentes de Sicilia habían llegado en muy breve tiempo hasta Vasto en los Abruzzos, tendrán que esforzarse mucho y fati­garse para alcanzar Ferrara, como si se viesen impedidos or una enorme can­tidad de bagaje (y por bagaje puede asimismo entenderse, además de los muchos obstáculos interpuestos por la metódica y lenta retirada de los alema­nes, el triste peso de las incontables pérdidas humanas). Pero llegado el ejército anglo‑americano a las proximi­dades de Ferrara, desaparecerán los obstáculos y podrán extenderse fácil­mente por toda la Italia septentrional. Entonces, en aquella coyuntura, se ce­lebrarán grandes fiestas en Turín por la inminente llegada de los libertado­res. Y aquellos mismos que festejarán el acontecimiento darán caza a sus ene­migos (alemanes y soldados de la Re­pública de Saló) y sacarán de la cárcel de la ciudad a los rehenes, que los mis­mos habían capturado, para fusilarlos.

Los ejércitos aliados, de los que for­maban parte tropas de diversas nacio­nalidades, ocuparán Italia, y la libera­ción de este país será acogida con gran­des festejos, a pesar de la espantosa he­catombe de vidas humanas que habrá costado.

Lombardía, Piamonte, Véneto, Emi­lia y Pulla (las ciudades ocupan aquí, en esta cuarteta, el lugar de las regiones) se contarán entre las más devastadas y destruidas por gentes célticas, es decir, por soldados ingleses y sus aliados de habla inglesa, y por una falange agui­lada, es decir, por un ejército que tendrá un águila como especial símbolo distintivo (los germánicos tenían pre­cisamente un águila como distintivo).

Todo esto acontecerá, dice el vi­dente, cuando Italia (significada por Roma, su capital) esté bajo la autori­dad y el control de un anaano jefe bri­tánico, que podemos identificar con el almirante Stone, el cual dominó la si­tuación hasta el final de la ocupación de Italia por los aliados.

Los hechos, también en este punto, confirman lo que predijo Nostrada­mus: el Rey de Italia perdería, a causa de la guerra, su corona y sus partida­rios serían perseguidos y muertos cruel­mente en los dolorosos sucesos de aquellos trágicos días.

Por tanto, los diferentes aconteci­mientos que jalonaron las dos guerras mundiales fueron predichos por Nostradamus con escalofriante exactitud.

 

La guerra del Golfo y otros conflictos de Oriente Medio

 

En la centuria I, cuarteta LV, Nostra­damus ubica en Oriente Medio algu­nos movimientos terroristas que consi­dera sectas, palabra que se adecúa per­fectamente a todas las milicias y faccio­nes que han ido apareciendo en estos países, como por ejemplo Setiembre Negro, la Organización para la Libera­ción de Palestina, la Djihad Islámica o los Revolucionarios de Egipto.

En esta misma cuarteta se define la guerra entre Irán a Irak, así como la si­tuación global en Oriente Medio. «Ha­brá efusión de sangre de gentes que viven bajo el clima opuesto a Irak, hasta el puntp que la tierra, el mar, el aire y el cielo traerán la oscuridad cuan­do, durante el hambre, las facciones, los gobiernos serán responsables de pestilencia y de confusión».

Esta es la acertadísima interpreta­ción que, de esta cuarteta, ha llevado a cabo Fontbrune en su libro Los cometas y las profecías. Nostradamus describió en esta cuarteta, de una forma clara y precisa, la guerra entre Irán a Irak. Efectivamente, ésta comenzó el 1 de Septiémbre de 1980, y produjo más de 500.000 muertos. El presidente Sad­dam Hussein, el día 17 de Septiembre del mismo año, denunciaba unilateral­mente el acuerdo firmado en Argel, con el sha de Irán, el 6 de Marzo de 1975, mediante el cual el territorio quedaba dividido en dos partes iguales, atribuidas a los dos países ribereños, la vía fluvial formada por la reunión del Tigris y el Eufrates, denominada Chatt el‑Arab.

Desde 1980 la guerra estuvo enca­llada en las marismas del Chatt el­-Arab. «Pestilencia» podría hacer refe­rencia a la utilización de los gases por Irak, y nos hace pensar en las frecuen­tes imágenes de soldados iraníes abra­sados o ciegos. Desde 1980, como to­dos sabemos por las noticias que de estos países nos llegaron, el Irán bom­bardeó las grandes ciudades de Irak con cohetes.

Una fiel interpretación de la centuria VIII, cuarteta LXX, nos haría pen­sar que, según Nostradamus, el vence­dor de este conflicto sería Irán. Aun­que luego, por la historia hemos visto que justamente sucedió lo contrario. «Entrará miserablemente, malvado, in­fame, tiranizando Mesopotamia».

La interpretación que da Fontbrune de este trozo de la cuarteta es que «el jefe iraní» tiranizará Irak (siempre te­niendo en cuenta que anteriormente Irak era Mesopotamia, entre el Tigris y el Éufrates).

En cuanto a la guerra del Golfo Pér­sico, existen indicios, frases, que agru­padas bajo la idea del conflicto bélico mundial, fin de siglo, fin de milenio, etc., podrían tener un sentido y hacer­nos creer que el problema del Golfo estaba ya en la mente del profeta. De hecho, la III guerra mundial podría empezar empujada por la acción de los ejércitos árabes.

No obstante, la estrofa XCIII de la tercera centuria es clara al respecto, y muy concretamente en relación al ini­cio del conflicto: «Nueva ley, nueva tierra ocupar». En otras estrofas se anuncia el final del conflicto: «Después de la victoria (…) vencedor sanguina­rio del conflicto discurseará, asar la lengua, la carne y los huesos». (Centu­ria IV, estrofa LVI).

 

 

DESCUBRIMIENTOS A INVENTOS

 

En las Centurias no sólo encontramos en sus versos la historia de la Humani­dad bajo el perfil de los acontecimien­tos históricos que han sucedido o que todavía han de suceder, sino que topa­mos a menudo con anticipaciones so­bre descubrimientos a inventos abso­lutamente inimaginables en el tiempo en que fueron escritos aquellos versos y, desde luego, mucho más difíciles de prever y de descubrir con la precisión con que lo hace el gran vidente. Lo cual confirma y ratifica, caso de que fuese necesaria esta confirmación, el carácter de verdadero vidente que he­mos de atribuir al mago de Salon, a quien algunos detractores negaron ve­racidad y profecía entendida ésta en el más alto sentido de la palabra.

Algunos de los inventos y descubri­mientos que él describió en sus profe­cías, a menudo bajo forma de auténti­cas adivinanzas y siempre con el acos­tumbrado estilo alegórico y hermético, hoy son perfectamente conocidos; otros, en cambio, pertenecen a un fu­turo más o menos próximo, y de ellos esperamos poder tener confirmación en los años venideros.

 

El cine mudo y el sonoro

 

En la cuarteta décima de la Centuria I se dice:

 

Serpientes transmitidas en la jaula de hierro,

Donde los siete hijos del Rey van presos,

Los ancianos y padres saldrán bajo de la fosa.

Antes de morir ven su fruto muerto y grita.

 

Las «serpientes transmitidas en la jaula de hierro» son las películas cine­matográficas, enrolladas como serpien­tes en sus bobinas de hierro y encerra­das en proyectores metálicos para ser proyectadas. En estas películas han si­do aprisionados los siete colores del arco iris (los siete hijos del Rey, es decir, del sol), para formar las imáge­nes, ya en blanco y negro, ya en color. De esta manera nuestros lejanos ante­pasados y nuestros padres, reproduci­dos en la cinta cinematográfica, volve­rán a vivir para gozar y esparcimiento nuestro, aunque reducidos a imágenes de muy pequeñas proporciones.

Antes de su muerte, los hermanos Lumière, inventores del cine mudo, consiguieron ver cómo el producto de su invención (el fruto muerto) hablaba y gritaba, es decir, cómo se convertía en sonoro el cine mudo.

 

El aeroplano

 

La voz oída del insólito pájaro

Sobre el canal del respirable plano:

Tan alto verá del trigo la medida,

Que el hombre del hombre será antropófago.

(CENTURIA II, CUARTETA LXXV)

 

Se oirá la voz de un insólito y desco­nocido pájaro sobre el canal del respi­rable plano. Entonces la medida o pre­cio del trigo será tan alta que el hom­bre se convertirá en antropófago del hombre.

He aquí nuestra exégesis: cuando se oiga el característico zumbido del mo­tor de los aviones (que el propio Nos­tradamus, en su carta a Enrique II, describe como un «huy‑huy» prolon­gado), comparado a desconocidos pája­ros sobre los aleros de las casas, en la parte más respirable (o en lo más alto del aire), entonces los precios de todos los alimentos subirán hasta las estrellas y los víveres más indispensables, como el pan, serán muy caros.

 

Telégrafo, teléfono, electricidad

 

Cuando el animal al hombre doméstico,

Después de grandes penas y saltos venga a hablar,

El rayo a virgen será  tan maléfico,

De tierra tomado y suspendido en el aire.

(CENTURIA III, CUARTETA XLIV)

 

Cuando el animal venga a hablar al hombre doméstico, después de gran­des penas y saltos, el rayo, tomado y suspendido en el aire, será muy malé­fico a la virgen.

Es decir, cuando el hombre primi­tivo, selvático, pueda comunicar y ha­blar con su semejante civilizado desde las más remotas tierras, primero a tra­vés de grandes penas y saltos (o sea: mediante el empleo del telégrafo que transmitía rítmicamente líneas y pun­tos), y después también directamente mediante un micrófono, entonces el rayo, es decir, la corriente eléctrica (que dañará enormemente a la cera virgen de la que se fabricaban las velas) se tomará del suelo con hilos conduc­tores y se suspenderá en el aire me­diante cables y aisladores que la lleva­rán a todos los ángulos de la tierra. Nos parece que el significado de las cuartetas es, también aquí, bastante claro y que no admite otras interpre­taciones.

 

La «peste» de nuestro fin de siglo

 

La guerra no toma ahora las caracterís­ticas descritas al principio de este capí­tulo, sino otras completamente distin­tas, a pesar de que el color de los fogo­nazos no cambia de gama, materializándose en un arma nueva que en vez de destruir espectacularmente des­truye en silencio. Dice la cuarteta se­senta y cinco de la Centuria X:

La vasta Roma se ha convertido en otra capital en el nuevo imperio, la gran potencia en el mundo occidental, los Estados Unidos. En nuestro siglo, la guerra no saldrá de sus muros, es decir, de sus armas bélicas, sino la san­gre y el semen. El virus fatídico se en­cuentra en la sangre, y la transmisión del virus se realiza por vía sanguínea di­recta. Las siglas de la enfermedad fatal son como muescas horribles o signos mortales, las cuatro letras del nuevo terror: S.I.D.A. La dolencia se exten­derá a todo el mundo. Nadie se verá libre de la posibilidad de contagiarse ni de sus espantosas consecuencias, pues­to que su vía de contagio es tan ele­mental como la propia sangre que se halla expuesta a la enfermedad a cada momento. El «Hierro afilado metido a todos hasta el mango» no puede ser más explícito en este sentido, una frase que también es posible interpretar co­mo una alusión al grupo social que primero se vio afectado por el nuevo morbo: los homosexuales.

Las palabras de esta cuarteta hablan claramente de la caída del Imperio. El semen, con sus portadores de vida, se hundirá en el vacío y la sangre que da la vida, será precisamente portadora de todo lo contrario: la sangre y la sustan­cia mismas serán pues las desencade­nantes de la destrucción. Éstas son las armas del nuevo imperio, de la nueva Roma que ejerce su influencia por to­das partes pero que camina directa­mente hacia el desastre. En esta cuar­teta Nostradamus sentencia nuestro mundo, herido ya de muerte.

 

 

¿QUÉ PASARÁ MAÑANA?

 

«El emperador alemán acongojará a la religión y a la Iglesia. Llenará a Italia de infinitas amarguras, derribará el casti­llo de Sant’Angelo y toda la ciudad leonina. También Francia sufrirá mu­cho. El emperador se aliará con los orientales y septentrionales. A causa de estas graves tribulaciones morirá el Papa. Vendrá luego el Pastor Angéli­cas y el emperador alemán será derro­tado por el Gran Monarca.»

Esta última profecía es de Nostrada­mus y está sacada de sus predicciones en prosa; en ella puede añadírsele la contenida en la cuarteta cincuenta y siete de la Centuria II:

 

Antes del conflicto el grande caerá,

El grande a muerte, may repentina y sentida,

La Nave imperfecta, la mayor parte

[nadará, Junto al río la tierra quedará de sangre teñida.

 

Asesinato del Papa

 

Antes de que estalle la tercera guerra mundial y caiga el telón de acero (tal podría ser el significado de «el gran muro» que traen algunas ediciones) Italia será invadida y el Papa asesinado. De este modo la nave de Pedro, huér­fana de guía, quedará a merced de los dramáticos acontecimientos que segui­rán a esta muerte, no excluida la posi­bilidad de un cisma; entonces el clero, simbólica tripulación de la simbólica nave, la abandonará, echándose al mar como único medio para salvar la vida.

Junto al río (que podría ser el Tíber, si se toma Roma como sede del pa­pado), la tierra se teñirá de sangre.

Esta profecía se completaría con la contenida en la cuarteta noventa y nue­ve, de la Centuria VIII:

 

Por el poder de los tres Reyes temporales,

A otro lugar será transferida la Santa Sede,

Donde la sustancia del espíritu corpóreo,

Será repuesta y recibida por verdadera sede.

 

La guerra que se desencadenará en­tre tres grandes potencias afectará igual­mente al jefe de la cristiandad y el pontífice que habrá sucedido al Papa muerto correrá a su vez un peligro may grave, no sólo en su incolumidad personal, sino también por la estabili­dad de su propio apostolado: la Santa Sede, es decir, la cátedra de San Pedro será trasladada a otro lugar y sólo al final del conflicto podrá el Santo Pa­dre volver a Roma, la verdadera sede destinada a albergar al representante del Señor en la Tierra.

Y la profecía continúa en la cuarteta ochenta y tres de la Centuria V:

 

Los que tengan empresa subvertir,

Inigualable reino, fuerte a invencible:

Obrarán, con fraude, noches tres advertir,

Cuando el mayor en la mesa lea la Biblia.

 

Quienes se habían propuesto la obra de subversión y destrucción de la Igle­sia recurrirán al fraude y al engaño y a cualquier otro medio para poder sor­prender al Papa. Lo cual sucederá en cierta ocasión estando el Papa sentado en la mesa leyendo la Biblia. Tres serán los encargados de capturar al Papa, mediante un engaño.

Sigue, a continuación, la Centuria IV, cuarteta treinta y tres, que explica quiénes serán los que tiendan la tram­pa al Papa y por consiguiente a la misma Iglesia:

 

Júpiter unido más a Venus que a la Luna

Apareciendo de plenitud blanca:

Venus escondida bajo la blancura de Neptuno,

Por Marte golpeada con la grande rama.

 

El lenguaje es completamente meta­fórico: Nostradamus dice que cuando Júpiter aparezca con plenitud blanca y esté más próximo a Venus que a la Luna, y Venus se esconda bajo la blan­cura de Neptuno, entonces Marte la golpeará con la blanca rama.

Procuremos explicar el simbolismo: cuando el pontífice aparezca más indi­nado o decidido a fijar su atención más en las naciones protestantes que en las católicas y se esfuerce en poner en práctica el precepto de la caridad, en­tonces los protestantes serán maltrata­dos y perseguidos (juntamente con el pontífice) por una muchedumbre de enemigos (que en este caso quizá po­demos identificar con los comunistas).

Dice la Centuria IX, en la noventa y nueve cuarteta:

 

Viento Aquilón hará partir la sede,

Por muros echar cenizas, cal y polvo:

Por lluvia luego que les causará más daño,

Último socorro llegar desde su frontera.

 

El viento de Aquilón, es decir, el que obligará al pontífice, inmediata­mente después de su elección, a dejar Roma, vendrá del Norte. Los habitan­tes de Roma defenderán su ciudad, echando desde las murallas sustancias agresivas (podría evidentemente tra­tarse de nuevas sustancias químicas, empleadas como armas defensivas), pero de poco servirán sus esfuerzos, porque el atacante, a su vez, los acome­terá con una verdadera lluvia de bom­bas que les causarán mucho más daño que el anteriormente experimentado.

Siguen unas cuartetas que explican y declaran el desconcierto general que se producirá según vayan desarrollándose los hechos.

Un personaje de gran lustre, desti­nado a ser muy pronto emperador, fin­girá someterse al pontífice para simu­lar así su apoyo en el cisma que habrá tenido lugar en el seno de la Iglesia y ayudar a algunos países del Este en su lucha contra la opresión comunista. Pero luego, la rebelión de este simula­dor y falsario causará gravísimo daño a la Iglesia y provocará enconadas luchas entre sus seguidores.

Los rojos, que podemos identificar como fuerzas enemigas del papado y de la cristiandad, se echarán sobre Roma so pretexto de que van a restablecer el pontificado (la gran Capa), esclavo de la anarquía y sometida al cisma. Entonces el estrago, la carnice­ría y la venganza serán tales que prácti­camente no habrá familia que no llore la muerte de alguno de sus miembros, y los rojos asesinarán a un purpurado (probablemente uno de los papas cis­máticos). En esta coyuntura, desde la ciudad de Roma se transmitirá un falso mensaje para comunicar otra elección papal, también falsa. Los cristianos per­derán totalmente la esperanza de ver volver al verdadero Papa y aceptarán como auténtica la versión de quienes dicen que ha muerto; se cometerá un delito en una capilla y el anti‑papa su­perviviente triunfará y coronará a su autor como jefe supremo.

«La gran estrella arderá durante sie­te días»: esta frase puede interpretarse en el sentido de que una nueva arma vendrá a sembrar la destrucción y la ruina entre los hombres; y de esta nueva tempestad (que bien podría ser una guerra) nacerán dos nuevos perso­najes de gran prestigio.

Y cuando un gran pontífice logre extender sus dominios sobre nuevos territorios, entonces los pueblos del Oriente Medio reaccionarán violenta­mente.

Después de la victoria de la predica­ción de un engañamundos, estallará otra revuelta en Alemania; dos ejérci­tos se unirán en uno solo y el jefe y su hijo serán asesinados, en tanto que sobre algunas regiones italianas se aba­tirán la violencia y el terror como re­presalia.

 

Holocausto nuclear

 

Dicen las cuartetas sexta y séptima de la Centuria III:

 

En el templo cerrado el rayo penetrará,

Los ciudadanos extenuados en sus fuertes:

Caballos, bueyes, hombres la onda los tocará

Con hambre, sed los más débiles armados.

Sobre las picas de los fugitivos fuego del cielo,

Conflicto próximo de los cuervos jugueteando,

Desde tierra se implora ayuda socorro del cielo,

Cuando junto a los muros estarán los combatientes.

 

Creemos que se trata de un arma tan extraordinariamente mortífera que po­dría pulverizar cualquier edificio por sólido que fuese (hoy construye ya el hombre refugios antiatómicos que po­drían asegurarle la supervivencia en caso de ataques con armas nucleares) y la palabra «templos» puede entenderse en sentido estrictamente religioso, o en sentido metafórico. Además, el in­fernal mecanismo profetizado por Nos­tradamus podría destruir seguramente las armas de los enemigos en fuga; lo cual produciría una trágica oleada de muerte, a la que seguiría una igual­mente trágica carestía: ésta será, dice el profeta, la única miserable arma que va a quedar a los más débiles que sobre­vivan.

La nación de la hoz creerá haber eli­minado toda resistencia contra ella, pero en realidad la satisfacción por la victoria obtenida contra todo el mun­do durará poco. Precisamente cuando se crea que todo está perdido, enton­ces, «in extremis», las naciones de Occi­dente se tomarán el más completo des­quite. Un sabio inventor descubrirá y pondrá a punto una novísima arma te­rrible, cuyos efectos producirán indefectiblemente gran consternación y luto entre los hombres. La potencia y el radio de acción de este «dardo del cielo» serán tales que abarcarán una vastísima extensión de nuestro planeta y, por consiguiente, no habrá para los enemigos ninguna posibilidad de sal­varse.

Estando reunidos los jefes para ha­llar un remedio y una solución para prevenir o alejar el grave peligro que les amenaza, se abatirá sobre ellos la nueva arma y los destruirá. En conse­cuencia, las tropas, sin sus adalides y caudillos, huirán a la desbandada y el caos político y militar desbarajustará el orden anterior de la nación de la hoz. Será como si se hubiese llevado a cabo una masiva ejecución de los jerifaltes enemigos.

En fin, contra las sectas de los rojos, es decir, contra los varios gobiernos de régimen comunista, se alinearán todas las demás naciones que se esforzarán en devolver la paz y la tranquilidad al mundo tan duramente probado a tra­vés de tantas y tan terribles guerras. Después de haber barrido el mundo con un huracán de hierro y de fuego, no habrá salvación posible para los su­pervivientes, de forma que muchos morirán por juicios sumarísimos y cuan­tos maquinaron contra la verdadera li­bertad morirán despiadadamente, a excepción de uno ‑escribe el gran pro­feta‑, que más que cualquier otro causará al mundo lutos, desolación y ruinas.

Esta precisión tiene caracteres de es­pecial importancia, porque permite de­terminar una lógica sucesión cronológi­ca entre las cuartetas que se refieren a futuros acontecimientos, estableciendo una fundamental distinción entre las predicciones que dicen relación con el próximo conflicto (la tercera guerra mundial, de la que hemos ya hablado) y las concretan los sucesos que señala­rán el fin de los tiempos.

Este temido Anticristo, a quien se cita muchas veces en las cuartetas de Nostradamus y asimismo en prediccio­nes de otros varios videntes que vivie­ron en distintas épocas, escapará al merecido castigo y saltará de nuevo a la escena del mundo sólo cuando suene la tremenda hora del fin, preludio del segundo advenimiento de Cristo sobre la Tierra.

Veamos ahora los acontecimientos que seguirán a la definitiva derrota de los «Bárbaros», reconstruyéndolos a tra­vés de algunas cuartetas que transcri­bimos:

 

Cuanto más esté el grande en falso sueño

La inquietud vendrá a tomar reposo:

Levantad falange de oro, de azul y rojo,

Subyugar África, roerla hasta los huesos.

(CENTURIA V, CUARTETA LXIX)

 

Selín monarca pacificador Italia,

Reinos unidos, rey cristiano del mundo,

Muriendo querrá reposar en Tierra Santa,

Después de haber barrido del mar a los piratas.

(CENTURIA IV, CUARTETA LXXVII)

 

Tiempos de paz

 

Europa, tan duramente probada, podrá, al fin, gozar de un poco de paz. El gran monarca, que tan hábil se habrá mos­trado para conseguir la victoria sobre los enemigos de Occidente, se mos­trará también activo y eficaz en la con­solación y robustecimiento de esta paz tan difícilmente conseguida; y, gracias a su gestión, el ansia y la inquietud que habían tan vivamente atormentado a los hombres hasta llevarlos al borde de la más grave ruina cesarán y la paz do­minará en el mundo. Y añade todavía el profeta que el advenimiento de esta esperada y feliz Era no impedirá la ex­plotación de las inmensas reservas ocul­tas en el continente africano que serán aprovechadas y explotadas al máximo, para conseguir así que todas las nacio­nes reciban de ello beneficios comunes.

Nostradamus escribe aquí un nom­bre en cuyo esclarecimiento han traba­jado afanosa a inútilmente muchos sa­bios comentaristas: Selin Monarca. No sabemos quién pueda ser este esclare­cido Monarca, y son válidas aquí todas las hipótesis, ya sea que con este nom­bre haya querido indicar el vidente el lugar de origen del monarca, ya se trate de un anagrama del nombre ver­dadero. Este gran soberano (y la pala­bra «soberano» puede admitir una más amplia interpretación, sin necesidad de que se tome al pie de la letra, y así po­dría muy bien significar el Jefe su­premo de una hegemonía, no necesaria­mente monárquica), conseguida ya la pacificación de Italia y unificados bajo su real mando todos los Estados, será el representante cristiano del mundo, y después de haber limpiado los mares de los últimos piratas, es decir, de los restos de la flota enemiga, supervivien­tes después de la gran derrota, deseará ser enterrado en Tierra Santa, como homenaje a la tradición cristiana.

Y comenzará entonces un nuevo es­tado de cosas, una nueva ordenación social, como indican algunas cuartetas (Centuria III, cuarteta XL y Centuria X, cuarteta XL).

La guerra, maldición de los hom­bres, será finalmente sometida por la feliz unión de los Estados; su impoten­cia para estallar asegurará la paz.

 

Todas las naciones caerán

 

Pero los dulces y tranquilos años de paz verán pronto su fin, si hemos de dar crédito a lo que se dice en la cuar­teta cuarenta y seis de la Centuria II.

El primer verso dice con claridad que, después de una gran discordia entre los hombres, se aproxima otra mucho mayor todavía. Del cielo caerán bombas tan abundantes como gotas de lluvia que esparcirán mucha sangre ino­cente, y otra vez la Humanidad será azotada por crueles desventuras que causarán lutos, dolores y pestilencias irreprimibles, incluso por parte de la más avanzada ciencia médica. Esto acontecerá, precisa Nostradamus, cuan­do en el cielo, por enésima vez, aparez­can las estelas luminosas de los misiles.

Algunos comentaristas han inter­pretado esta cuarteta como si fuese una profecía cumplida ya en la Se­gunda Guerra Mundial, cuando la V 1 y la V2 alemanas surcaron el cielo de Eu­ropa y sembraron, a su paso, desola­ción, muerte y ruina. Pero si bien no faltaron durante aquella contienda vio­lentísimos episodios que afectaron a muchos inocentes y a muchos pueblos indefensos, es preciso tener en cuenta las palabras que se refieren al gran motor que renueva los siglos y la alu­sión que se hace a la epidemia, que en realidad no se declaró durante el ante­rior conflicto. La alusión al fin del mundo, la referencia al ciclo histórico en el que actualmente vivimos hace posible afirmar que este martirio de la Humanidad, aún no ha sucedido.

Al término de la predicción, el mundo, dividido en facciones y lace­rado por graves cismas, se hallará in­merso en el más negro y trágico caos.

Las mayores capitales del mundo serán destruidas.

La ciudad que se indica en la cuar­teta ochenta y cuatro de la Centu­ria III, es, indudablemente, París, cuya destrucción ha sido también vaticinada por otros videntes, entre los cuales está San Juan Bosco, quien en una carta dirigida al entonces Papa Pío IX, dice: «El Creador se dará a conocer y visitará París tres veces con la vara de su enojo». Después de haber exhortado a los parisienses a que no desprecien sus consejos, concluye el Santo de esta manera a propósito del destino que les aguarda: «Caerás, durante la tercera vi­sita, en manos extranjeras y tus enemi­gos mirarán desde lejos cómo arden tus palacios, reducidas tus moradas a un montón de ruinas y rociadas con la sangre de tus prohombres que ya no existen…».

Como puede verse, concuerdan los vaticinios, puesto que Nostradamus afirma que la ciudad de París quedará completamente desolada y sólo podrán habitarla contados supervivientes.

Se derrumbarán los edificios y la po­blación será exterminada con hierro y fuego y nadie se apiadará de los iner­mes y de los pequeños; hasta los tem­plos serán violados por la furia demo­ledora que implacablemente se abatirá sobre ellos. Y quienes se libren de las armas, morirán víctimas de la epidemia que caerá sobre la desgraciada metrópoli.

Por lo que respecta a Londres, capi­tal de la nación que poseyó en su día el más vasto de los imperios coloniales, Nostradamus predice trescientos años de dominio absoluto y de próspero co­mercio marítimo que disgustará a los portugueses. Éstos habrán de ceder a Albión el predominio y la supremacía de las Indias.

Y llegamos por fin a la profecía que se refiere, seguramente, a la ciudad de Nueva York, la «gran ciudad nueva» que sera atacada por un incendio que podría estar localizado en la zona de 40° de latitud. Esta súbita llama envol­verá totalmente la ciudad que saltará por el aire, hecha añicos; lo cual suce­derá cuando se piense someter a dura prueba a la gente del norte de Europa, probablemente los alemanes.

También Roma, la ciudad eterna, se incluye entre las ciudades que van a ser destruidas. Leemos en la cuarteta cien de la VI Centuria:

 

Hija de la Aurora, asilo del malsano,

Donde hasta el cielo se ve el anfiteatro:

Prodigio visto, tu mal está muy próximo,

Serás cautiva y veces más de cuatro.

 

Esta profecía, en la que el vidente llama a Roma «hija de la Aurora», ciu­dad que levanta hacia el cielo el anfi­teatro del coliseo, aconseja tener en cuenta los próximos desgraciados acon­tecimientos que se avecinan: la ciudad será asediada más de cuatro veces.

Para Roma, pues, el destino no es el mismo que el reservado a otras gran­des ciudades: no los hombres, sino las fuerzas de la Naturaleza, darán cuenta de ella y de su perversidad que consis­tirá muy espeaalmente en haber vio­lado las mismas leyes naturales.

Desde Sicilia, es decir, desde aquel mismo lugar donde Jasón hizo cons­truir sus naves, vendrá un espantoso y súbito diluvio del que nadie podrá es­capar. El terrible cataclismo hinchará hasta tal exceso las alborotadas aguas del mar que éstas llegarán a sumergir toda la parte meridional de la penín­sula italiana y la furia de los desatados elementos sólo se detendrá al pie de las colinas donde están los restos del tea­tro romano de Fiesole, en Toscana.

En este punto, la profecía de Nos­tradamus sobre el futuro que nos aguarda parece decir que el mal triun­fará inconteniblemente sobre la tierra; por fortuna no será así porque será de escasa duración su apoteosis. Se vis­lumbra ya la última y definitiva lucha entre los hijos de las tinieblas, manda­dos por el Anticristo y los hijos de la Luz, guiados por el Mesías.

 

El triunfo de la Gran Verdad

 

Dice Nostradamus que cuando el sol llegue al 20° del Toro, es decir, el día once de mayo, la Tierra temblará y tra­gará a todos los espectadores; mientras tanto el aire se oscurecerá y caerán sobre la Tierra las más densas tinieblas y Dios, con sus legiones de ángeles y de santos, arrollará y arrumbará total­mente a la demoníaca criatura que había querido escalar el cielo. Acometido y atacado por el rayo celeste, el Anti­cristo se desplomará en la arena a inca­paz de llevar a cabo las maravillas de las que había osado resumir, se abismará en las entrañas de la tierra, vencido y derrotado. La justicia de Dios se aba­tirá entonces sobre los secuaces de Sa­tanás y causará entre los hombres una terrible carnicería. De esta manera el gran nieto, es decir, el Anticristo des­cendiente de Satanás, será constreñido a dejar la Tierra para nunca jamás vol­ver a ella.

Entonces triunfará María, Madre de Dios (a la que Nostradamus indica como una curiosa perífrasis, siendo «maría» el plural del nombre latino «mare»), de la cual se ha dicho que «las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella».

El Anticristo, descendiente de la tribu (o califato) de Dan y su inspira­dor, Satanás, temblarán ante el juicio que les espera.

Nostradamus ratifica y sanciona la fecha dé cuando va a suceder todo esto: transcurridos veinte años santos o jubilares, lo cual equivale a decir des­pués de veinte siglos de la fundación de la Iglesia (indicada por el vidente, como de costumbre, con el nombre de Luna, ya que Cristo es el verdadero Sol que ilumina con su luz a la Iglesia, como el caso de nuestro satélite), o sea en el año siete mil del calendario judío, calculado a partir de la expulsión de Adán y Eva del paraíso. Aquel año, otro retendrá la monarquía; lo cual significa que el sol dejará de iluminar a la Tierra; mi profecía entonces ‑añade Nostradamus‑ se habrá cumplido.

En aquel período próximo al acaba­miento del segundo milenio, los muer­tos que estarán en sus tumbas se pre­sentarán de nuevo ante la presencia de Dios y las espantosas hecatombes que tanto habrán afligido y atormentado al mundo aparecerán como uno de los medios purificadores de los que Dios se ha valido para realizar sus propios designios y no ya como una tragedia de la Humanidad, salvada y redimida.

Un gran juez juzgará los tiempos pasados, lo mismo que el presente, y pronunciará su sentencia para los vivos y para los muertos, y todos aquellos que no comprendieron la palabra de Dios serán por Él repudiados.

Finalmente Nostradamus, después de precisar que, conscientes de lo que les aguarda, los hombres considerarán. el día de su muerte no ya como algo triste, sino como un momento de gran regocijo y como un nacimiento a la vida espiritual, concluye diciendo que el Espíritu Santo llenará de gozo y de felicidad a aquellas almas que, por la victoria tan meritoriamente alcanzada, tendrán derecho a contemplar en toda su plenitud el esplendor del Verbo.

 


LAS CENTURIAS

 

 

CENTURIA I

 

 

I                    Estando de noche absorto en mi secreto estudio,

Sentado, solo, sobre un sillón de cobre:

Pequeña luz que de las soledades brota,

Hace decir lo que no se ha esperado en vano.

 

II                   Vara en mano puesta en medio de Branco,

Moja de la onda el pie y el borde:

Un temor y una voz se agitan por las mangas:

¡Divino resplandor!, Dios se asienta al lado.

 

III                  Cuando la litera del torbellino derramada.

Y estarán los rostros con sus mantos cubiertos,

La república por nuevas gentes vejada,

Entonces juzgarán al revés blancos y rojos.

 

IV                  Del universo será hecho un Monarca,

Que en paz y vida no será por mucho tiempo:

Entonces se perderá la pescadora barca,

Será regida en más grande detrimento.

 

V                   Cazados serán para hacer largo combate,

Por el país serán mayormente afectados:

Burgo y ciudad tendrán mayor debate,

Carcas. Narbona tendrán el corazón probado.

 

VI                  El ojo de Ravena será destituido,

Cuando a sus pies fallarán las alas:

Los dos de Bresse habrán constituido,

Turín, Vercelli que pisotearán los Galos.

 

VII                 Llegado tarde, la ejecución cumplida,

El viento contrario, cartas en el camino tomadas,

los conjurados XIIIJ de una secta,

Mediante Rousseau sanad los proyectos.

 

VIII                 Cuantas veces ciudad solar tomada

Serán tornadizas tus leyes bárbaras y vanas

Tu mal se acerca. Más veces será tributaria

La gran Hadria recorrerá tus venas.

 

IX                  Desde Oriente vendrá el corazón Púnico.

A hostigar a Hadria y a los herederos Romúlos.

Acompañado de la flota Líbica.

Temblarán los Malteses y las expoliadas Islas pró­ximas.

 

X                   Serpientes transmitidas en la jaula de hierro,

Donde los hijos séptimos del Rey van presos,

Los ancianos y padres saldrán del fondo de su sepul­tura

Antes de morir ver su fruto muerto y grita.

 

XI                  El movimiento de los sentidos, corazón, pies y manos

Estarán de acuerdo Nápoles, Lyon, Sicilia

Espadas, fuegos, aguas después a los nobles Roma­nos,

Herid, matad, muertos por mente débil.

 

XII                 Dentro de poco dirá la hoz potente y frágil,

De abajo arriba levantada prontamente.

Luego al instante desleal y lábil.

Quien de Verona tendrá el gobierno.

 

XIII                 Los exiliados con ira, odio latente,

Harán contra el Rey gran conjuración:

En secreto pondrán a los enemigos por el semblante,

Y sus ancianos contra ellos sedición.

 

XIV                De gente esclava canciones, cantos y peticiones,

Cautivos de Príncipe y Señores en las prisiones:

En el futuro por idiotas sin cabeza,

Serán recibidos con divinas oraciones.

 

 

XV                 Marte nos amenaza con la fuerza bélica,

Setenta veces hará la sangre derramar:

Auge y ruina del Eclesiástico,

Y más quienes de ellos nada querrán escuchar.

 

XVI                La hoz en el estanque hacia Sagitario,

En su más alto grado de exaltación,

Peste, hambre, muerte por mano militar,

El siglo se aproxima a la renovación.

 

XVII               Durante cuarenta años el Arco Iris no aparecerá,

Durante cuarenta años todos los días se le ha de ver:

La tierra seca su aridez aumentará,

Y gran diluvio cuando se logre ver:

 

XVIII              Por la discordia negligencia Francesa

Quedará el paso a Mahomed abierto:

De sangre empapada la tierra y el mar Senense,

El puerto Focense de velas y naves cubierto.

 

XIX                Cuando vengan serpientes a circuir el ara,

La sangre troyana vejada por las Españas:

Por ellos gran número habrá hecho merma,

Jefe huye, escondido en las charcas entre las cañas.

 

XX                 Tours, Orleans, Blois, Angers, Reims y Nantes

Ciudades por cambio repentino vejadas,

Por lenguas extrañas tiendas serán levantadas,

Ríos, dársenas, Rennes, tierra y mar temblarán.

 

XXI                Profunda arcilla blanca nutre la roca,

Que de un abismo saldrá lacticinosa,

En vano, turbados, osarán tocarla,

Ignorando que hay en el fondo tierra arcillosa.

 

XXII               Lo que vivirá y no teniendo ningún sentido,

Procurará dañar a muerte su artificio,

Autun, Chalons, Langres y los dos Sens,

EI granizo y el hielo causarán gran maleficio.

 

XXIII              En el mes tercero al levantarse el Sol,

Jabalí Leopardo, al campo de Marte para combatir,

Leopardo cansado al Cielo abre su ojo,

Un águila alrededor del Sol ve volar.

 

XXIV              A una ciudad nueva, pensativo, para condenar,

EI pájaro de presa al Cielo viene a ofrecerse:

Después de la victoria a cautivos perdonar,

Cremona y Mantua grandes daños habrán sufrido.

 

XXV              Perdido, hallado, escondido tanto tiempo,

Será pastor semidiós honrado:

Antes que la Luna termine su gran ciclo,

Por otros vientos será deshonrado.

 

XXVI              El gran rayo cae durante la hora diurna.

El mal fue previsto por un portador postulario:

EI siguiente presagio cae durante la hora nocturna,

Conflictos Reims, Londres; Etruria apestada.

 

XXVII             Bajo la sierra Guayana por el Cielo golpeada,

No lejos de allí está escondido el tesoro,

Que durante muchos siglos ha permanecido invio­lado,

Morirá quien lo hallare el ojo por el resorte atravesado.

 

XXVIII            La torre de Boucq temerá leño Bárbaro,

Un tiempo, mucho tiempo después barca hespérica,

Ganado, gentes, muebles, los dos harán gran tara,

Tauro y Libra, ¿qué mortal lanzada?

 

XXIX              Cuando el pez terrestre y acuático

Por una fuerza vaga sea arrojado a tierra,

Su forma extraña suave y horrorífica,

Por el mar a los muros muy pronto los enemigos.

 

XXX              La nave extraña por tormenta marina,

Abordará cerca de un Puerto desconocido:

A pesar de signos de rama palmerina,

Después de la muerte recibe buen consejo tarde venido.

 

XXXI              Tantos años en Galia las guerras durarán,

Más allá de la carrera del Castulón Monarca:

Victoria incierta tres grandes coronarán,

Águila, Gallo, Luna, León, Sol en marca.

 

XXXII             El gran Imperio será pronto trasladado

A lugar pequeño, que bien pronto crecerá,

Lugar muy ínfimo de exigua comarca,

Donde, en medio, su cetro establecerá.

 

XXXIII            Cerca de un gran puente de una planicie espaciosa,

El gran León por fuerzas Imperiales,

Hará abatir fuera de la ciudad rigurosa,

Por terror las puertas le serán cerradas.

 

XXXIV           El pájaro de presa volando a la ventana,

Antes del conflicto hace a los Franceses pavurà,

Uno bueno tomará, el otro ambiguo siniestro:

La parte débil tendrá por buen presagio.

 

XXXV            El joven león dominará al viejo

En campo bélico, por duelo singular,

En jaula de oro le saltará los ojos,

Dos clases una, luego morir con muerte cruel.

 

XXXVI           Tarde el Monarca se arrepentirá,

De no haber dado muerte a su adversario,

Pero llegará luego a consentir mucho más,

Que toda su sangre por muerte hará deshacer.

 

XXXVII           Un poco antes de que el Sol se esconda

Conflicto estallado, gran pueblo en duda,

Oíd, puerto marino no responde,

En dos extraños lugares, Puente y Sepultura.

 

XXXVIII          El Sol y el Águila al vencedor se aparecerán,

Respuesta vana al vencido se le asegura,

Los arneses ni con cuerpos ni con gritos detendrán,

Vindicada la paz con la muerte se termina a tiempo.

 

XXXIX           De noche en la cama al supremo estrangula,

Por haber permanecido demasiado rubio elegido,

Por tres el Imperio subrogado exangüe,

A muerte condenar carta y paquete no leído.

 

XL                 La falsa tromba, simulando locura,

Hará Bizancio un cambio de leyes,

Histra de Egipto que quiere que se desligue,

Edicto cambiando moneda y quilates.

 

XLI                Asedio en ciudad es de noche asaltada,

Escapado por poco, no lejos del mar conflicto,

Mujer de gozo desvanecida por la vuelta del hijo,

Veneno y cartas escondidas en la plica.

 

XLII                La décima Calenda de Abril del hecho gótico

Resucitado todavía por gente perversa,

El fuego extinto, diabólica asamblea,

Buscando los huesos de Amant y de Pselin.

 

XLIII               Antes de que llegue el cambio del Imperio

Sucederá un caso maravilloso,

El campamento atónito, el depredador de Porfirio

Enviado, impuesto sobre el escollo litigioso.

 

XLIV              En breve volverán los sacrificios,

Contraventores sufrirán martirio:

No existirán más monjes, abades ni novicios,

La miel será mucho más cara que la cera.

 

XLV               Sectario de sectas gran pena al delator

Bestia en teatro, dispuesto el aparato escénico,

Del hecho antiguo ennoblecido el inventor,

Por sectas mundo confuso y cismático.

 

XLVI              Muy cerca de Aux, de Lestore y Miranda,

Gran fuego del cielo en tres noches caerá:

Causa ocurrirá muy estupenda y Miranda,

Muy poco después la tierra temblará.

 

XLVII             Del lago Leman los discursos enojarán,

Los días serán reducidos a semanas,

Luego meses, luego años; luego todos desfallecerán,

Los Magistrados condenarán sus leyes vanas.

 

XLVIII             Veinte años del reino de la Luna transcurridos,

Siete mil años otro tendrá su Monarquía,

Cuando el sol tome sus días cansados,

Entonces cumplida y consumada mi profecía.

 

XLIX              Mucho antes de tales intrigas,

Los de Oriente por la virtud lunar:

El año mil setecientos harán grandes cambios,

Subyugando casi el rincón Aquilonar.

 

L                   En la acuática triplicidad nacerá,

De uno que tendrá el jueves por su fiesta:

Su fama, loor, reino, su poderío crecerá,

Por tierra y mar tempestad en los Orientes.

 

LI                   Jefes de Aries, Júpiter y Saturno,

¿Oh Dios eterno, qué mutaciones?

Después por larga duración vuelve su perverso tiempo

Galía a Italia, ¿qué mutaciones?

 

LII                  Los dos malignos de Escorpión conjuntos,

El gran señor asesinado dentro de la sala:

Peste a la Iglesia por el nuevo Rey agregado,

La Europa baja y la septentrional.

 

LIII                 ¡Ay! Cuando se vea a un gran pueblo atormentado,

Y la ley Santa en total ruina,

Por otras leyes la Cristiandad toda,

Cuando de oro y de plata se halle nueva mina.

 

LIV                Dos revoluciones hechas por el malvado hocero,

De reino y siglos hace mutación:

El móvil signo en su lugar se insiere,

A los dos iguales y de inclinación.

 

LV                 Bajo el contrario clima babilónico,

Grande será de sangre la efusión,

Porque tierra y mar, aire, cielo será inicuo,

Sectas, hambre, reinos, pestes, confusión.

 

LVI                Veréis tarde o temprano hacer gran cambio,

Horrores extremos y vindicaciones:

Que si la Luna por su ángel conducida,

El cielo se acerca a las inclinaciones.

 

LVII                Por gran discordia la tromba temblará,

Acuerdo roto levantando la cabeza al Cielo,

Boca sangrante en la sangre nadará,

Al suelo el rostro untado de leche y miel

 

LVIII               Abierto el vientre nacerá con dos cabezas,

Y cuatro brazos; ¿cuántos años enteros vivirá?

Día en que Aquilea celebre sus fiestas,

Fossen, Turín, jefe Ferrara seguirá.

 

LIX                Los proscritos deportados a las Islas,

AI cambiar por un más cruel Monarca,

Serán ejecutados y quemados en grandes piras,

Los que al hablar no hayan sido parcos.

 

LX                 Nacerá un Emperador cerca de Italia,

Que al Imperio costará muy caro;

Dirán con qué gentes él se alía,

Y lo encontrarán menos príncipe que carnicero.

 

LXI                La república miserable infeliz

Devastada será por el nuevo magistrado,

Su gran montón del exilio maléfico

Hará Suecia quitar lo contratado.

 

LXII                La gran pérdida, ¡ay!, que harán las letras,

Antes de que el cielo de Latona sea perfecto,

Hubo gran diluvio más por ignaros cetros,

Que por largo tiempo no se verá rehecho.

 

LXIII               Los azotes pasados disminuido el mundo,

Largo tiempo la paz, tierras deshabitadas,

Hermana irá por el cielo, tierra, y onda,

Después de nuevo las guerras suscitadas.

 

LXIV              De noche Sol creerán haber visto

Cuando se vea el cerdo mitad hombre.

Ruido, canto, batalla, en el cielo batir apercibido,

Y bestias brutas se oirán hablar.

 

LXV               Niño sin manos, nunca visto tan gran fulgor,

El niño real al juego de bolos herido,

En el pozo rotos, fulgurados yendo a triturar,

Tres bajo cadenas por la mitad partidos.

 

LXVI              Aquel que entonces llevará las noticias,

Después del primero él vendrá a respirar,

Viviers, Tournon, Montferrant y Pradelles,

Tempestad y granizo le harán suspirar.

 

LXVII             La gran hambre que siento acercarse,

Rondará a menudo y luego será universal

Tan grande y larga que llegará a arrancarse

Del bosque la raíz y al niño del pecho.

 

LXVIII             ¡Oh qué horrible a infeliz tormeto!

­Tres inocentes serán condenados,

Veneno sospechoso traición mal considerada,

Puestos en horror por verdugos borrachos.

 

LXIX              El gran monte redondo de siete estadios,

Después de la paz, hambre, inundación,

Rodará lejos atropellando grandes comarcas,

Aun antiguas y de gran fundación.

 

LXX               Lluvia, hambre, guerra en Persia no ultimada,

La fe demasiado grande traicionará al monarca:

Para la terminación en Galia iniciada,

Secreto augurio para una existencia parca.

 

LXXI              La Torre Marina tres veces tomada y reconquistada,

Por Españoles, Bárbaros, Ligurinos:

Marsella y Aix, Arles por los de Pisa,

Pillaje, fuego, hierro, saqueada Aviñón por los Turineses.

 

LXXII             Completamente Marsella de los habitantes cambia­da,

Galopada y después fuga hasta cerca de Lyón,

Narbona, Tolosa por Burdens ultrajadas,

Muertos y prisioneros cerca de un millón.

 

LXXIII             Francia tiene cinco partes por negligencia asediadas,

Túnez, Argal acometidas por Persas:

León, Sevilla, Barcelona caída,

No tendrá la flota por los Venecianos.

 

LXXIV            Después de su estancia navegará hacia Epiro,

El gran socorro vendrá hacia Antíoco:

El negro pelo rizado tendrá en su mano el Imperio,

Barba de bronce se asará en el espetón.

 

LXXV             El tirano Siena ocupará Savona,

El vencedor fuerte tendrá flota:

Las dos armadas de la Marca de Ancona,

Por miedo el jefe se examina.

 

LXXVI            Alguien proferirá un nombre temido,

Que las tres hermanas habrán pronunciado:

Después un gran pueblo con lengua y hecho dirá,

Más que otro cualquiera fama y renombre tendrá.

 

LXXVII           Entre dos mares levantará un promontorio,

Y luego por mordedura de caballo morirá:

El suyo Neptuno negra vela plegará,

Por Calpre y ejército cerca de Rocheval.

 

LXXVIII          De un jefe viejo nacerá cerebro alelado,

Degenerando por saber y por armas:

El jefe de Francia por su hermana temido,

Entregado a les gendarmes, campo dividido.

 

LXXIX            Bazaz, Lectore, Condon, Ausch, Agine,

Hartos de leyes, querella y monopolio:

Ya que Bourd, Tolosa Bay pondrá en ruina,

Queriendo renovar su tauropolio.

 

LXXX             De la sexta claro resplandor celeste,

Vendrá a tronar muy fuerte en la Borgoña,

Luego nacerá monstruo de odiosa bestia,

Marzo, Abril, Mayo, Junio gran esqueleto y roña.

 

LXXXI            De la humana grey nueve serán puestos aparte,

Separados por juicio y por consejo,

Su fuerza será dividida en partes,

Kappa, Thita, Lambda muertos confinados disper­sos.

 

LXXXII           Cuando las columnas de madera tiemblen fuertemente,

De austera conducta, cubiertas de adornos,

Entonces se vaciará para fuera gran asamblea,

Temblar Viena y el país de Austria.

 

LXXXIII          La gente extraña repartirá botines,

Saturno en Marte mirará furioso,

Horrible extraño a los Toscanos y Latinos,

Griegos que estarán deseosos de herir.

 

LXXXIV          Luna oscurecida en profundas tinieblas,

Su hermano pasa de color ferruginoso,

El gran escondido mucho tiempo bajo tinieblas,

Entibiará hierro en la presa sanguinosa.

 

LXXXV          Por la respuesta de Dama Rey turbado,

Embajadores despreciarán su vida,

El grande imitará a sus hermanos,

Por dos morirán ira, odio y envidia.

 

LXXXVI          La gran Reina cuando se vea vencida

Hará exceso de masculino coraje,

Sobre caballo, río pasará desnuda,

En seguida, por hierro, a la fe hará ultraje.

 

LXXXVII         En el fuego del centro de la tierra,

Hará temblar alrededor de ciudad nueva

Dos grandes riscos largo tiempo harán la guerra,

Después Aretusa enrojecerá río nuevo.

 

XXXVIII         El divino mal sorprenderá al gran Príncipe,

Que un poco antes habrá mujer desposado,

Su apoyo y crédito de repente será débil,

Consejo morirá por la cabeza rapada.

 

LXXXIX          Todos los de Illerda estarán en el Mosela,

Matando a todos los del Loira y Sena,

El curso marino vendrá cerca de alta vela,

Cuando Españoles abrirán toda vena.

 

XC                 Burdeos, Poitiers al son de la batalla,

En tropel irán hasta el Angón,

Contra Galos será su tramontana,

Cuando odioso monstruo nazca cerca de Orgón.

 

XCI                Los Dioses harán a los humanos aparición,

Porque serán autores de gran conflicto,

Antes visto el Cielo sereno espada y lanza,

Que en la mano izquierda será mayor aflicción.

 

XCII               Bajo uno la paz será por doquier aclamada,

Pero no por mucho tiempo saqueo y rebelión,

Por rechazo ciudad, mar y tierra mermadas,

Muertos y cautivos el tercio de un millón.

 

XCIII              Tierra Itálica junto a montes temblará,

Lyón y Coq no muy confederados,

En vez de miedo uno a otro se ayudarán,

Sólo Catulón y Celtas moderados.

 

XCIV              En Puerto Selín el tirano condenado a muerte,

No por eso la libertad recuperada:

Por venganza y remordimiento el nuevo Marte,

Dama a fuerza de espanto honrada.

 

XCV              Ante Moustier hallado niño gemelo,

De heroica sangre de monje y vetusto,

Su clamor por secta, lengua y potente sonido,

Que se diría el rapaz muy educado.

 

XCVI              Aquel que tendrá a su cargo destruir,

Templos y sectas cambiados por fantasía:

Más a las rocas que a los vivientes dañará,

Mediante lengua adornada con orejas recogidas.

 

XCVII             Lo que hierro, llama no supo acabar,

La dulce lengua al consejo vendrá a hacer:

Por esposo, sueño, el Rey hará soñar,

Más el enemigo en fuego, la sangre militar.

 

XCVIII            El jefe que habrá conducido pueblo infinito

Lejos de su cielo, de costumbres y lengua extraños,

Cinco mil en Creta y Tesalia acabados,

El jefe huyendo en la marina cabaña.

 

XCIX              El gran monarca que hará compañía

Con dos Reyes unidos por amistad:

¡Oh, qué suspiro dará la gran comarca!

Hijos Narbon alrededor, ¡qué piedad!

 

C                   Largo tiempo en el cielo pájaro gris será visto,

Cerca de Dole y de Toscana tierra,

Llevando en el pico verdeante rama

Morirá pronto grande y acabará la guerra.

 

 

CENTURIA II

 

I                    Hacia Aquitania por ínsulas Británicas

Y desde las mismas grandes incursiones:

Lluvias, gelatinas harán tierras inicuas,

Puerto Selín hará fuertes invasiones.

 

II                    La cabeza azul hará la cabeza blanca,

Tanto mal que Francia ha hecho su bien:

Muerte en la antena, gran colgado en la rama,

Cuando presos por los suyos dirá cuántos el Rey.

 

III                   Por el calor del sol subido del mar

Los peces de Negroponte medio cocidos,

Los habitantes vendrán a comerlos,

Cuando a Rodi y Gennes les faltará el bizcocho.

 

IV                  Desde Mónaco hasta junto a Sicilia,

Toda la playa quedará desolada,

No habrá barrio, ciudad ni villa,

Que por Bárbaros no sea saqueada y robada.

 

V                   Cuando dentro de un pez, hierro y carta cerrada,

Afuera salga el que luego hará la guerra,

Tendrá por mar su flota bien bogada,

Apareciendo cerca de la Latina tierra.

 

VI                  Cerca de las puertas y dentro dos ciudades

Habrá dos azotes, nunca se vio tal,

Hambre, dentro peste, por el hierro fuera gente echada,

Invocar socorro al gran Dios inmortal.

 

VII                 Entre varios a las islas deportados,

Uno nacido con dos dientes en la garganta:

Morirán de hambre, los árboles agitados,

Para ellos nuevo Rey nuevo edicto emanará.

 

VIII                 Templos sacros del antiguo rito romano,

Rechazarán la sima de los fundamentos,

Tomando sus leyes primeras y humanas,

Rechazando, no todo, los cultos de los santos.

 

IX                  Nueve años el macilento en paz se mantendrá,

Luego estallará en una sed muy sanguinaria,

Por él gran pueblo sin fe ni ley morirá,

Muerto por otro mucho más clemente.

 

X                   Muy pronto todo será arreglado,

Esperamos un siglo bien siniestro:

El estado de las máscaras y de los solitarios bien cambiado;

Pocos encontrarán que a su rango quieran ser.

 

XI                  El próximo hijo del mayor llegará,

Tan alto hasta el reino de los fuertes:

Su áspera gloria cada uno temerá,

Pero sus hijos del reino serán echados.

 

XII                 Ojos cerrados, abiertos a la antigua fantasía,

La costumbre de los solitarios será aniquilada:

El gran monarca castigará su frenesí,

Robar de los templos el tesoro antes que nada.

 

XIII                 El cuerpo sin alma no es ya en sacrificio,

Día de la muerte puesto en natividad:

El espíritu divino hará feliz al alma,

Contemplando al Verbo en su eternidad.

 

XIV                En Tours, Gien, ojearán ojos penetrantes,

Descubrirán de lejos la gran serena:

Ella y su séquito entrarán en el puerto,

Combates, empujad, potencia soberana.

 

XV                 Un poco antes del monarca asesinado,

Cástor y Pólux en nave, astro con crines:

El bronce público por tierra y mar vaciado,

Pisa, Asti, Ferrara, Turín, tierra prohibida.

 

XVI                Nápoles, Palermo, Sicilia, Siracusa,

Nuevos tiranos, fulgurantes fuegos celestes:

Fuerza de Londres, Gante, Bruselas y Susa,

Gran hecatombe, triunfo festejar victoria.

 

XVII               El campo del templo de la virgen vestal,

No lejos de Ethen y los montes Pirineos:

El gran conducto es ocultado en el aguazal,

Norte arrojados ríos y viñas cruzadas.

 

XVIII              Nueva Lluvia, súbita, impetuosa,

Impedirá de súbito a los dos ejércitos:

Piedra, cielo, fuegos hacer la mar pedregosa,

La muerte de siete, tierra y mar súbitos.

 

XIX                Nuevos llegados lugar edificado sin defensa,

Ocupar el lugar hasta entonces inhabitable:

Tomar a placer prados, casas, campos y ciudades,

Hambre, peste, guerra, vastas tierras laborables.

 

XX                 Hermanos y hermanos en varios lugares cautivos,

Desfilarán cerca del monarca:

Al contemplar con atención sus rasgos,

Poco agradable ver mentón, frente, nariz, las mar­cas.

 

XXI                El embajador enviado con una birreme,

Rechazado a medio camino por desconocidos:

A su refuerzo vendrán cuatro trirremes,

En Negroponte cargados de cuerdas y cadenas.

 

XXII               El campo Ascop de Europa partirá,

Acercándose a la Isla inundada:

El ejército de Artón falange doblegará,

Ombligo del mundo por gran voz subrogada.

 

XXIII              Palacios, pájaros, por pájaro abatidos,

Inmediatamente después de haber llegado el Prín­cipe

Muchas veces más allá del río enemigo rechazado,

Vuelo sostenido de pájaro capturado fuera.

 

XXIV              Bestias enfurecidas codiciosas de beber en los ríos,

Gran parte del campo será frente a Híster,

En jaula de hierro el jefe se desplazará,

Cuando nada observe el hijo Germánico.

 

XXV              La guardia extranjera traicionará fortaleza,

Esperanza y sombra de más estrecho maridaje:

Guardia completamente delusa encerrada en la prensa,

Loira, Saona, Ródano, Gar a muerte ultraje.

 

XXVI              Por el favor que haga la ciudad,

Al grande que pronto perderá el campo de batalla,

Huido de las filas Pau Tesino verterá,

Sangre, fuego, muertos, ahogados a hachazos.

 

XXVII             El divino verbo será desde el cielo herido,

Y no podrá  proceder más adelante:

Del atacado el secreto es fulminado,

Se le pisoteará por encima y por delante.

 

XXVIII            El penúltimo con el sobrenombre del prófeta,

Tomará Diana por su día de descanso:

Lejos vagará por frenética testa,

Y librando a un gran pueblo de impuestos.

 

XXIX              El Oriental saldrá de su sede,

Pasar los montes Apeninos, ver la Galia:

Traspasará el cielo, las aguas y la nieve,

Y a cada uno golpeará con su vara.

 

XXX              Uno que los dioses infernales de Ambal,

Hará renacer, terror de los humanos:

Nunca más grande horror se contará,

De cuanto ocurrirá por Babel a los Romanos.

 

XXXi              En Campania el Casilino hará tanto,

Que no se verá más que campos inundados:

Y después de la lluvia muy intensa,

Fuera de los árboles no se verá nada verde.

 

XXXII             Leche sin ranas escurrirá en Dalmacia,

Conflicto dado, peste junto a Balennes

Grande será el grito en toda la Esclavonia,

Cuando nazca monstruo cerca y dentro Ravena.

 

XXXIII            Por el torrente que desciende de Verona,

Por entonces hasta el Po guiará su entrada:

Un gran naufragio y no menor en Garona,

Cuando los de Génova vayan a su encuentro.

 

XXXIV           La ira insensata del combate furioso,

Hará en la mesa de hermanos el hierro brillar:

Los separará y herido y curioso,

El fiero duelo vendrá a Francia perjudicar.

 

XXXV            En dos mansiones de noche el fuego prenderá,

Muchos dentro ahogados y quemados:.

Cerca de dos ríos uno sólo llegará:

Excepto el Arcq y Caper todos serán amortiguados.

 

XXXVI           Del gran profeta las cartas serán hurtadas,

Y entre las manos del tirano caerán,

Traicionar a su Rey serán sus empresas,

Pero sus rapiñas muy pronto le dañarán.

 

XXXVII           Del gran número que se le va a mandar,

Para socorrer al fuerte asediado.,

Peste y hambre a todos han de devorar,

Excepto setenta que serán salvados.

 

XXXVIII          Habrá gran número de condenados,

Cuando los Monarcas se hayan conciliado:

Pero uno de ellos estará tan disgustado,

Que casi nunca se verán ya juntos.

 

XXXIX           Un año antes del conflicto Itálico,

Germanos, Galos, Españoles por el fuerte,

Será revuelta la casa de la república,

Donde, al poco, excluidos, irán sofocados a la muer­te.

 

XL                 Poco después, sin excesivo intervalo,

Por mar y tierra será hecho gran tumulto.

Mucho mayor será pugna naval,

Fuegos, animales, que harán mayor insulto.

 

XLI                La gran estrella durante siete días arderá,

Nublado hará que dos soles aparezcan,

El fiero mastín toda la noche aullará,

Cuando gran Pontífice cambie de territorio.

 

XLII                Gallos, perros y, gatos de sangre quedarán ahítos,

Y de la herida del tirano hallado muerto,

En la cama de otro, piernas y brazos rotos,

Que no había podido morir de peor muerte.

 

XLIII               Durante la visible estrella cabelluda,

Los tres grandes príncipes se habrán enemistado:

Heridos por el cielo, paz, tierra temblante,

Pau, Timbre, diente, serpiente puesta en el borde.

 

XLIV              El águila impelida en torno a los pabellones,

Por otros pájaros de alrededor será expulsada:

Cuando ruido de címbalos, flautas y esquilones,

Devuelvan el sentido a la insensata dama.

 

XLV               Demasiado el cielo llora a Andrógeno procreado,

Cerca del cielo sangre humana derramada:

Por muerte muy tardía gran pueblo recreado,

Tarde y temprano viene el socorro esperado.

 

XLVI              Después de gran discordia humana otra mayor se apresta

El gran motor los siglos renueva:

Lluvia, sangre, leche, hambre, hierro y peste,

En el cielo visto fuego, corriendo larga centella.

 

XLVII             El enemigo envejecido doliente muere envenenado,

Los soberanos por infinitos subyugados:

Piedras llover escondidas bajo el vello,

Para matar artículos en vano son alegados.

 

XLVIII             El gran ejército que pasará los montes,

Saturno en el arco giratorio del pez Marte:

Venenos escondidos en cabezas de salmones,

Su jefe suspendido de cuerda colgante.

 

XLIX              Los consejeros del primer monopolio,

Los conquistadores seducidos por la Melita:

Rodas, Bizancio para sus exponentes polos,

Tierra necesitarán los perseguidores en huida.

 

L                   Cuando los de Hainault, de Gante y de Bruselas,

Vendrán ante el asedio de Langres,

Detrás de sus flancos habrá guerras crueles,

La lacra antigua será peor que enemigos.

 

LI                   La sangre del justo en Londres escaseará,

Quemados por el rayo de veintitrés los seis,

La antigua dama caerá de su alto puesto,

De la misma secta muchos serán muertos.

 

LII                  En varias noches la tierra temblará,

Hacia la primavera dos esfuerzos seguidos,

Corinto, Éfeso en los dos mares nadará,

Guerra desencadenada por dos valientes corajudos.

 

LIII                 La gran peste de ciudad marítima,

No cesará hasta que muerte no sea vengada

Condenada sin crimen del justo sangre tomada,

De la gran dama por disimulo no ultrajada.

 

LIV                Por gente extranjera y lejana de los Romanos,

Su gran ciudad después de la tempestad gravemente turbada,

Hija sin excesivo diverso dominio,

Prisionero el jefe, terror de ser afectado.

 

LV                 En el conflicto el grande que poco valía,

Al final hará algo maravilloso,

Mientras Hadria vea lo que necesitaba,

Durante el festín apuñala al orgulloso.

 

LVI                Que peste y espada no ha sabido adivinar

Muerte en el pozo, bóveda del cielo batida:

El abate morirá cuando vea que caen en ruina,

Los del naufragio deseosos de agarrarse al escollo.

 

LVII                Antes del conflicto el grande caerá,

El grande a muerte, muerte, muy repentina y sen­tida,

La Nave imperfecta, la mayor parte nadará,

Junto al río la tierra quedará de sangre teñida.

 

LVIII               Sin pie ni mano diente agudo y fuerte,

Por globo al fuerte de puerto y el mayor nacido,

Junto al portal desleal se transporta,

Sileno reluce, pequeño, grande conducido.

 

LIX                Flota gálica apoyada por gran guardia,

Del gran Neptuno y sus fuertes tridentes,

Ocupada Provenza para sostener gran banda,

Y Marte Narbón con dardos y venablos.

 

LX                 La fe Púnica en Oriente rota

Gran Iud y Rosne, Loira y Tag, cambiarán,

Cuando el hambre del mulo sea saciada,

Ejército derrotado, sangre y cuerpos nadarán.

 

LXI                Euge, Támesis, Gironda y la Rochella,

¡Oh, sangre troyana muerta en el puerto de la fle­cha!

Tras el río en el fuerte apoyada la escala,

Dardos, fuego, gran mortandad en la brecha.

 

LXII                Mabus entonces muy pronto morirá, vendrá

De gentes y bestias terrible descalabro,

Luego, de pronto, se verá la venganza,

Cien, mano, sed, hambre, cuando corra el cometa.

 

LXIII               El Galo a Asón bien poco subyugará,

Pau, Marne y Sena se enfurecerán contra Perme,

Quien el gran muro contra ellos levante,

Del primero al último el mayor perderá la vida.

 

LXIV              Morir de hambre, de sed, gente Ginebrina,

Esperanza próxima vendrá a desfallecer,

Sobre puente temblante será ley Genovesa,

Flota en gran puerto no se puede acoger.

 

LXV               El parque inclinado gran calamidad,

Por la Hesperia a Insubria hará,

El fuego en la nave peste y cautividad,

Mercurio en el Arco Saturno morirá.

 

LXVI              De grandes peligros el cautivo escapado,

En poco tiempo el grande fortuna ha cambiado:

En palacio el pueblo es atrapado,

Por buen augurio la ciudad sitiada.

 

LXVII             El rubio de nariz ganchuda vendrá a ejecutar,

Por el duelo y expulsará fuera,

Los desterrados dentro restablecerá,

En los lugares marinos venciendo los más fuertes.

 

LXVIII             Del Aquilón los esfuerzos serán grandes,

Sobre el Océano estará la puerta abierta:

EI reino en la Isla será restablecido,

Temblará Londres por vela descubierta.

 

LXIX              El Rey Galo por la Céltica diestra,

Viendo discordia en la gran Monarquía,

Sobre las tres partes hará florecer su cetro,

Contra la capa de la gran Jerarquía.

 

LXX               El dardo del cielo se extenderá

Muertos mientras hablan, gran ejecución,

La piedra en el árbol la altiva gente se rendirá,

Monstruoso fragor humano, purga y expiación.

 

LXXI              Los exiliados desembarcarán en Sicilia,

Para librar del hambre a la gente extranjera,

Al romper el día Ilegarán los Celtas,

La vida permanece, el Rey a la razón se rinde.

 

LXXII             Armada Céltica en Italia vejada,

De todas partes conflicto y gran pérdida,

Romanos vencedores, oh Galia rechazada,

Cerca de Tesín Rubicón pugna incierta.

 

LXXIII             En el lago Fucín de Benac la orilla,

Apresado por el Leman en el puerto de Orguión,

Nacido de tres brazos predice imagen bélica,

Por tres coronas al gran Endimión.

 

LXXIV            Desde Sens y Autun llegarán hasta el Ródano,

Para ir más allá y pasar los Pirineos,

La gente dejará la comarca de Ancona,

Por tierra y mar seguirá muy numerosa.

 

LXXV             La voz oída del insólito pájaro

Sobre el canal del respirable plano:

Tan alta llegará del trigo la medida,

Que el hombre del hombre será antropófago.

 

LXXVI            Rayo en Borgoña suscitará hecho portentoso.

Y con ningún medio nunca se podría hacer,

De su senado sacro un hecho dudoso.

Hará saber a sus enemigos el quehacer.

 

LXXVII           Por arcos fuegos, acá y allá fuegos rechazados,

Gritos, alaridos a medianoche oídos:

Se adentran por los muros destruidos,

Por canículas los traidores seguidos.

 

LXXVIII          El gran Neptuno de lo profundo del mar,

De gente Púnica y sangre Gala mezclado:

Las Islas a sangre por el tardo remar,

Más le dañará que el mal ocultado.

 

LXXIX            La barba rizada y negra gracias a su ingenio,

Subyugará a la gente cruel y fiera:

El gran Chirén sacará del presidio

A todos los cautivos por Selín desterrados.

 

LXXX             Tras conflicto del lesionado la elocuencia,

Por poco tiempo se trama fingido reposo;

En absoluto se admite la entrega de los grandes,

Enemigos son remitidos a propósito.

 

LXXXI            Por fuego del cielo la ciudad casi quemada,

La urna amenaza aún Deucalión,

Vejada Cerdeña por la Púnica gente,

Después de que Libra deje su Phaëtón.

 

LXXXII           Por hambre la presa hará lobo prisionero,

Atándola fuera con extrema habilidad,

El nacido teniendo delante el último

El grande no escapa en medio de la prensa.

 

LXXXIII          El mucho tráfico de un gran Lyón cambiado,

La mayor parte cae en prístinas ruinas,

Presa a los soldados por saqueo vendimia:

Por los montes del Jura y Sueve neblina.

 

LXXXIV          Entre Campania, Siena, Flora, Tustia,

Seis meses nueve días no lloverá una gota:

La extraña lengua en tierra de Dalmacia,

Correrá adelante, devastando la tierra toda.

 

LXXXV          El viejo raso barbs bajo el estatuto severo,

En Lyón sobrevuela el Águila Céltica,

El pequeño grande persevera a ultranza,

Ruido de armas en el cielo, mar roe Ligústica.

 

LXXXVl          Naufraga la flota cerca de onda Adriática,

La tierra tiembla sacudida por el aire en tierra puesto,

Egipto tiembla aumento Mahomético,

El Herault grita con todas sus fuerzas.

 

LXXXVII         Después vendrá de países lejanos,

Príncipe Germano en trono dorado:

La esclavitud y aguas removidas,

La dama esclava, su tiempo ya no es amado.

 

LXXXVIII        El circuito del grande y ruinoso pacto,

El séptimo nombre del quinto será:

De un tercio mayor el extranjero belicoso,

Mouton, Lutecia, Aix no garantizará.

 

LXXXIX          Un día se repartirán el mundo los dos grandes maes­tros,

Su gran poder se verá aumentado:

La tierra nueva estará en sus poderosas manos,

Los días del sanguinario están contados.

 

XC                 Por vida y muerte cambiado reino de Hungría,

La ley será más áspera que obsequiosa:

Su gran ciudad de alaridos, quejas y gritos,

Cástor y Pólux enemigos en la palestra.

 

XCI                AÍ nacer el sol se verá un gran fuego,

Ruido y claridad hacia Aquilón tendientes,

Dentro del círculo se oirán gritos y muerte:

Muerte que será por guerra, fuego y hambre.

 

XCII               Fuego calor de oro del cielo en tierra visto,

Herido del alto nacido, hecho caso maravilloso:

Gran excidio humano: presa del gran sobrino,

Muertos de espectáculos, huído el orgulloso.

 

XCIII              Muy cerca del Tíber, junto a la Libitina,

Un poco antes gran inundación:

El jefe de la nave preso, metido en la sentina,

Castillo, palacio en conflagración.

 

XClV              Gran Pitu, gran mal por Galos recibirá.

Vano terror al marítimo Lyón:

Pueblo infinito por el mar pasará,

Sin escapar un cuarto de un millón.

 

XCV              Los lugares poblados serán inhabitables,

Para los campos habrá gran división:

Los reinos a prudentes ineptos entregados,

Entonces los hermanos mayores muerte y disensión.

 

 

XCVI              Antorcha ardiente en el cielo, de noche, será vista,

Cerca del fin y principio del Ródano,

Hambre, espada, tarde el socorro previsto,

Persia vuelve a invadir Macedonia.

 

XCVII             Romano Pontífice, guárdate de acercarte

A la ciudad regada por dos ríos:

Tu sangre vendrá allí cerca a esputar,

Cuando florezca la rosa, tú y los tuyos.

 

XCVIII            Quien de sangre rocía la cara,

De la víctima próxima al sacrificio,

Teniendo en Leo augur por presagio,

Será llevado a muerte por la desposada.

 

XCIV              Territorio romano que interpretaba agorero,

Por gente Gala será muy vejado:

Pero nación Céltica temerá el momento,

Boreas, ejército demasiado lejos lo habrá empujado.

 

C                   En las islas tan terrible tumulto,

Pronto no habrá más que una bélica pugna:

Tan grande será de los depredadores el insulto,

Que habrá que alinearse en la grande liga.

 

CENTURIA III

 

I                    Después del combate y batalla naval,

El gran Neptuno en su máxima exaltación:

Rojo adversario palidecerá de miedo

Poniendo al gran Océano en espanto.

 

 

II                    El Verbo divino dará a la sustancia,

Comprendidos cielo, tierra, oro oculto a la leche mística

Cuerpo, alma, espíritu con toda potencia,

Tanto bajo sus pies como en la sede Céltica.

 

III                   Marte y Mercurio y la plata juntos,

Hacia el Mediodía extrema sequedad:

En el fondo de Asia se diría tierra temblar,

Corinto, Éfeso entonces en perplejidad.

 

IV                  Cuantlo el defecto de los lunares se aproxime,

Y haya del uno al otro poca distancia,

Frío, sequedad, peligros hacia los confines,

En el propio lugar donde el oráculo tomó inicio.

 

V                   El defecto más lejano de los dos grandes luminares,

Que acontecerá entre Abril y Mayo;

¡Oh, qué precio!, pero dos grandes magnánimos,

Por tierra y mar ayudando en todas partes.

 

VI                  En el templo cerrado el rayo penetrará,

Los ciudadanos extenuados en sus fuertes:

Caballo, bueyes, hombres la onda los tocará

Con hambre, sed los más débiles armados.

 

VII                 Sobre las picas de los fugitivos fuego del cielo,

Conflicto próximo de los cuervos jugueteando,

Desde tierra se implora ayuda socorro del cielo,

Cuando junto a los muros estarán los contendientes.

 

VIII                 Los Cimbrios junto con sus vecinos,

Vendrán a despoblar casi la España:

Gentes amontonadas; Guyena y Lemosinos

Estarán en liga y les harán campaña.

 

IX                  Burdeos, Rouen y la Rochelle unidos,

Tendrán alrededor el gran mar Océano,

Ingleses, Bretones y los Flamencos reunidos,

Los echarán hasta cerca de Roüane.

 

X                   De sangre y hambre mayor calamidad,

Siete veces se acerca a la marina playa:

Mónaco de hambre, lugar tomado, cautividad,

El grande esposado golpeará jaula ferrada.

 

XI                  Las armas batir en el cielo larga estación,

El árbol en mitad de la ciudad caído:

Tornado, roña, espada, enfrente tizón,

Cuando el Monarca de Hadria sucumbido.

 

XII                 Por el tumor de Heb, Po, Tag, Tiber y Roma,

Y por el lago Leman y Aretín:

Los dos grandes jefes y ciudades del Garona,

Capturados, muertos, anegados. Partir humano botín.

 

XIII                 Por rayo en el arco oro y plata fundidos

De los dos cautivos el uno del otro comerá:

De la ciudad la mayor extensión,

Cuando sumergida nade la flota.

 

XIV                Por la descendencia de un insigne personaje,

De Francia abatida por un padre desgraciado:

Honores, riquezas, trabajo en su edad venerando,

Por haber seguido el consejo de un hombre honrado.

 

XV                 Corazón, vigor, gloria el reino cambiará

De todas partes teniendo en contra a su adversario:

Entonces Francia infancia por muerte subyugará,

Un gran Regente será entonces más contrario.

 

XVI                Un príncipe Inglés, Marte en su corazón de cielo,

Querrá proseguir su próspera fortuna:

De los dos desafíos uno le atravesará la hiel,

¡Ay de él!, bienamado de su madre.

 

XVII               Monte Aventino será visto de noche quemar,

El cielo oscuro súbitamente en Flandes,

Cuando el Monarca eche a su sobrino,

Sus gentes de Iglesia provocarán desórdenes.

 

XVIII              Tras la lluvia caída bastante prolongada,

En varios lugares de Reims el cielo tocado :

¡Oh, qué conflicto de sangre junto a ellos se apresta!

Padre a hijo Reyes no osarán acercarse.

 

XIX                En Luca sangre y leche empezará a llover

Un poco antes cambio de pretor:

Gran peste y guerra, hambre y sed hará ver,

Lejos donde morirá el Príncipe rector.

 

X                   Por las comarcas del gran río Bético,

Lejos de Iberia, en el reino de Granada:

Cruces rechazadas por pueblo Mahomético,

Uno de Córdoba traicionará a la comarca.

 

XXI                En el Crustamín por mar Adriática,

Aparecerá un horrible monstruo marino,

De rostro humano y la cola acuática,

Que no se dejará coger por el anzuelo.

 

XXII               Un asalto de seis días contra la ciudad dispuesto,

Una áspera y dura batalla será librada:

Tres la entregarán y a epos perdonado,

Los demás a fuego y sangre serán pasados.

 

XXIII              Si Francia pasa más allá del mar de Liguria,

Te verás en islas y mares encerrado:

Mahomet contrario, más el mar Adriático,

De caballos y asnos roerás los huesos.

 

XXIV              De la empresa gran confusión,

Pérdida de gentes, tesoro innumerable:

Tú no debes aún provocar una tensión,

Francia a mí decir haz que sea recordable.

 

XXV              Quien al Navarro Reino llegue,

Cuando Sicilia y Nápoles se hayan unido:

Bigorra y Landas por Foix entonces ocupará,

De uno que de España será muy allegado.

 

XXVI              Reyes y Príncipes elevarán simulacros, Augures creídos como elevados arúspices; Cuerno, víctima dorada y azul, de acre, Interpretados serán los presagios.

 

XXVri             Príncipe Libio poderoso en Occidente,

De Arabia tanto se inflamará el francés,

Sabio en las letras hará condescendiente,

La lengua árabe al francés verter.

 

XXVIII            De tierra mísera, y pobre parentela,

Por voluntad y paz llegará al Imperio:

Largo tiempo reinará una mujerzuela,

Que nunca a reino nada peor vino.

 

XXIX              Los dos sobrinos en lugares diversos instruidos:

Más horrible monstruo en tierra nunca visto,

Vendrán muy nobles a insignes guerreros,

A vengar las injurias y sucumbirán los enemigos.

 

XXX              Aquel que en lucha y hierro al hecho bélico

Haya traído más grande que él el precio:

De noche en la cama seis lo atacarán,

Desnudo, sin arnés, pronto será preso.

 

XXXI              En los campos de Media, de Arabia, y de Armenia

Dos grandes ejércitos tres veces chocarán,

Cerca del río Araxes la mesnada,

Del gran Solimán por tierra caerán.

 

XXXII             El gran sepulcro del pueblo de Aquitania

Se acercará hasta la Toscana:

Cuando Marte esté junto al suelo Germánico,

Y a la tierra de la región Mantuana.

 

XXXIII            En la ciudad donde entre el lobo,

Muy cerca de allí acamparán los enemigos:

Ejército extranjero un gran país asolará,

Los amigos pasarán de los Alpes la barrera.

 

XXXIV           Cuando la ausencia del Sol entonces sea,

En pleno día el monstruo será visto;

De muy distinto modo se le interpretará,

No importa la carestía, nadie habrá previsto.

 

XXXV            De lo más profundo del Occidente de Europa,

De pobres gentes un niño nacerá,

Que con su hablar seducirá a muchos,

Su fama en el réino de Oriente más crecerá.

 

XXXVI           Sepultado, no muerto apoplético,

Será hallado tener las manos comidas,

Cuando la ciudad condene al herético,

Que tenía sus leyes, sus costumbres cambiadas.

 

 

XXXVII           Antes del asalto, rezada la oración,

Milán tomada por el Águila mediante arteras tram­pas,

Muralla antigua hundida a cañonazos,

A sangre y fuego con gracia para pocos.

 

XXXVIII          La gente Gálica y la nación extranjera,

Más allá de los montes, muertos, presos y afligidos,

Al menos contraria y próxima de vendimia,

Por los amos en acuerdo firmado.

 

XXXIX           Los siete por tres meses en concordia,

Para subyugar los Alpes Apeninos,

Pero la torments y la Liguria cobarde,

Los afligen con súbitas ruinas.

 

XL                 El Gran teatro será de nuevo enderezado,

Los dados echados y las redes ya tendidas,

Demasiado el primero aparte fue dejado,

A causa de arcos postrados, ya rotos desde mucho tiempo.

 

XLI                Un giboso será elegido por el consejo,

Más horrible monstruo en tierra nunca visto,

El golpe, queriendo, reventará el ojo,

El traidor al Rey como fiel recibido.

 

XLII                El niño nacerá con dos dientes en la gola,

Piedras en Tuscia por lluvia caerán

Pasados unos años no habrá ni trigo, ni cebada,

Para alimentar a quienes de hambre morirán.

 

XLIII               Gentes de los alrededores de Tarn, Loth y Garona,

Mirad los montes Apeninos no pasar,

Vuestra tumba cerca de Roma y de Ancona,

El pelo negro y crespo hará trofeo levantar.

 

XLIV              Cuando el animal al hombre doméstico,

Después de grandes penas y saltos venga a hablar,

De rayo a virgen será tan maléfico,

De tierra tomada y suspendido en el afire.

 

XLV               Los cinco extranjeros entrarán en el templo,

Su sangre llegará a la tierra profana:

Para los de Tolosa será un muy duro ejemplo,

De uno que vendrá a sus leyes exterminar.

 

XLVI              El cielo (de Planco la ciudad) nos presagia,

Con señales insignes y con estrellas fijas,

Que de su cambio súbito se acerca el tiempo,

Ni por su bien, ni por sus maleficios.

 

XLVII             El viejo Monarca expulsado de su reino,

A los de Oriente su auxilio irá a pedir:

Por miedo de las cruces plegará su enseña,

A Mitilene irá por tierra y mar.

 

XLVIII             Setecientos cautivos encadenados duramente,

Por la mitad herir, abandonado el fuerte,

La próxima esperanza llegará muy rápidamente,

Pero no tan pronto como una quincena muerte.

 

XLIX              Reino Galo serás muy cambiado,

En lugar extranjero se ha trasladado el imperio:

En otras costumbres y leyes serás colocado,

Ruan y Chartres lo harán mucho peor.

 

L                   La república de la gran ciudad,

De ningún modo consentir querrá,

Rey salir fuera por trompeta ciudad,

La escalera en el muro, la ciudad se arrepentirá.

 

LI                   París conjura un gran asesinato cometer,

Blois lo hará salir en pleno efecto:

Los de Orleans querrán a su jefe reponer,

Angers, Troyers, Langres les harán una fechoría.

 

LII                  En el campo habrá lluvia abundante,

Y en la Pulla una muy grande sequedad,

El Gallo verá al Aguda con su ala mal cumplida,

Por Lyón será puesta en extremidad.

 

LIII                 Cuando el más grande se lleve al prisionero,

De Nuremberg, de Absburgo y los de Basilea,

Por Agripina, jefe Frankfurt tornado,

Atravesarán por Flandes hasta Galia.

 

LIV                Uno de los mayores huirá a España

Que en profunda llaga después vendrá a sangrar,

Pasando fuerzas por las altas montañas,

Devastando todo y luego en Paz reinar.

 

LV                 En el año en que un tuerto reine en Francia,

La corte se encontrará en gran perturbación,

El grande de Blois matará a su amigo,

El reino puesto en mal y duda doble.

 

LVI                Montauban, Nîmes, Aviñón y Beziers,

Peste, truenos y granizo al fin de Marzo,

De París puente, Lyón muro, Montpellier,

Después de seisciens y siete veinte, tres partes.

 

LVII                Siete veces cambiar veréis gente británica,

Tinta en sangre en doscientos noventa años,

Libre, no ya por apoyo Germánico,

Aries duda, su polo es declinante.

 

LVIII               Cerca del Rin de las montañas Nóricas

Nacerá un grande de gente demasiado tarde venida,

Que defenderá Sauroma y las Panónicas,

Que no se sabrá lo que le haya acontecido.

 

LIX                Bárbaro imperio por un tercero usurpado,

La mayor parte de su sangre condenar a muerte:

Por muerte senil, por él, el cuarto atacado,

Por temor de que sangre por otra sangre sea muerta.

 

LX                 Por toda Asia gran proscripción,

Incluso en Misia, Lisia y Panfilia:

Sangre derramará por absolución,

De un joven negro lleno de felonía.

 

LXI                La gran banda y secta crucífera

Se levantará en Mesopotamia:

Del próximo río compañía ligera,

Que tal ley tendrá por enemiga.

 

LXII                A Carcasona dirigirá sus atenciones,

El Romano poder estará del todo afondado,

Próximo al duro cuenco del mar Cirene,

Traspasará los grandes montes Pirineos.

 

LXIII               La mano más corta y su herida cerrada,

Su gran vecino imitará los vestigios:

Ocultos odios civiles y debates,

Retrasarán a los bufones sus folías.

 

LXIV              El jefe de Persia llenará gran Ólcada,

Flota Trirreme contra gente Mahometana,

De Parta y Media y saquear las Cícladas,

Largo tiempo descanso en el gran puerto Jónico.

 

LXV               Cuando el sepulcro del gran Romano hallado,

Al día siguiente será elegido Pontífice,

Del Senado no será aprobado,

Envenenado, su sangre en la sagrada ropa.

 

LXVI              El gran Bailío de Orleans condenado a muerte,

Será por uno de sangre vindicativa:

Él merecerá ésta su suerte,

Prisionero, manos y pies cautivos.

 

LXVII             Una nueva secta de filósofos,

Despreciando muerte, oro, honores y riquezas,

De los Montes Germanos no serán limítrofes,

Sus seguidores tendrán honor y prensa.

 

LXVIII             Pueblos sin jefes de España, de Italia,

Muertos esparcidos por el Queroneso,

Su mano traiciona por locura pasajera,

La sangre por todas partes corre.

 

LXIX              Gran ejército guiado por un joven,

Se entregará en manos de sus enemigos,

Pero el viejo mitad puerco nacido,

Hará que Chalón y Mascón sean amigos.

 

LXX               La Gran Bretaña incluida Inglaterra,

Vendrá por agua tan fuerte a inundar:

La nueva liga de Ausonia le hará guerra,

Que contra aquéllos ellos se alinearán.

 

LXXI              Los de dentro las islas por largo tiempo asediados,

Cobrarán vigor y fuerza contra sus enemigos:

Los de fuera muertos de hambre derrotados,

Por más hambre que nunca serán metidos.

 

LXXII             El buen anciano aún vivo sepultado,

Junto al gran río por falsa sospecha,

El nuevo viejo de riqueza ennoblecido,

Toma a la vez todo el oro del rescate.

 

LXXIII             Cuando al reinado llegue el cojo,

Competidor tendrá próximo bastardo:

Él y también el reino serán tan roñosos,

Que antes de que cure su hora habrá sonado.

 

LXXIV            Nápoles, Florencia, Faenza a Imola

Estarán en términos de tal enojo,

Por complacer a los desdichados de Nola,

Queja de haber a su jefe burlado.

 

LXXV             Pau, Verona, Vicenza, Zaragoza,

Espadas ungidas, terrores húmedos de sangre:

Peste tan grande vendrá a la gran hoya,

Cercano socorro y los remedios muy lejos.

 

LXXVI            En Germania nacerán varias sectas,

Acercándose mucho al feliz paganismo,

El corazón cautivo y pequeños ingresos,

Harán volver a pagar el verdadero diezmo.

 

LXXVII           El tercer clima bájo Aries comprendido,

El año mil setecientos veintisiete, en Octubre,

El Rey de Persia por los de Egipto cogido:

Conflicto, muerte, pérdida: a la cruz gran oprobio.

 

LXXVIII          El jefe de Escocia, con seis de Alemania,

Por gentes de mar Orientales cautivo:

Atravesarán Calpe y la España,

Presente en Persia al nuevo Rey medroso.

 

LXXIX            El orden fatal y eterno encadenado,

Dará vueltas con orden consiguiente:

Del puerto Fociano la cadena será rota,

Tomada la ciudad, el enemigo un poco.

 

LXXX             Del reino inglés el digno expulsado,

El consejero por ira condenado a fuego:

Sus partidarios irán a rastrear tan bajo,

Que el bastardo será casi aclamado.

 

LXXXI            El gran vociferante audaz desvergonzado,

Será elegido gobernador de la armada:

La intrepidez de su comportamiento,

El puente roto, ciudad de miedo pasmada.

 

LXXXII           Freins, Antibor, ciudades junto a Niza,

Serán muy devastadas por mar y por tierra:

Las langostas, tierra y mar viento propicio,

Cogidos, muertos, despedazados, robados, sin ley de guerra.

 

LXXXIII          Los largos cabellos de la Galia Céltica,

Acompañados de extrañas naciones,

Harán cautiva a la gente Aquitánica,

Para sucumbir a sus intenciones.

 

LXXXIV          La gran ciudad quedará bien desolada,

De sus habitantes uno solo podrá en ella morar:

Muralla, sexo, templo y virgen violada,

Por hierro, fuego, peste, cañón el pueblo morirá.

 

LXXXV          Por ciudad tomada por engaño y fraude

Por medio de un bello joven capturado,

Asalto dado a Raubine cerca de Laude,

El y todos muertos por haber bien engañado.

 

LXXXVI          Un jefe de Ausonia a las Españas irá,

Por mar se detendrá en Marsella,

Antes de su muerte por mucho tiempo languidecerá,

Después de su muerte se verá gran maravilla.

 

LXXXVII         Flota Gálica no lo acerques a Córcega,

Ni a Cerdeña tú de ello te arrepentirás:

Pronto moriréis todos privados de la ayuda deseada,

Sangre nadará, no habrá ningún cautivo.

 

LXXXVIII        De Barcelona por mar una poderosa armada,

Marsella entera de miedo temblará:

Islas ocupadas de mar ayuda cerrada,

Tu traidor en tierra nadará.

 

LXXXIX          En aquel tiempo Chipre estará privada

De su auxilio de aquellos del mar Egeo:

Viejo trucidado, pero con mezclas y músicas,

Seducido su Rey, Reina más ultrajada.

 

XC                 El gran Sátiro y Tigre de Hircania,

Don presentado a aquellos del Oceán:

Un jefe de flota saldrá de Carmania,

Y tomará tierra en el Tirreno Foceán.

 

XCI                El árbol que estuvo tanto tiempo muerto secado,

En una noche volverá a reverdecer:

Cron Rey enfermo, Príncipe pie cojo,

Gritando a los enemigos hará vela extender.

 

XCII               El mundo próximo al último período,

Saturno todavía tarde estará de vuelta:

Transferido imperio hacia naciones Brodde,

El ojo arrancado a Narbona alrededor.

 

XCIII              En Aviñón el gran jefe del Imperio,

Se detendrá por París desolado:

Tricastro sostendrá la Anibálica ira,

Lyón por engaño será mal consolada.

 

XCIV              De quinientos años en mayor estima te tendrá,

Al que fue ornato de su tiempo,

Luego, de pronto, gran claridad dará,

Que en este siglo les dará gran contento.

 

XCV              La ley Morisca se verá desfallecer,

Después de otra mucho más seductora:

Boristeno primero vendrá a caer,

Por dones y una lengua más encantadora.

 

XCVI              Jefe de Fosán tendrá cuello cortado,

Por el ductor del sabueso y del lebrel:

El hecho perpetrado por los del monte Tarpeyo

Saturno en Leo 13 de Febrero.

 

XCVII             Nueva ley nueva tierra ocupar,

Hacia Siria, Judea y Palestina:

El gran imperio bárbaro alterar

Antes de que Febea su siglo determine.

 

XCVIII            Dos hermanos reales guerrearán tan fuertemente,

Que entre ellos la guerra será mortal:

Cada uno ocupará las plazas fuertes,

De reino y vida será su gran querella.

 

XCIX              En los campos herbosos de Alein y del Varneigne,

Del monte Lebrón cercano a la Durance,

Campamentos de las dos partes, conflicto será tan agrio,

Mesopotamia desfallecerá en Francia.

 

C                   Entre Galos el último honrado,

De hombre enemigo sera victorioso:

Fuerza y terror en momento explorado,

De un venablo morirá el envidioso.

 

CENTURIA IV

 

 

I                    Por lo que quede de sangre no derramada,

Venecia pide que socorro le sea dado,

Después de haber mucho tiempo esperado,

Ciudad entregada al primer cuerno sonado.

 

II                    Por muerte Francia efectuará un viaje,

Flota por mar, atravesar los montes Pirineos,

España perturbada, gente militar moverse:

Algunas de las más grandes damas a Francia lle­vadas.

 

III                   De Arras y Burges, de Brodes grandes banderas,

Un mayor número de Gascones a pie derrotar,

Los de lo largo del Ródano desangrarán las Españas:

Cerca del monte donde Sagunto está.

 

IV                  El impotente Príncipe enojado, lamentos y quere­llas,

De rapiñas y saqueos por galos y por líbicos:

Grande es por tierra, en mar infinitas velas,

Hermana Italia será echando a los célticos.

 

V                   Cruz paz, bajo el Verbo divino cumplido,

España y Francia permanecerán unidas juntas:

Gran guerra próxima y combate muy duro,

Corazón valiente no habrá quien no tiemble.

 

 

VI                  De costumbres nuevas después de la tregua,

Malicia, insidia y maquinación:

Primero morirá quien haga la prueba,

Color Venecia conspiración.

 

VII                 El hijo menor del grande y odiado Príncipe,

De lepra a los veinte años una gran mancha tendrá,

De pena morirá su madre, bien triste y endeble,

Y él donde caen los cobardes morirá.

 

VIII                 La gran ciudad por asalto pronto y repentino,

Sorprendida de noche, guardias cogidos:

Las excubias y vigilias San Quintín,

Asesinados guardias y los portones destruidos.

 

IX                  El jefe del campo en medio del combate,

Será herido en el muslo de un flechazo,

Cuando Ginebra afligida y preocupada,

Por Lausana y Suizos será traicionada.

 

X                   El joven Príncipe acusado falsamente,

Pondrá en tumulto al campo y en querellas:

Contusionado el jefe por defenderlo,

El cetro apaciguar, aplacar luego pendencias.

 

XI                  Aquel que estará cubierto con una capa,

Será inducido a algún caso examinar:

Los doce rojos vendrán a manchar los manteles

Con un homicidio, homicidio que se va a perpetrar.

 

XII                 El campo mayor de la ruta puesto en fuga,

Nn más allá será acosado:

Acampado nuevamente y legión reducida,

Después será de las Galias completamente echado.

 

XIII                 De una mayor pérdida noticias reportadas,

Hecho el informe el campamento se aturdirá:

Bandas unidas contra las sublevadas,

Doble falange, a grande abandonará.

 

XIV                La muerte súbita del principal personaje,

Habrá cambiado y puesto a otro en el reino:

Pronto, llegado tarde a edad tan avanzada y tierna,

Que en tierra y mar será preciso que se le tema.

 

XV                 De donde se crea hacer venir el hambre,

De allá vendrá la hartura:

El ojo de la mar por avariento canino,

A uno y a otro dará aceite y trigo.

 

XVI                La ciudad franca de la libertad hecha sierva,

De fugitivos y soñadores hace Asilo:

El Rey cambiado por ellos no se obstina,

De cien se convertirán en más de mil.

 

XVII               Cambiar a Beaune, Nuy, Chalons y Dijon,

El Duque queriendo corregir la Barrée

Caminando cerca del río, pez, pico de buceador,

Verá la cola: la puerta será cerrada.

 

XVIII              Los más letrados en los hechos celestes

Serán por Príncipes ignorantes reprobados:

Castigados por Edicto, expulsados, como infames,

Y muertos dondequiera sean hallados.

 

XIX                Ante Rouen por los Insubrios puesto asedio,

Por tierra y mar cerrados los caminos:

De Haynaut y Flandes, de Gante y los de Lieja,

Con lanchas desembarcación en la orilla.

 

XX                 Paz, prosperidad por mucho tiempo lugar alabará,

En todo su reino desierto la flor de lis:

Cuerpos muertos de agua, tierra, allí se los llevará,

Esperando en vano la hora de ser allá enterrados.

 

XXI                La mutación será muy difícil,

Ciudad, provincia con el cambio ganancia sacará:

Corazón noble, prudente depuesto, echado el que era hábil,

Mar, tierra, pueblo su estado cambiará.

 

XXI                La gran abundancia que será desechada

En un momento dado será necesaria al Rey,

La fe prometida de lejos será profanada,

Desnudo se verá en mísera ruina.

 

XXIII              La legión en la flota marinera,

Cal, grandes solfataras y brea abrasarán:

El largo descanso del puesto asegurado,

Puerto Selín, Hércules el fuego los consumirá.

 

XXIV              Oído bajo tierra santa dama, voz santa,

Humana llama por Divina ver lucir:

Hará de los solitarios de su sangre teñida,

Y los impuros los santos templos destruir.

 

XXV              Cuerpos sublimes, sin fin, al ojo visibles:

Vendrán a cegar por estas razones:

Cuerpos, mentes incluso, sin jefe a invisibles,

Disminuyendo las sagradas oraciones.

 

XXVI              El gran enjambre se elevará de abejas,

Que no se sabrá de dónde han venido:

Donde el bosque lo esconde bajo el emparrado.

Ciutard traído por cinco ligas no nudas.

 

XXVII             Salon, Manfol, Tarascon de Sex, el arco,

Donde está en pie todavía la pirámide:

Vendrá a liberar al Príncipe de Dinamarca,

Rescate odioso en el templo de Artemisa.

 

XXVIII            Cuando Venus esté cubierta por el Sol,

Bajo el esplendor habrá una forma oculta:

Mercurio al fuego los habrá descubierto,

Por rumor bélico será puesto al insulto.

 

XXIX              El Sol escondido, eclipsado por Mercurio,

Sólo estará en el cielo segundo:

De Vulcano‑Hermes será hecho pasto,

Sol será visto puro, rutilante y rubio.

 

XXX              Más once veces Luna Sol no querrá,

Todos aumentados y rebajados de grado:

Y tan bajo puesto que poco entonces se creerá,

Después hambre y peste, el secreto revelado.

 

XXXI              La Luna en el plano de noche sobre el alto monte,

El nuevo sabio con un solo cerebro la ha visto:

Por sus discípulos ser inmortal se monda,

Ojos a mediodía, en el sensible, manos, cuerpos a foco.

 

XXXII             En lugares y tiempos carne al pez dará lugar,

La ley común será hecha al contrario:

Viejo se mantendrá firme, después impedido por el medio,

La Planta Koiná Filón quedará muy atrás

 

XXXIII            Júpiter unido más a Venus que a la Luna,

Apareciendo de plenitud Blanca:

Venus escondida bajo la blancura de Neptuno,

Por Marte golpeada con la grande rama.

 

XXXIV           El grande llevado cautivo a extraña tierra,

De oro encadenado al Rey Chirén ofrecido:

Después de que en Ausonia Milán pierda la guerra,

Y todo su ejército derrotado.

 

XXXV            El fuego apagado, las vírgenes traicionarán

La mayor parte del bando nuevo:

Rayo de hierro, lanza solos los Reyes guardarán

Etruria y Córcega de noche gola iluminada.

 

XXXVI           Los juegos nuevos en Galia organizados, Después de la victoria de la Insubria campaña: Montes de Epiro, los grandes atados, depredados, De pavura temblar la Romaña y España.

 

XXXVII           Galo a saltos, montes vendrá a penetrar,

Ocupará el gran lugar del Insubre,

Hasta lo más profundo su hueste hará entrar,

Génova, Mónaco empujarán ejército rubro.

 

XXXVIII          Mientras que Duque, Rey, Reina ocupará,

Jefe Bizancio del cautivo en Samotracia,

Antes del asalto uno al otro comerá,

Contrapelo apretado seguirá de la sangre la huella.

 

XXXIX           Los Rodianos pedirán socorro,

Por la negligencia de sus aliados abandonada,

El imperio Árabe reemprenderá su curso,

Por Hesperia la causa enderezada.

 

XL                 Las fortalezas de los sitiados rodeadas,

Por polvo de fuego precipitados en el abismo,

Los traidores serán todos vivos apresados,

Nunca entre los rapavelas se vio tan deplorable cisma.

 

XLI                Gímnica sexo prisionera en rehén,

Vendrá de noche a sorprender a los guardas,

El jefe del campo engañado por su lenguaje,

Abandonará a la gente, verlo dará lástima.

 

XLII                Ginebra y Langres por los de Chartres y Dole.

Y por Grenoble cautivo en Montlimard,

Seysset, Lausana por fraudulento engaño,

Los traicionarán por sesenta marcos de oro.

 

XLIII               Se oirán en el cielo las armas batir:

También aquel año los divinos enemigos,

Querrán leyes santas injustamente discutir,

Por rayo y guerra los muy creyentes muertos.

 

XLIV              Dos principales de Mende y de Roudés y Milhau,

Cahours, Limoges, Chartres, semana infeliz,

De noche la entrada, de Bourdeaux un guijarro,

Por Perígort al toque de la campana.

 

XLV               Por un conflicto, el Rey abandonará el trono,

El mayor de los jefes faltará a su cometido,

Herido de muerte no se librará,

Todos asesinados, uno será testigo.

 

XLVI              El hecho por excelencia bien defendido,

Guárdate Tours de tu próxima ruina,

Londres y Nantes por Reims harán defensa,

No sigas adelante al tiempo de la escarcha.

 

XLVII             El negro cruel cuando haya probado

Su mano sanguinaria con fuego, hierro, arcos tensos,

Todo cuanto el pueblo quede aterrorizado,

Ver a los más grandes por cuello y pies colgados.

 

XLVIII             Llanura de Ausona, fértil, espaciosa,

Producirá talares colmadísimos de langostas,

Claridad solar quedará anublada,

Roerlo todo, gran peste provenir de ellas.

 

XLIX              Ante el pueblo sangre será derramada,

Que de lo alto del cielo no vendrá alejar,

Pero por largo tiempo no será oída,

El espíritu de uno solo vendrá a testimoniar.

 

L                   Libra reinará sobre las Hespérides,

De cielo y tierra mantendrá la Monarquía,

De Asia fuerzas nadie verá perecer,

Que siete no tengan por rango la jerarquía.

 

LI                   Un Duque ansioso a su enemigo seguirá,

Dentro entrará impidiendo la falange,

Acosados a pie tan cerca perseguirán,

Que la jornada conflicto cerca del Ganges.

 

LII                  En la ciudad vejada a los muros hombres y mujeres,

Enemigos fuera del jefe prontos a rendirse:

El viento soplará fuerte ante los gendarmes,

Echados serán por cal, polvo y ceniza.

 

LIII                 Los enemigos ahuyentados y vencidos,

Padres a hijo mayor adornando los altos pozos,

El cruel padre ahogará a los suyos,

Su hijo pésimo sumergido en el pozo.

 

LIV                Del nombre que nunca tuvo el Rey Galo,

Jamás hubo un rayo tan temido,

Temblando Italia, España y los Ingleses,

De mujer extranjera locamente enamorado.

 

LV                 Cuando la corneja en torre de apretado ladrillo,

Durante siete horas no haga más que chillar:

Muerte presagiada por sangre estatua teñida,

Tirano abatido, a los dioses pueblo rogar.

 

LVI                Despues de victoria de rabiosa lengua,

El espíritu vigorizado por tranquilidad y descanso,

Vencedor sanguinario del conflicto discurseará,

Asar la lengua, la carne y los huesos.

 

LVII                Una cuestión molesta al gran Rey presentada,

Él propondrá defender los escritos:

Su mujer no mujer por otro tentada,

Más doble dos no grita fuerte.

 

LVIII               Sol ardiente en la garganta abrasada,

De sangre humana empapar la tierra Etrusca:

Jefe recoge agua, lleva a su hijo largarse,

Cautiva dama conducida a tierra Turca.

 

LIX                Dos sitiados en ardiente fervor,

Apagada la sed con dos llenas tazas,

El fuerte raso y un anciano soñador,

A los Genoveses de Nira muestran traza.

 

LX                 Los siete niños en rehén dejados,

El tercero a su niño matará,

Dos serán traspasados por su hijo,

Génova y Florencia de acuerdo se pondrán.

 

LXI                El viejo burlado y expulsado de su lugar,

Por el extranjero que lo sobornará,

Algunos de sus hijos comidos ante él,

El hermano en Chartres, Orl. Ruán traicionará.

 

LXII                Un coronel lleno de ambición,

Se apoderará de la mayor armada,

Contra su Príncipe se levantará,

Y será descubierto bajo la enramada.

 

LXIII               La armada céltica contra los montañeses,

Que serán descubiertos y cogidos en la trampa:

Campesinos jóvenes y empujarán feroces,

Precipitados todos al filo de la espada.

 

LXIV              El achicado en ropas de burgués,

Vendrá el Rey a intentar su ofensa:

Quince soldados rehenes la mayor parte,

Vida última y jefe de su hacienda.

 

LXV               Al desertor de la gran fortaleza

Después de haber abandonado su plaza,

Su enemigo obtendrá un éxito notorio,

Poco después de muerto el Emperador será conde­nado.

 

LXVI              Bajo color fingido de siete cabezas rapadas,

Serán sembrados diversos exploradores,

Pozos y fontanas de venenos rociados,

En el fuerte de Génova humanos devoradores.

 

LXVII             Cuando Saturno y Marte ardan iguales,

El aire muy seco, larga trayectoria,

Con fuegos secretos de ardor gran lugar adusto,

Escasa lluvia, viento cálido, guerras, incursión.

 

LXVIII             En lugar muy próximo no lejos de Venus,

Los dos más grandes de Asia y de África,

Del Rin y Danubio se dirán venidos,

Gritos, llantos en Malta y en la costa Ligústica.

 

LXIX              Los desterrados defenderán la gran ciudad,

Los ciudadanos muertos, heridos y expulsados,

Los de Aqùilea a Parma prometerán,

Iridicar la entrada por lugares no trazados.

 

LXX               Muy cerca de los grandes montes Pirineos,

Uno contra el Águila gran ejército dirigirá,

Venas abiertas, fuerzas exterminadas,

Que hasta Pau el jefe perseguirá.

 

LXXI              Las hijas trucidadas en lugar de la esposa,

Un homicidio no tendrá gran culpa,

Dentro de los pozos vestidos inundados,

La esposa muerta muy cerca de Aconil.

 

LXXII             Los Artómicos por Agen y Lestore,

En Saint‑Felix tendrán su parlamento:

Los de Basas vendrán en mala hora,

Tomar Condon y Marsan prontamente.

 

LXXIII             El sobrino mayor por fuerza probará

El pacto hecho con corazón pusilánime,

A Ferrara y Asti el duque atormentará,

Cuando una noche se represente la pantomima.

 

LXXIV            Del lago Leman y los Brannonices

Todos juntos contra los de Aquitania:

Germanos muchos, pero más Suizos,

Serán derrotados con los de Humania.

 

LXXV             Presto a combatir hará defección,

Jefe adversario obtendrá la victoria:

La retaguardia hará defensión,

Los desfallecientes muertos en el blanco territorio.

 

LXXVI            Los Nictóbriges por los de Perigord

Serán vejados, luchando hasta el Ródano,

El asociado de Gascones y Bigorne,

Traicionar el templo, el preste predicando.

 

LXXVII           Selín, monarca pacificador de Italia,

Reinos unidos, Rey Cristiano del mundo,

Muriendo querrá reposar en Tierra Santa,

Después de haber barrido del mar a los piratas.

 

LXXVIII          El gran ejército de la pugna civil,

Y de noche troquel por el extranjero hallado,

Setenta y nueve muertos en la ciudad,

Todos los extranjeros pasados a cuchillo.

 

LXXIX            Sangre real huyó, Monhurt, Mas Eguillon,

Los Bordeleses ocuparon las Landas,

Navarra, Bigorre lanzas y picas,

Extenuados de hambre devorar bellotas de Lieja.

 

LXXX             Cerca del gran río, gran fosa, tierra agreste,

En quince partes será el agua dividida:

La ciudad tomada, fuego, sangre, gritos, guerra,

Y la mayor parte concierne al coliseo.

 

LXXXI            Puente se hará prontamente de barcas,

Pasar el ejército del gran Príncipe de Bélgica:

Caerán dentro y no lejos de Bruselas,

Llegarán, separar siete de espadas.

 

LXXXII           Tropel se acerca viniendo de Eslavonia,

El viejo Destructor arruinará al Estado

Muy asolada verá a Rumania,

Después no podrá apagar la gran llama.

 

LXXXIII          Combate nocturno el valiente capitán,

Vencido huirá seguido de algunos:

Su pueblo emocionado, sedición no vana,

Su propio hijo lo tendrá asediado.

 

LXXXIV          Un grande de Auxerre morirá muy miserable,

Expulsado de los que bajo él han estado,

Apretado por cadenas, también de un rudo cable,

El año en que Marte, Venus y el Sol puestos en ve­rano.

 

LXXXV          El carbón blanco por el negro será calentado,

Hecho prisionero y llevado al chirrión:

Moro camello sobre los pies entrelazados,

Entonces el recién nacido el eje surcará.

 

LXXXVI          El año en que Saturno en agua sea unido,

Y con el Sol, el Rey fuerte y poderoso,

En Reims y Air será recibido y ungido,

Después de conquistas martirizará inocentes.

 

LXXXVII         Un hijo del Rey muchas lenguas aprendidas,

De su predecesor en el reino diferente:

Su suegro por su hijo mayor comprendido,

Hará morir a su principal adherente.

 

LXXXVIII        El Gran Antonio de nombre realmente sórdido,

De Ftiriosia a su último roído:

Uno que de plomo querrá ser ávido,

Pasando el Puerto elegido será sumergido.

 

LXXXIX          Treinta de Londres en secreto conjurarán,

Contra su rey, sobre el puente la empresa:

Para él fatalidades la muerte degustarán,

Un Rey elegido rubio, nativo de Frisia.

 

XC                 Los dos ejércitos no podrán llegar a los muros

En aquel momento temblar Milán, Ticino:

Hambre, sed, duda tan fuertemente los cogerá

Carne, pan y víveres no tendrán ni un bocado.

 

XCI                Al duque Galo obligado a batirse en duelo,

La nave Mellele a Mónaco no se acercará,

Sin razón acusado, prisión perpetua,

Su hijo reinar antes de la muerte intentará.

 

XCII               Cabeza cortada del valiente capitán,

Será echada delante de su adversario:

Su cuerpo colgado por la multitud al palo,

Confundido huirá por remos en viento contrario.

 

XCIII              Una serpiente vista junto a la cama Real,

Será por dá ma de noche y los perros no ladrarán:

Entonces nacerá en Francia un Príncipe tan Real,

Del cielo venido todos los Príncipes lo verán.

 

XCIV              Dos grandes hermanos serán de España echados,

El mayor vencido en los montes Pirineos:

Enrojecerse el mar, Ródano, sangre Leman de Alemania

Nabón, Bliterre, de Agath, contaminadas.

 

XCV              El reino a dos dejado bien porn sostendrán,

Tres años siete meses pasados harán guerra

Contra las dos vestales se rebelarán,

Victoriosa siempre en Arménica tierra.

 

XCVI              La hermana de la Isla Británica,

Nacerá quince años antes que su hermano:

Por su prometido mediante verífica,

Sucederá al reino de balanza.

 

XCVII             El año en que Mercurio, Marte, Venus retrocede­rán,

La línea del gran Moncarca quiebra no hará:

Elegido por el pueblo el que está en use junto a Gá­dola,

Que en paz y reino largamente envejecerá.

 

XCVIII            Los Albaneses entrarán en Roma,

Mediante Langres será repoblada,

Marqués y Duque no perdonan al hombre,

Fuego, sangre, mortandad, sin agua, marchitos los trigales.

 

XCIX              El valiente primogénito de la hija del Rey,

Rechazará muy lejos a los Célticos,

Como si les enviara el rayo semejante desconcierto

Poco y lejos, luego profundo de las Hesperias.

 

C                   Del fuego celeste en el Real edificio,

Cuando desmaye la luz de Marte,

Siete meses gran guerra, muerte gente de maleficio,

Ruán, Evreux al Rey no fallará.

 

 

CENTURIA V

 

 

I                    Antes de la venida de la ruina céltica,

Dentro del templo dos parlamentarán,

Puñal corazón, de un caballero en corcel y lama,

Sin hacer ruido al grande enterrarán.

 

II                    Siete conjurados en el banquete ostentarán,

Contra los tres el hierro fuera del navío:

Uno las dos tropas al grande hará llevar,

Cuando con el mazo. Último a la frente le tira.

 

III                   El sucesor del Ducado llegará

Mucho más allá que el mar de Toscana:

Florencia tendrá una Rama Gálica,

De acuerdo en su girón náutica Rana.

 

IV                  El fuerte mastín de la ciudad expulsado,

Será contrariado por la extranjera alianza,

Después de haber echado el ciervo en los campos,

El lobo y el oso se darán desconfianza.

 

V                   Bajo sombra fingida de quitar servidumbre,

Pueblo y ciudad la usurpará por sí mismo:

Peor hará por fraude de joven putaña,

Entregado al campo leyendo el falso proemio.

 

VI                  Al Rey el augur la mano imponer sobre el jefe,

Vendrá a rogar por la paz itálica:

A la mano izqu:erdá cambiará el cetro,

De Rey llegará a ser Emperador pacífico.

 

VII                 Del Triunviro serán hallados los huesos,

Buscando profundo tesoro enigmático,

Los de alrededor no estarán en reposo,

Este ahondar mármol y plomo metálico.

 

VIII                 Será dejado fuego vivo, muerto escondido,

Dentro de los globos horribles espantosos,

De noche sobre naval ciudad en polvo convertida,

La ciudad al fuego, el enemigo favorecido.

 

IX                  Hasta el fondo el gran arco destruido,

Por un jefe cautivo al amigo anticipado:

Nacerá de dama frente, rostro melenudo,

Cuando por astucia Duque a muerte llevado.

 

 

X                   Un jefe Céltico en el conflicto herido,

Cerca de una cueva viendo a los suyos caer muertos:

De sangre y heridas y de enemigos cercado,

Y socorrido por cuatro desconocidos.

 

XI                  El mar no pasará por los umbrales solares,

Los de Venus dominarán toda el África:

Saturno no ocupará ya más su reino,

Y cambiará la parte Asiática.

 

XII                 Junto al lago Leman será conducida,

Por jovencita extranjera ciudad queriendo traicio­nar:

Antes de su homicidio en Habsburgo la gran fuga,

Y los del Rin vendrán a arrebatarla.

 

XIII                 Con gran furor el Rey Romano Belga,

Devastar querrá a la bárbara falange:

Furor rechinando expulsará a la gente líbica,

Desde Pannonia hasta el ara de Hércules.

 

XIV                Saturno y Marte en Leo, España cautiva,

Por jefe Líbico en conflicto atrapado,

Cerca de Malta, Heredde tomada viva,

Y Romano cetro será por Gallo golpeado.

 

XV                 Navegando cautivo tomado gran Pontífice,

Gran apresto fallido, los clérigos tumultuosos:

Segundo electo ausente su bien distribuido,

Su favorito bastardo a muerte condenado.

 

XVI                A su alto precio más la lerma sabea,

De humana carne por muerte en ceniza poner,

A la Isla de Paros por Cruzados perturbada,

Cuando en Rodas duro espectro aparecer.

 

XVII               De noche pasando el Rey junto a una Andronne,

Aquel de Chipre y principal acecha:

Engañado el Rey, la mano fue a lo largo el Ródano,

Los conjurados irán a darle muerte.

 

XVIII              El infeliz perseguido morirá de pena,

Su vencedor celebrará la hecatombe:

Prístina ley, franco edicto extendido_

El muro y el Principe al septimo día cae.

 

XIX                El gran Real de oro, de bronce enriquecido,

Rota la paz, por un joven declarada la guerra:

Pueblo afligido por un jefe quejumbroso,

De sangre bárbara quedará cubierta la tierra.

 

XX                 Un gran ejército los Alpes atravesará,

Un poco antes nacerá el terrible monstruo:

Prodigiosa y súbitamente volverá,

El Gran Toscano a su lugar más próximo.

 

XXI                Por la muerte del Monarca Latino,

Los que habrá por reino socorrido:

El fuego lucirá, el botín dividido.

La muerte pública a los valientes incursos.

 

XXll               Antes que en Roma el grande haya rendido el alma,

Gran espanto en el ejército extranjero:

Por escuadrones la trampa cerca de Parma,

Después los dos rojos juntos correrán francachela.

 

XXIII              Los dos, contentos, estarán unidos juntos,

Cuando la mayoría a Marte estén conjuntados;

El grande de África con temblor y espanto,

Por el ejército Duunvirato derrotado.

 

XXIV              El reino y la ley bajo Venus edificados,

Saturno tendrá sobre Júpiter imperio:

La ley y reiuo por el sol levantados,

Sufrirán lo peor por Saturninos.

 

XXV              El Príncipe Árabe Marte, Sol, Venus, León,

Reino de Iglesia por mar sucumbirá:

Hacia Persia muy cerca de un millón,

Bizancio, Egipto, ver. sepr. invadirá.

 

XXVI              La gente esclava y a la vez marcial,

Será en alto grado tan elevada:

Cambiarán Príncipe, nacerá un Provincial,

Pasará el mar flota en los montes reclutada.

 

XXVII             Por fuego y armas no lejos del mar Negro,

Vendrá de Persia a ocupar Trebisonda:

Temblar Fato, Metelín, Sol alegre,

De sangre Árabe de Hadria cubierta ola.

 

XXVIII            El brazo colgando a la pierna atado,

Semblante pálido, en el seno un puñal escondido­

Presa que será herida en la reyerta,

AI grande de Génova será el hierro dejado.

 

XXlX              La libertad no será recobrada,

La conseguirá un negro fiero, inicuo, villano,

Cuando la materia del puente sea abierta,

De Híster, Venecia la república alterada.

 

XXX              Todo alrededor de la gran ciudad,

Serán soldados alojados por campos y pueblo:

Dar el asalto a París, Roma incitada,

Sobre el puente será hecho gran saqueo.

 

 

XXXI              Desde la Antigua tierra de la sapiencia jete,

Que actualmente es la rosa del mundo:

Puente arruinado, y su gran preeminencia

Será súbdita y náufraga de las ondas.

 

XXXII             Donde está todo lo bueno, todo el bien Sol y Luna,

Es abundante, se acerca su ruina:

Del cielo se avanza aventar tu fortuna,

En el mismo estado que la séptima roca.

 

XXXIII            Algunos principales de la ciudad rebelde,

Que se esforzarán mucho por recuperar la libertad:

Despedazar machos, infeliz contienda,

Gritos, baladros en Nantes lástima ver.

 

XXXIV           De lo más profúndo del Occidente Inglés,

Donde está el jefe de la Isla Británica:

Entrará una flota en la Gironda por Blois,

Con vino y sal, fuegos encerrados en las barricas.

 

XXXV            Por ciudad franca de la gran mar Selina,

Que lleva todavía en el estómago la piedra,

Inglesa armada vendrá bajo la niebla

A tomar un ramo de la gran abierta guerra.

 

XXXVI           De monja el hermano por improvisa fántasía

Mezclará rociada al mineral:

En la placenta da a vieja tardía,

Secado el goteante será simple y rural.

 

XXXVII           Trescientos serán de una voluntad y acuerdo,

Sólo para llegar al cabo de su espera.

Veinte meses después todos otra vez de acuerdo,

Su rey traicionado simulando odio fingido.

 

 

XXXVIII          Este gran Monarca sucederá al muerto,

Dará vida ilícita y lúbrica,

Por indolencia a todos concederá,

Que al fin resucite la Ley Sálica.

 

XXXIX           De la verdadera rama de flor de lis salido,

Puesto y alojado heredero de Etruria:

Su sangre antigua de larga mano tejida,

Hará Florencia florecer en los blasones.

 

XL                 La sangre Real será tan mezclada,

Forzados serán Galos de la Hesperia:

Se esperará que el término haya pasado,

Y sea muerta de la voz la memoria.

 

XLI                Nacido bajo las sombras del día nocturno,

Será en reino y bondad soberana:

Hará renacer su sangre de los lejanos ancestros,

En siglo de oro el de bronce transformando.

 

XLII                Marte elevado a su más alto apogeo,

Obligará a los Alóbroges a retirarse de Francia:

La gente Lombarda causará gran pavura,

A los del Águila comprendidos bajo la Balanza.

 

XLIII               La gran ruiná de los secretos no se aleja,

Provenza, Nápoles, Sicilia, Seez y Ponza,

En Germania, en el Rin y Colonia,

Heridos de muerte por todos los de Maguncia.

 

XLIV              Por mar el rojo será preso por piratas,

La paz será turbada por su causa:

La ira y el avaro cometerán por santo acto,

Al gran Pontífice será doblada la armada.

 

XLV               El Gran Imperio quedará pronto desolado,

Y trasladado cerca de escabrosa silueta:

Los dos bastardos por el mayor degollados,

Y reinará Enobardo, nariz desmesurada.

 

XLVI              Por capelos rojos querellas y nuevos cismas,

Cuando hayan elegido al Sabinés:

Se producirán contra él grandes sofismas,

Y será Roma dañada por Albanés.

 

XLVII             El gran Árabe avanzará muy adelante,

Traicionado será por los Bizantinos:

La antigua Rodas se le pondrá delante,

Y mucho mayor mal por otros Panonios.

 

XLVIII             Después de la gran aflicción del cetro,

Dos enemigos por ellos serán derrotados:

Escuadra de África hacia los Panones irá a nacer

Por mar y tierra cumplirán horribles hechos.

 

XLIX              Nadie de España, sino de la antigua Francia

Será elegido para la navecilla temblante,

Al enemigo se le otorga fianza,

Quien en su reino será peste cruel.

 

L                   El año en que los hermanos del Lys estén en edad,

Uno de ellos reinará sobre la gran Romania:

Temblarán los montes cuando se abra paso Latino,

Después hará campaña contra el fuerte de Armenia.

 

LI                   La gente de Dacia, de Inglaterra y Polonia,

Y de Bohemia harán nueva liga:

Para ir más allá de Hércules la columna,

Bárcinos, Tirrenos levantarán cruel intriga.

 

LII                  Un Rey se comportará de un modo contrario,

Levantará hasta el reino a los exiliados:

En sangre nadar la gente casta Hipólita,

Y florecerá por mucho tiempo bajo tal enseña.

 

LIII                 La ley contenida de Sol y Venus

Apropiándose el espíritu de profecía,

Ni uno ni otro serán oídos,

Por Sol tendrá la ley del gran Mesías.

 

LIV                Del puente Euxino y la gran Tartaria,

Un Rey habrá que vendrá a ver la Galia,

Atravesará Alana y Armenia,

Y en Bizancio dejará sangrante Galia.

 

LV                 De la comarca de la Arabia Feliz,

Nacerá un poderoso de la ley Mahomética,

Vejar España, conquistar Granada,

Y luego por mar a la gente Ligústica.

 

LVI                Por la muerte de un muy viejo Pontífice,

Será elegido Romano de madura edad,

De quien se dirá que la Sede desfigura,

Y aguantará largamente y obrará con claridad.

 

LVII                Istra del Gaulsier y Aventino,

Quien por el boquete advertirá al ejército,

Entre dos peñascos será cogido el botín,

De Sext Mansol perder la fama.

 

LVIII               Del acueducto de Uticense y del Garda,

Por la floresta y monte inaccesible,

El enemigo del puente será ligado al puño

E incluso el jefe que será tan terrible.

 

LIX                Para el jefe Inglés en Nimes demasiado miedo,

Hacia España en auxilio de Aenobarba,

Muchos morirán por Marte abierto aquel día,

Cuando en Artois caiga estrella con barba.

 

LX                 Por cabeza rapada será difícil elegir,

Cuanto más lleve su carga pasará:

Tan gran furor y rabia hará decir,

Que a sangre y fuego todo sexo destrozará.

 

LXI                El hijo del grande no siendo por su nacimiento,

Subyugará los altos montes Apeninos:

Hará temblar a todos los de la balanza,

Y en los montes fuego hasta Mont‑Cenis.

 

LXII               Sobre las rocas se verá llover sangre,

Sol Oriente, Saturno Occidental:

Cerca de Orgon guerra, en Roma gran mal ver,

Naves hundidas, y capturado el Tridental.

 

LXIII               El honor indebidamente llorado de una empresa vana,

Galeotes errantes por latinos, frío, hambre, olas,

No lejos del Tíber de sangre la tierra teñida,

Y sobre los mortales caerán diversas plagas.

 

LXIV              Los reunidos por descanso de gran número,

Por tierra y mar consejo transmitido:

Hacia el Otoño Génova, Niza de la sombra,

Por campos y ciudades el jefe contrabandado.

 

LXV               El miedo súbitamente venido será grande,

Algunos principales del asunto se esconderán:

Y dama en ascuas no será más vista

Y poco a poco los grandes se enojarán.

 

LXVI              Bajo los antiguos edificios vestales,

No alejados del acueducto arruinado:

De Sol y Luna son los relucientes metales,

Ardiente lámpara Trián de oro parpadea.

 

LXVII             Cuando el jefe Perusa no se despoje de su túnica,

Sentidos cubiertos totalmente desnudos expoliar,

Serán tomados siete hecho aristocrático,

Padre a hijos muertos heridos en la garganta.

 

LXVIII             En el Danubio y del Rin vendrá a beber,

El gran Camello, de ello no se arrepentirá:

Temblar del Ródano y más fuerte los del Loira,

Y junto a los Alpes el Gallo lo vencerá.

 

LXIX              Cuanto más esté el grande en falso sueño,

La inquietud vendrá a tomar reposo:

Levantad falange de oro, azul y rojo,

Subyugar África, roerla hasta los huesos.

 

LXX               Regiones sujetas a la Balanza

Harán temblar los montes con gran guerra,

Cautivos todo entrambo sexo y toda Bizancio,

Que se gritará al alba tierra a tierra.

 

LXXI              Por el furor de uno que esperará el agua,

Por la gran rabia todo el ejército turbado:

Cargadas de nobles diecisiete naves,

A lo largo del Ródano un mensajero tarde llegado.

 

LXXII             Por el placer de edicto voluptuoso,

Se mezclará el veneno en la fe:

Venus tendrá un curso tan virtuoso,

Que ofuscará del Sol toda ley.

 

 

LXXIII             Perseguida por Dios será la Iglesia,

Y los santos Templos serán expoliados,

El hijo pondrá a su madre desnuda en camisa,

Serán los Árabes a los Polones unidos.

 

LXXIV            De sangre Troyana nacerá corazón Germánico

Que se convertirá en una gran potencia:

Afuera expulsará gente extraña Arábiga,

Volviendo la Iglesia a su antigua preeminencia.

 

LXXV             Subirá alto sobre el bien más a la diestra,

Permanecerá sentado sobre la piedra cuadrada,

Hacia el Mediodía puesto a la ventana,

Bastón torcido en mano, boca férrea.

 

LXXVI            En un lugar libre izará su estandarte,

Y no querrá en ciudad tener asiento:

Aix, Carpen, la Isla Volce, Monte Cavaillón,

En todos estos lugares abolirá su huella.

 

LXXVII           Todos los grados de honor Eclesiástico,

Serán cambiados en día quirinal:

En Marcial el quirinal flamínico,

Luego un Rey de Francia lo hará vulcanal.

 

LXXVIII          Los dos unidos lo serán por poco tiempo,

Y al cabo de trece años al Bárbaro Sátrapa,

Por los dos lados harán tal perdimiento,

Que uno bendecirá la Barca y su capa.

 

LXXIX            Por sagrada pompa abajará las alas,

Por la venida del gran legislador:

Al humilde levantará, vejará a los rebeldes,

No nacerá en la tierra ningún emulador.

 

LXXX             El Ogmión gran Bizancio se acercará,

Expulsada será la Barbárica Liga:

De las dos leyes una la esténica abandonará,

Bárbara y Franca en perpetua intriga.

 

LXXXI            El pájaro Real sobre la ciudad solar,

Antes de siete meses hará nocturno augurio:

Muro de Oriente caerán rayos y truenos,

Siete días a las puertas los enemigos alerta.

 

LXXXII           La paz se concluirá fuera de la fortaleza,

Saldrá de ella el que está desesperado:

Cuando los de Arbois, de Langres, junto a Bresse,

Tendrán el monte Dolle, emboscada de enemigos.

 

LXXXIII          Los que tengan empresa subvertir,

Inigualable reino, fuerte a invencible:

Obrarán ‑con fraude, noches tres advertir,

Cuando el mayor en la mesa lea la Biblia.

 

LXXXIV          Nacerá del abismo y ciudad desmesurada,

Nacida de padres oscuros y tenebrosos:

Que la potencia del gran Rey reverenciada,

Querrá destruir por Rouen y Evreux.

 

LXXXV          Por los Suevos y lugares circunvecinos,

Estarán en guerra a causa de muchedumbres:

Cámbaros marinos, langostas y mosquitos,

Del Leman yerros serán bien encuerados.

 

LXXXVI          Por las dos cabezas y tres brazos separados,

La ciudad grande por aguas será vejada:

Grandes de entre ellos por exilio perdidos,

Por una cabeza Persa Bizancio muy presionada.

 

LXXXVII         El año en que Saturno fuera de servidumbre,

En los francos terrenos será de agua inundado.

De sangre Troyana será su matrimonio,

Y será hermana de Españoles circundada.

 

LXXXVII         En el arsenal, por odioso diluvio,

De los otros mares encontrado monstruo marino:

Próximo al lugar será hecho un refugio,

Manteniendo Savona de Turín esclava.

 

LXXXIX          Dentro de Hungría por Bohemia, Navarra,

Y por bandera santas sediciones:

Por flores de lis llevando la barra,

Contra Orleans provocará emociones.

 

XC                 En las Cícladas, en Perinto y Larisa,

En Esparta y en todo el Peloponeso:

Gran carestía, peste por falsa reconocida,

Nueve meses resistirá y todo el Quersoneso.

 

XCI                En el gran mercado que se llama de los embusteros,

De todo Torrente y campo Ateniense:

Serán sorprendidos por los jinetes

Por Marte Albanés, Leo, Sat, Acuario.

 

XCII               Después mantenida la sede diecisiete años,

Cinco cambiarán en tan cumplido término:

Luego será elegido al mismo tiempo,

Quien no se adaptará al gusto de los Romanos.

 

XCIII              Bajo el territorio del redondo globo lunar,

Cuando sea dominador Mercurio:

La Isla de Escocia hará un luminar,

Que a los Ingleses llevará a la ruina.

 

XCIV              Trasladará a la gran Germania,

Brabante y Flandes, Gante, Brujas y Bolonia

La tregua santa, el gran Duque de Armenia,

Asaltará Viena y Colonia.

 

XCV              Náutico remo invitará a los Umbríos,

Del gran Imperio entonces vendrá a concitar:

El mar Egeo de las líneas los estorbos,

Impidiendo a la onda Tirrena volver a flotar.

 

XCVI              En medio del gran mundo la rosa,

Por nuevos hechos sangre pública derramada:

A decir verdad se tendrá boca cerrada,

Entonces según la necesidad llegará tarde el esperado.

 

XCVII             El nacido deformado por horror sofocado,

En lä ciudad del gran Rey habitable:

El edicto severo de los cautivos revocado

Granizo y truenos, Condonación inestimable.

 

XCVIII            A cuarenta y ocho grados climáticos,

AI fin de Cáncer tan gran sequía:

Peces en mar, ríos, lago desecado,

Bearne, Bigorre por fuego cielo en angustia.

 

XCIX              Milán, Ferrara, Turín y Aquilea,

Capua, Brindis vejadas por gente Céltica:

Por el León y falange aquilea

Cuando Roma tenga al viejo jefe británico.

 

C                   El botafuego por su fuego engañado,

De fuego del cielo a Carcas y Cominge,

Foix, Aux, Mazere, insigne anciano fugado,

Por los de Essen, de Sajonia y Turingia.

 

 

 

CENTURIA VI

 

 

I                    Alrededór de los montes Pirineos un tropel

De gente extranjera socorrer al nuevo Rey,

Junto al Garona del gran templo de Mas,

Un jefe Romano la temerá en el agua.

 

II                    En el año quinientos ochenta más o menos,

Se llegará a un siglo muy extraño:

En el año setecientos, y tres cielos por testigos,

Que varios reinos de uno a cinco harán cambios.

 

III                   Río que agita al recién nacido Céltico,

Será del Imperio en gran discordia:

El joven Príncipe por gente Eclesiástica,

Desviará el cetro coronal de concordia.

 

IV                  El río Céltico cambiará de ribera,

No resistirá más la ciudad de Agripina,

Todo mudará a excepción del viejo lenguaje,

Saturno, Leo, Marte, Cáneer en rapiña.

 

V                   Si gran carestía por ola pestífera,

Por abundante lluvia a lo largo del polo ártico,

Samatobryn cien leguas del hemisferio,

Vivirán sin ley, exentos de política.

 

VI                  Aparecerá hacia el Septentrión,

No lejos de Cáncer la estrella cabelluda,

Susa, Siena, Boecia, Eretrión,

Un grande de Roma morirá, la noche desaparecida.

 

VII                 Noruega y Dacia y la Isla Británica

Por los hermanos unidos serán vejadas,

El jefe Romano nacido de sangre Gálica

Y las tropas en las florestas rechazadas.

 

VIII                 Los que estaban en el reino para saber,

En el cambio Real serán empobrecidos:

Un desterrado sin apoyo no tendrá oro,

Letrados y letras no serán muy apréciados.

 

IX                  En los sagrados templos habrá escándalos,

Contados serán por honores y alabanzas,

De uno se grabará de plata y oro las medallas,

El fin será en tormentos muy extraños.

 

X                   Por poco tiempo los templos de colores,

De blanco y negro los dos entremezclados:

Rojos y amarillos les parecerán adictos,

Sangre, tierra, peste, fuego de agua enloquecida.

 

XI                  De siete retoños a tres quedarán reducidos,

Los mayores serán sorprendidos por la muerte,

Dos de ellos serán tentados por fratricidio,

Los conjurados durmiendo serán muertos.

 

XII                 Levantar un ejército para llegar al Imperio,

Del Vaticano la sangre Real resistirá:

Flamencos, Ingleses, España con Aspirio,

Contra Italia y Francia contenderá.

 

XIII                 Un dudoso no vendrá lejos del reino,

La mayor parte lo querrá sostener,

Un capitolino no querrá que él reine,

Su gran carga no podrá mantener.

 

XIV                Lejos de su tierra el Rey perderá la batalla,

A punto de escapar acosado por los seguidores preso,

Ignaro preso bajo la malla dorada,

Bajo un fingido hábito y sorprendido el enemigo.

 

XV                 En la tumba será hallado el Príncipe,

Que tendrá el premio por encima de Nuremberg,

El Español Rey en sutil capricornio,

Engañado y traicionado por el Gran Gutrenberg.

 

XVI                El que será raptado por el joven Milvio,

Por los Normandos de Francia y Picardía,

Los negros del templo del lugar de Negrisilve,

Harán albergue y fuego de Lombardía.

 

XVII               Después de las limas quemadas los burreros,

Obligados estarán a cambiar hábitos varios,

Los Saturninos quemados por los molineros,

Aparte muchos que no estarán cubiertos.

 

XVIII              Por los Físicos el gran Rey abandonado,

Por suerte, no arte, del Ebrien está en vida,

Él y su yerno al alto reino empujado,

Gracia dada a la gente que a Cristo envidia.

 

XIX                La verdadera llama engullirá a la dama,

Que querrá arrojar los Inocentes al fuego,

Al llegar al asalto el ejército se inflama,

Cuando en Sevilla monstruoso buey sea visto.

 

XX                 La unión fingida durará poco,

Unos habrán cambiado, la mayoría reformados,

En los barcos habrá gente endurecida,

Roma tendrá entonces un nuevo leopardo.

 

XXI                Cuando los del polo ártico estén unidos.

En Oriente gran espanto y temor,

Nuevo elegido, el grande sostenido tiembla,

Rodas, Bizancio con sangre Bárbara teñida.

 

XXII               Dentro de la tierra del gran templo Céltico,

Sobrino en Londres por Paz fingida lastimado,

La barca entonces se hará cismática,

Libertad proclamada será a cuerno y grito.

 

XXIII              El espíritu del reino será duramente impugnado,

Y se levantarán pueblos contra su Rey,

Renovada la paz, las leyes santas empeoradas,

Después de ser raptado y puesto en gran temor.

 

XXIV              Marte y el cetro estarán unidos,

Bajo Cáncer calamitosa guerra,

Poco después nuevo Rey será ungido,

Quien por largo tiempo pacificará la tierra.

 

XXV              Por Marte contrariada será la monarquía,

Del gran pescador en turbación ruinosa,

Joven negro rojo tomará la jerarquía,

Los traidores llegarán en día de llovizna.

 

XXV7             Cuatro años la sede más o menos aguantará

Uno sobrevendrá libidinoso de vida,

Rávena y Pisa, Verona sostendrán,

Para quitar la cruz del Papa envidia.

 

XXVII             En las Islas de cinco ríos a uno,

Por eI creciente del gran Chirén Selín,

Por las lloviznas del aire, furor de uno,

Seis escapados escondidos fardos de lino.

 

XXVIII            El gran Céltico entrará en Roma,

Conduciendo legiones de desterrados y proscritos:

El gran pastor condenará a muerte a todos,

Los que por el gallo estuviesen a los Alpes unidos.

 

XXIX              La viuda santa oyendo las noticias,

Por sus ramas puesta en perplejidad y turbación:

Quien será llevado a apaciguar las querellas,

Por su perseguimiento de las razas quedará colmado.

 

XXX              Por la apariencia de Santa santidad,

Será traicionada a los enemigos la sede:

Noche que se pensaba dormir en seguridad,

Cerca de Brabante irán los de Lieja.

 

XXXI              El Rey hallará lo que deseaba tanto,

Cuando el Prelado sea censurado sin culpa:

Respuesta al Duque le hará mal contento,

Que en Milán llevará a varios a la muerte.

 

XXXm            Por traición a vergajazos a muerte batido,

Superado luego será por su desorden,

Consejo frívolo por el gran prisionero oído,

Barba enfurecida cuando Berich venga a morder.

 

XXXIII            Su última mano por Alus sanguinaria,

No se podrá por mar garantizar:

Entre dos ríos temerá militar mano,

El negro airado arrepentirse le hará.

 

XXXm            De fuego volante la maquinación,

Vendrá a turbar al Gran jefe asediado:

Dentro habrá tal sedición,

Que en desesperación estarán los derrotados.

 

XXXV            Cerca de Rion y junto o la blanca lava,

Aries, Tauro, Cáncer, Leo, Virgo,

Marte, Júpiter, el Sol quemará gran llanura,

Bosques y ciudades, letras escondidas en el cirio.

 

XXXVI           Ni bien ni mal por bátalla terrestre,

Llegará a los confines de Perusa:

Rebelde Pisa, ver malestar en Florencia,

Rey herido de noche sobre mulo en negra gualdrapa.

 

XXXVII           La obra antigua se terminará,

Del techo caerá sobre el grande mal ruina:

Se acusará un inocente condenado a muerte.

Nocente escondido, tallares bajo la neblina.

 

XXXVIII          A los deseosos de paz los enemigos,

Después de haber a Italia superado,

Negro sanguinario, rojo será comisionado,

Fuego, sangre derramar, agua de sangre coloreada.

 

XXXIX           El hijo del Reino por paternal rescate,

Expoliado será por liberar:

Junto al lago Trasimeno el azul cogido,

La tropa en rehén por excesivo beber.

 

XL                 Grande de Maguncia para extinguir gran sed,

De su gran dignidad sera privado:

Los de Colonia se lamentarán tan vivamente,

Que el grande de espaldas al Rin sera echado.

 

XLII                El segundo jefe del Reino de Dinamarca,

Por los de Frisia y la Isla Británica,

Hará gastar más de cien mil marcos,

Para explotar en vano un viaje a Italia.

 

XLII                A Logmión sera dejado el reino,

Del gran Selín que realizará otro hecho:

Por las Italias extenderá su enseña,

Regido será por prudente contrahecho.

 

XLIII               Por mucho tiempo quedará sin ser habitada,

Donde el Sena y Marne riegan los contornos:

Del Támesis y marciales tentada,

Decepcionados los guardias creyendo rechazar.

 

XLIV              De noche por Nantes el Iris aparecerá,

Artificios marinos provocarán la lluvia:

En el abismo arábigo gran flota se hundirá,

Un monstruo en Sajonía nacerá de oso y cerda.

 

XLV               El gobernador del Reino muy discreto,

No queriendo consentir a la propuesta Real,

Maltesa flota por el contrario viento,

Lo entregará a su más desleal.

 

XLVI              Un justo será al destierro enviado,

Por pestilencia a los confines de Nonseggle,

Respuesta al rojo lo hará descarriado,

Rey retirando al Águila y a la Rana.

 

XI.VII             Entre dos montañas los dos grandes reunidos

Abandonarán su fingimiento secreto,

Bruselas y Dolle por Langres agobiados,

Para Malinas ejecutar su peste.

 

XLVIII             La santidad en exceso fingida y seductora,

Acompañada de un hablar discreto:

La ciudad vieja y Parma por demás apresurada,

Florencia y Siena dejarán más desiertas.

 

XLIX              De la parte de Mammer gran Pontífice,

Subyugará los confines del Danubio:

Arrojar las cruces, por hierro y por pillaje,

Cautivos, oro, anillos más de cien mil rublos.

 

L                   Dentro del pozo serán hallados los huesos,

Será el incesto cometido por la madrastra:

El Estado cambiado, se querrá ruido y escándalo,

Y habrá Marte esperando por su astro.

 

LI                   Pueblo reunido ver nuevo espectáculo,

Príncipes y Reyes entre muchos asistentes,

Pilares hundirse, muros, pero como milagro

El Rey salvado y treinta de lós presentes.

 

LII                  En vez del grande que será condenado,

Fuera de prisión, su amigo en su lugar:

La esperanza troyana en seis meses juntos nacida muerta,

El Sol en la urna, serán pintados ríos en glaciar.

 

LIII                 El gran Prelado Céltico al Rey sospechoso,

De noche por curso saldrá fuera del reino:

Por Duque fértil a su gran Rey Bretaña,

Bizancio a Chipre y Túnez insospechoso.

 

LIV                A punta del día, al segundo canto del gallo,

Los de Túnez de Fez y de Begía,

Por los Árabes cautivo el Rey de Marruecos,

El año mil seiscientos y siete de Liturgia.

 

LV                 Al chiflado Duque, ocupando el espacio,

Vela Arabesca ver, súbitamente descubierto:

Trípoli, Chio y los de Trapesonce,

Duque preso, Marnegro y la ciudad desierta.

 

LVI                La temida armada del enemigo Narbón,

Amedrentará muy mucho a las Respéricas:

Perpiñán vaciado por el ciego Darbón,

Entonces Barcelona por mar dará las picas.

 

LVII                Aquel que está mucho antes en el Reino,

Teniendo jefe rojo próximo a la Jerarquía,

Aspero y cruel y se hará tanto temer,

Sucederá a sagrada monarquía.

 

LVIII               Entre los dos monarcas alejados,

Cuando el Sol por Selín claro perdido,

Gran simultaneidad entre dos indignados,

Que a las Islas y Siena la libertad devuelta.

 

LIX                Dama en furor por rabia de adulterio,

Urdirá a su Príncipe conjuras a más no poder:

Pero en breve será cortado el vituperio,

Que diecisiete serán enviados al martirio.

 

LX                 El Príncipe fuera de su territorio Céltico,

Será traicionado, engañado por intérprete:

Rouen, Rochelle por los de la Armórica

En el puesto dè Blaue engañados por clérigos y monjes.

 

LXI                El gran tapiz enrollado no mostrará,

Más que a medias la mayor parte de la historia:

Arrojado del Reino lejos áspero aparecerá,

Que en el hecho bélico cada uno querrá creerlo.

 

LXII                Demasiado tarde los dos las flores se habrán per­dido,

Contra la ley serpiente no querrá hacer:

De las fuerzas Lígures con una cofradía,

Savona, Albenga, por un monje gran martirio.

 

LXIII               Sólo la dama quedará en el reino,

El único siendo primero en el lecho de honor,

Siete años será de dolor atormentada,

Luego larga vida en el Reino por gran felicidad.

 

LXIV              No se llegará a ningún acuerdo de paz,

Todos los interesados obrarán por engaño,

De paz y tregua tierra y mar protestado,

Por Barcelona asaltada con habilidad la flota.

 

LXV               Gris y despacho semiabierta guerra,

De noche serán asaltados y pillados,

Despacho tomado pasará por la furia,

Su templo abierto, dos en la parrilla asados.

 

LXVI              En el fundamento de la nueva secta,

Serán los huesos del gran Romano hallados,

Sepulcro de mármol aparecerá cubierto,

La tierra temblará en Abril, mal enterrados.

 

LXVII             Al gran Imperio sucederá otro muy distinto

Bondad distante más de felicidad:

Regido por uno salido no lejos de la plebe,

Corromper reinos gran infelicidad.

 

LXVIII             Cuando los soldados furor sedicioso,

Contra su jefe hagan de noche hierro lucir:

Enemigo de Alba sea por mano furiosa,

Entonces vejar Roma y principales seducir.

 

LXIX              La piedad llegará sin tardar mucho,

Quienes daban se verán constreñidos a tomar:

Desnudos, muertos de frío, sed, malheridos,

Pasarán los montes suscitando gran clamor.

 

LXX               Como jefe del mundo el gran Chirén será,

Ningún otro después amado, temido, respetado:

Su fama y alabanzas los cielos sobrepasará,

Y del solo título de victorioso muy contentado.

 

LXXI              Cuando se quiera al gran Rey emparentar

Antes que haya del todo el alma rendida:

Aquel que menos vendrá a compadecerle,

Por Leones, de Águilas, cruz, corona vendida.

 

LXXII             Por arrebato fingido de emoción divina,

Será la mujer del gran fuerte violada:

Jueces queriendo condenar esta doctrina,

Víctima al pueblo ignorante inmolada.

 

LXXIII             En una gran ciudad un monje y artesano,

Junto a la puerta alojado y en las murallas,

Contra Módena secreto, caúto al hablar,

Traicionar so color de esponsales.

 

LXXIv            La desechada al reino volverá,

Sus enemigos hallados de los conjurados:

Más que nunca su tiempo triunfará,

Tres y setenta a muerte muy asegurados.

 

LXXV             El gran piloto por el Rey será convocado,

Dejar la armada para un más alto puesto ocupar:

Siete años después será contrabandeado,

Bárbaro ejército hará a Venecia temblar.

 

LXXVI            La ciudad antigua de antenorada forja,

No pudiendo ya más al tirano soportar:

El mango disimulado en el templo cortar cuello,

Los suyos el pueblo a muerte vendrá a condenar.

 

LXXVII           Por la victoria del burlado fraudulento,

Dos ejércitos uno, la revuelta Germana,

El jefe asesinado y su hijo en la tienda,

Florencia, Ímola perseguidas en Romaña.

 

LXXVIII          Proclamar victoria del gran Selín creciente,

El Águila será aclamada por los Romanos,

Ticino, Milán y Génova en ello asienten,

Después por ellos mismos Basil gran reclamado.

 

LXXIX            Junto a Tesín los habitantes de Loira,

Garona y Saona, Sena, Tain, y Gironda,

Más allá de los montes levantarán un promontorio,

Conflicto dado, surcado el Po, onda sumergida.

 

LXXX             De Fez el reino llegará a los de Europa,

Fuego su ciudad y espada cortará:

El grande de Asia tierra y mar con gran tropa,

Azules, persas, cruz, a muerte conducirá.

 

LXXXI            Llantos, gritos y lamentos, alaridos, espanto,

Corazón inhumano, cruel, negro y despavorido:

Leman, las Islas, de Génova los mayores,

Sangre derramada, frïo, hambre, a nadie gracia.

 

LXXXII           Por los desiertos del lugar, libre y arisco,

Vendrá a errar sobrino del gran Pontífice:

Muerto a palos por siete con pesado tronco,

Por los que después ocuparán Cife.

 

LXXXIII          El que tanto honor y caricias habrá tenido.

A su entrada de la Galia Belga,

Un tiempo después hará tantas rudezas,

Y estará contra la flor tan bélica.

 

LXXXIV          El que en Esparta Claudio no puede reinar,

Hará tanto por vía seductiva:

Que de un corto largo lo hará arañar,

Y contra el Rey hará su perspectiva.

 

LXXXV          La gran ciudad de Tarso por los Galos

Será destruida, cautivos todos a Turbán:

Socorro por mar del gran Portugalés,

Primero de verano, el día de San Urbán.

 

LXXXVI          El gran Prelado, un día, según un sueño

Interpretado contra su sentido,

De Gascuña le llegará un monje

Que hará elegir de Sens al gran Prelado.

 

LXXXVIi         La elección hecha en Frankfurt,

No tendrá cuenta, Milán se opondrá:

Su más próximo parecerá tan fuerte,

Que más allá del Rin a los moros echará.

 

LXXXVIII        Un gran reino quedará desolado,

Cerca del Hebrón se habrán juntado:

Montes Pirineos le habrán consolado,

Cuando en mayo las tierras hayan temblado.

 

LXXXIX          Entre dos cepos, pies y manos atados,

De miel rostro untado y de leche sustentado:

Avispas y moscas fétidas, amor disgustado,

Previsiones falseadas, Cife tentada.

 

XC                 El deshonor hediondo y abominable,

Después del hecho será felicitado:

El gran excusado, para no ser favorable,

Que a la paz Neptuno no será incitadò.

 

XCI                Del conductor de la guerra naval,

Rojo desenfrenado, severo, horrible peste,

Cautivo del mayor escapado en la basta:

Cuando nazca del grande un hijo Agripa.

 

XCII               Príncipe de belleza tan venerada,

Conducido al jefe, el segundo hecho traicionado:

La ciudad con la espada de polvo faz adusta,

Por muy grande homicidio el jefe por el Rey odiado.

 

XCIII              Un prelado avaro engañado por la ambición,

Nada demasiado grande que él no pueda pedir:

Sus mensajeros y él bien chasqueado,

Ver quién al revés el tronco cortaría.

 

XCIV              Un Rey airado se habrá contra los perjuros,

Cuando arneses de guerra seán prohibidos:

El veneno teñido en azúcar por las fresas,

Por las aguas batidos, muertos diciendo ¡hiere!, ¡hiere!

 

XCV              Por un detractor calumniado apenas nacido,

Cuando sean hechos enormes a imponentes:

La mínima parte al mayor dudosa,

Y pronto el reino será dividido.

 

XCVI              Gran ciudad a los soldados abandonada,

Nunca vio mortal tumulto tan próximo:

¡Oh, qué horrible mortandad se acerca!

Ni una sola ofensa será perdonada.

 

XCVII             Cinco y cuarenta grados el cielo quemará,

Fuego se aproxima a la gran ciudad nueva,

Al instante gran llama dispersa saltará,

Cuando se quiera de los Normandos hacer prueba.

 

XCVIII            Arruinada en los Volsgos de miedo tan terrible,

Su gran ciudad manchada, hecha pestilente,

Saquear Sol, Luna y violar sus templos:

Y los dos ríos enrojecer de sangre fluyente.

 

XCIX              El enemigo docto se volverá confuso,

Gran campo enfermo y de hecho por celadas:

Montes Pirineos y Poeno le habrán hecho renuncio

Cerca del río descubriendo antiguas bases.

 

C                   Hija de la Aurora, asilo del malsano,

Donde hasta el cielo se ve el anfiteatro:

Prodigio visto, tu mal está muy próximo,

Serás cautiva y veces más de cuatro.

 

 

CENTURIA VII

 

 

I                    El arco del tesoro de Aquiles engañado,

A los procreados comunicada la cuadrangular:

El cemento será conocido al hècho Real,

Un cuerpo visto colgado según la voluntad popular.

 

II                    Por Marte abierto Arlés le dará guerra

De noche serán atemorizados los soldados:

Negro, blanco a la India en tierra disimulado,

Veréis y oiréis bajo la fingida sombra a los traidores.

 

III                   Después de Francia la victoria naval,

Los Barquinones, Salinones, los Focenos,

Hiedra dorada, yunque con la bala empotrada,

Los de Tolón consentirán en el engaño.

 

IV                  El Duque de Langres sitiado en Dolle,

Acompañado de Autun y Lioneses:

Ginebra, Habsburgo unidos a los de Mírandola,

Atravesarán los montes contra los Anconetanos.

 

V                   Vino sobre la mesa será derramado,

El tercero no alcanzará la que pretendía,

Dos veces en el negro de Parma hundida,

Perusa hará lo que Pisa deseaba.

 

VI                  Nápoles, Palermo y toda la Sicilia,

Por mano bárbara quedarán deshabitadas,

Córcega, Salerno y de Cerdeña la Isla,

Hambre, peste, guerra, fin de los males intentado.

 

VII                 En el combate de los grandes caballos ligeros,

Se gritará el gran creciente confuso:

De noche matar en los montes, moradas pastoriles,

Rojos abismos en la profunda fosa.

 

VIII                 Flora, huye, huye que se acerca el Romano,

En el Fesulán será conflicto dädo:

Sangre derramada, los mayores capturados a mano,

Ni templo ni sexo serán perdonados.

 

IX                  Dama en ausencia de su gran capitán,

Será requerida de amores por el Virrey,

Fingida promesa, desdichado regalo,

Entre las manos del Gran Príncipe Barés.

 

X                   Por el gran Príncipe vecino de Le Mans,

Bizarro y valeroso jefe del gran ejército:

Por mar y tierra de Galos y Normandos,

Ultrapasar Barcelona a Isla saqueada.

 

XI                  El Infante Real despreciará a su madre,

Ojo, pies heridos, rudo desobediente,

Noticia a dama extraña y muy amarga,

Más de quinientos de los suyos serán muertos.

 

 

Xri                 El gran posnacido pondrá fin a la guerra,

Ante los dioses reunidos serán excusados:

Cahors, Moissac irán lejos de la barricada,

Lestore rechazado, Angers arrasada.

 

XIII                 De la ciudad marina y tributaria

La cabeza rapada tomará la satrapía:

Expulsar sórdido que será luego contrario,

Por catorce años detentará la tiranía.

 

XIV                Que era falso dirá topografía,

Los interiores de los monumentos serán profana­dos:

Pulular de sectas, Santa filosofía,

Por blancas, negras y por antiguas verdes.

 

XV                 Ante una ciudad de la comarca Insubria,

Que habrá sido sítiada siete años:

El muy gran Rey hará en eila su entrada,

Ciudad más fibre fuera de sus enemigos.

 

XVI                Ingreso solemne por la gran Reina hecho

Hará el lugar fuerte a inaccesible:

El ejército de los tres leones será deshecho,

Provocando dentro un caso horroroso y terrible.

 

XVII               El Principe raro de piedad y clemencia

Vendrá a cambiar por rnuerte gran conocimiento

Por gran reposo el reino trabajado,

Cuando el grande vaya pronto a ser castigado.

 

XVIII              Los sitíados disimularán sus armas,

Siete días después harán cruel salida,

Serán rechazados, fuego sangre. Siete muertos a hachazos,

Dama que había tejido la paz hecha cautiva.

 

 

XIX                El fuerte Nicene será combatido,

Vencido será por rutilante metal,

El hecho será por mucho tiempo debatido,

Para los ciudadanos e traño espantajo.

 

XX                 Embajadores de la Toscana lengua,

Abril y Mayo Alpes y mar cruzados,

Aquél de novillo expondrá la arenga,

Vida Gálica viniendo a cancelar.

 

XXI                Por la creciente enemistad de los Volsgos,

Disimulada echará al tirano,

Sobre el puente de Sorgues se hará el tráfico,

De condenar a muerte él y su adherente.

 

XXII               Los ciudadanos de Mesopotamia

Irán al encuentro de los amigos de Tarragona,

Juegos, ritos, banquetes, mucha gente adormecida,

Vicario en el Ródano, tomada ciudad, aquellos de Ausonia.

 

XXIII              El Cetro Real estará obligado a tomar

Lo que sus predecesores habían solicitado,

Pues que el anillo se hará sentir malamente,

Cuando se venga el palacio a saquear.

 

XXIV              El sepultado saldrá de la tumba,

Hará con cadenas atar al fuerte del puente,

Envenenado con huevos de Barbio,

Grande de Lorena por el Marqués del Puente.

 

XXV              Por guerra larga todo el tesoro agotado,

Y para soldados no habrá dinero,

En lugar de oro, de plata, cuero será usado,

Bronce galo, señal creciente de Luna.

 

XXVI              Fustas y galeras en torno a siete navíos,

Será librada una mortal guerra,

AI jefe de Madrid le sentarán las costuras,

Dos escapados, y cinco llevados a tierra.

 

XXVII             Junto a Vasto la gran caballería,

Cerca de Ferrara impedida por el bagaje,

Dispuestos en Turín harán tal cacería,

Que robarán en el fuerte a sus rehenes.

 

XXVIII            El capitán conducirá gran presa

Sobre la montaña de los enemigos más cercana:

Rodeado, por fuego hará tal camino

Todos huidos, menos treinta asados.

 

XXIX              El gran Duque de Alba se rebelará,

Y hará traición a sus grandes pares:

El grande de Guisa vendrá a debelarlo,

Cautivo llevado y monumento levantado.

 

XXX              El saqueo se acerca, fuego, mucha sangre derra­mada,

Po, grandes ríos, de los boyeros la empresa

De Génova, Niza tanto tiempo esperada,

Fossar, Turín, en Savillán la presa.

 

XXXI              Del Languedoc y Guyena más de diez

Mil querrán los Alpes de nuevo pasar:

Grande Alóbroges ir contra Brundis,

Aquin y Bresse les volverán a hacer frente.

 

XXXII             Del Monte real nacerá de una prosapia,

Quien vendrá a infundir pavura y tiranizar,

Realzar gestas de la marcha Millane,

Faenza, Florencia dorada y gentes enervar.

 

XXXIII            Por fraude reina, fuerzas expoliadas,

La flota obsesa, pasaje a la espía,

Dos fingidos amigos vendrán, a aliársete,

Despertar odio largo tiempo adormecido.

 

XXXIV           En gran pesar estará la gente Gala,

Corazón vano, ligero creerá temeridad:

Pan, sal, ni vino, agua, veneno ni cerveza,

Mayor cautivo, hambre, frío, necesidad.

 

XXXV            La gran lonja se lamentará, llorará,

De haber elegido, habrá errado en la edad:

Caudillo con ellos no querrá morar,

Defraudado será por los de su propia lengua.

 

XXXVI           Dios, el cielo, todo el verbo Divino en la onda,

Llevado por siete ruines rojos a Bizancio,

Contra los ungidos trescientos de Trebisonda

Dos leyes darán horror, después creencia.

 

XXXVII           Diez enviados, jefe de nave meter a muerte,

Por uno advertido, en el ejército guerra abierta

Confusión jefe, uno se pincha y muerde,

Lerin, stecadas naves, jefe en la nerte.

 

XXXVIII          El primogénito Real sobre corcel volteando,

Acabará excitado de tan duro correr,

Boca, labios belfos, pie del estribo colgando

Arrastrado, tirado, horriblemente morir.

 

XXXIX           El conductor del ejército Francés,

Deseando perder la principal falange,

Por encima del solado de roca y pizarra,

Afondará por Génova gente extranjera.

 

 

XL                 Dentro de toneles por fuera untados de aceite y grasa

Serán veintiuno ante el puerto cerrado,

A la segunda ronda por muerte harán proeza,

Ganadas las puertas, y los de la ronda muertos.

 

XLI                Los huesos de los pies y de las manos apretados, Por ruido mucho tiempo casa deshabitada, Serán por sueños hurgando desenterrados, Casa salubre y sin ruido habitada.

 

XLII                Dos de los peces capturados por los recién venidos,

En la cocina del gran Principe entregar,

Por el tiznado los dos al hecho conocidos,

Preso quien deseaba al primogénito matar.

 

 

CENTURIA VIII

 

 

I                    Po, nacido, Loron más fuego que a sangre será,

El Aude nadar, escapar el grande a los seguidores:

Los hostigará y rechazará su ingreso,

Pamplona, Duranza los tendrá presos.

 

II                    Perdón y aguas y autor de Miranda

Yo veo del cielo fuego que los envuelve:

Sol Marte unido al León, después Marmanda

Rayo, gran pedrisco, muro cae en el Garona.

 

III                   En el castillo fortificado de Vigilance y Resviers

Será encerrado de Nancy el neonacido:

Dentro de Turín serán quemados los primeros

Cuando de luto Lyón sea transido.

 

IV                  Dentro de Monech el Gallo será recibido,

El Cardenal de Francia aparecerá

Por la legación Romana sera engañado

Debilidad al Águila y fuerza al Gallo nacerá.

 

V                   Aparecerá templo reluciente adornado,

La lámpara y el cirio en Borne y Breteuil,

Por Lucerna el cantón desviado,

Cuando el gran Gallo en el féretro se vea.

 

VI                  Claridad fulgurante en Lyón compareciente,

Brillante, Malta ocupada, improvisamente sera apagada:

Sardos, Moriscos tratará burlándolos,

Ginebra a Londres a Gallo traición fingida.

 

VII                 Vercelli, Milán dará inteligencia

Dentro de Tycin, será hecho el daño.

Correr por el Sena agua, sangre, fuego por Florencia,

Única opción de arriba abajo haciendo fuelle.

 

VIII                 Cerca de Linterna, en toneles cerrados,

Chivaz hará por el Águila la intriga,

El elegido quebrantado, él, sus gentes encerradas,

Dentro de Turín rapto esposa llevada.

 

IX                  Mientras el Águila y el Gallo en Savona

Estén unidos, Mar, Levante y Hungría,

El ejército en Nápoles, Palermo, Marca de Ancona,

Roma, Venecia, por Barba horrible grita.

 

X                   Hedor grande emanará de Lausana,

Que no se sabrá el origen del hecho:

Se echará fuera la gente lejana,

Fuego visto :en el cielo, derrotado pueblo extranjero.

 

XI                  Pueblo infinito aparecerá en Vicenza,

Sin fuerza, fuego quemar la basílica:

Cerca de Lunage derrotado grande de Valence,

Cuando Venecia por muerte tome pica.

 

XII                 Aparecerá cerca de Buffalore

El alto y prócer que entró en Milán,

El abate de Foix con los de San Morre,

Harán bribonadas vestidos de truhán.

 

XIII                 El cruzado hermano por amor desenfrenado

Hará por Preto a Bellerofón morir,

Mesnadas de mil años la mujer furiosa

Bebe el brebaje, los dos luego perecer.

 

XIV                El gran crédito de oro y de plata en abundancia

Ofuscará por libido el honor;

Será conocida de adulterio la ofensa,

Que llevará a su gran dehonor.

 

XV                 Hacia Aquilón grandes esfuerzos por masas de hom­bres

Casi Europa y el universo vejar,

Las dos Iglesias pondrán en tal aprieto,

Y a los Panonios vida y muerte reforzar.

 

XVI                En el lugar en que Hierón hizo su nave fabricar,

Tan gran diluvio habrá y tan súbito,

Que no habrá lugar ni tierras refugiarse,

La onda llegará hasta el Fesulano Olímpico.

 

XVII               Los acaudalados pronto serán desposeídos,

Por los tres hermanos el mundo será turbado:

Los enemigos apresarán ciudad marina,

Hambre, fuego, sangre, peste y el doble de todos los males.

 

XVIII              Nacido de Flora de su muerte será causa,

Algún tiempo antes por joven y vieja boyera,

Con los tres lises le harán tal pausa,

Por su fruto silvestre como carne cruda y madura.

 

XIX                Para sostener la gran capa empañada,

Para aclararla los rojos se acudirán,

La familia, de muerte será casi oprimida,

Los rojos al rojo matarán.

 

XX                 El falso mensaje por la elección fingida

Correr por la ciudad destrozada, esperanza perdida.

Voces aceptadas, de sangre capilla teñida,

Y a otro el imperio entregado.

 

XXI                En el puerto de Agde tres fustas entrarán

Llevando infección, no fe, y pestilencia,

Pasando el puente mil millares temblarán,

Y el puente romper a tercera resistencia.

 

XXII               Gorsan, Narbona, por la sal advertir

Tuchan, la gracia Perpignan traicionada,

La ciudad roja no querrá consentir,

Por gran hurto paño gris vida frustrada.

 

XXIII              Cartas halladás en los cofres de la Reina,

Nada de firma ni ningún nombre de autor:

Por la policía serán escondidos los regalos,

y no se sabrá quién sea el amador.

 

XXlv              El lugarteniente en la entrada del portal,

Atacará al grande de Perpignan,

E intentando salvarse en Montpertuis,

Será burlado el bastardo de Losignan.

 

XXV              Corazón del amante abierto de encendido amor

En el arroyo embelesará a la Dama:

El medio mal falseará cansada,

El padre a los dos privará cuerpos del alma.

 

XXVI              De Catón es hallado en Barcelona,

Puesto en abierto lugar, pedroso y alejado,

El grande que tiene y no tiene querrá Pamplona,

Por el abadiato de Montferrat neblina.

 

XXVII             La senda por la que el uno sobre el otro carnalmente peca

Echado fuera del más desierto atrevido y agallado:

El escrito del Emperador de Fénix

Uru a quien nada es para ninguno.

 

XXVIII            Los simulacros de oro y de plata inflad,

Que tras el rapto al fuego fueron arrojados,

Al descubierto todos extintos y enturbiados,

En el mármol inscrito, prescripto interponed.

 

XXIX              En la cuarta columna se consagra a Saturno,

Por tierra temblante y diluvio partido

Bajo el edificio Saturnino encontrada urna,

De oro Capion contento y luego rendido.

 

XXX              Dentro de Toulouse, no lejos de Beluzer,

Abriendo un pozo lejos, palacio de espectáculo,

Tesoro hallado, cada uno irá a contrariar,

Y en dos lugares muy cerca del templo.

 

XXXI              Primer gran fruto el Príncipe de Persquiere,

Pero luego vendrá un muy cruel maligno,

En Venecia perderá su ufana gloria,

Y malquistado por el más alegre Celino.

XXXII             Guárdate, Rey Galo, de tu sobrino,

Que hará tanto que tu único hijo

Sea maltratado a Venus voto haciendo,

Acompañado de noche que tres y seis.

 

XXXIII            El grande nacerá de Verona y de Vicenza,

Que llevará un sobrenombre muy indigno:

Quien en Venecia quiera tomar venganza,

El mismo tomado hombre de acecho y signo.

 

XXXIV           Después de la victoria del León sobre Lyón,

En la montaña de Ivra Secatumba,

Delves y Brodes séptimo millón,

Lyón, Ulme en Mansol muerte y tumba.

 

XXXV            En la entrada del Garona y del Bayse,

Y la floresta no lejos de Damazán,

Campos helados, después granizo y viento frío

Hielo en la Dordonia por error de Mezán.

 

XXXVI           Será encargado Conde ungir proclamado

De Saulne y Santalbino y Bel la obra

Pavimentar mármol de torres mira a lo lejos,

No podrán resistir y obra maestra.

 

XXXVII           La fortaleza cerca del Tamise

Caerá por aquel entonces, el Rey allí encerrado,

Junto al puente se le verá en camisa

Uno delante muerto, después dentro del fuerte atrincherado.

 

XXXVIII         El Rey de Blois en Aviñón reinará,

Otra vez el pueblo en monopolio,

En el Ródano por mar hará bañar

Hasta cinco, el último cerca de Nolle.

 

XXXIX           El que haya estado por Príncipe Bizantino,

Será echado por Príncipe de Toulouse:

La fe de Foix por el jefe Tolentino

Le fallará, no rehusando la esposa.

 

XL                 La sangre del justo por Taurer la dorada,

Para vengarse de los Saturninos

En el nuevo lago sumergirán la mesnada,

Luego irán contra los Albaninos.

 

XLI                Elegido será Renard sin decir palabra,

Haciendo pública penitencia, viviendo de pan de ce­bada,

Tiranizará duramente casi como un gallo,

Poniendo el pie en la garganta de los más grandes.

 

XLII                Por avaricia, por fuerza y víolencia

Vejará a los suyos el jefe de Orleans,

En San Memir rialto y resistencia,

Muerto en su tienda que en ella duerme diván.

 

XLIII               Por la decisión de dos cosas bastardas,

Nieto de sangre ocupará el reino,

Dentro del lictorio serán los golpes de los dardos,

Nieto con llanto arriará la enseña.

 

XLIV              El procreado natural de Ogmión,

De siete a nueve del camino desviado

A rey de mucho y amy aumy hom,

Debe a Navarra fuerte de Pau prosternar.

 

XLV               La mano escarpiada y la pierna vendada,

Lejos después cerca de Calais llevará,

A la consigna de orden la muerte será aplazada,

Después en el templo por Pascua sangrará.

 

 

XLVI              Pol Mensole morirá a tres leguas del Ródano,

Huye las dos próximas tarascas destruidas:

Porque Marte hará el más horrible trono,

De gallo y de águila de Grancia tres hermanos.

 

XLVII             El lago Trasimeno dará testimonio,

Algunos conjurados estarán en Perusa,

Uno de ellos se fingirá juicioso,

Y matará al Tedesco golpeando el esternón y el ros­tro.

 

XLVIII             Saturno en Cáncer, Júpiter con Marte,

Dentro de Febrero Caldondon salvatierra:

Asaltado Castulón atacado por tres partes,

Cerca de Verbiesque conflicto mortal guérra.

 

XLIX              Saturno en buey juega en el agua, Marte en flecha,

Seis de Febrero mortandad traerá,

Los de Cerdeña en Brujas tan gran brecha

Que en Ponteroso jefe Barbarino morirá.

 

L                   La pestilencia alrededor de Capadil,

Otra hambre cerca de Sagón se apresta:

El caballero bastardo de buen anciano,

Al grande de Túnez hará cortar la testa.

 

LI                   El Bizantino haciendo oblación,

Después de haber vuelto a tomar para sí Córdoba:

Su camino largo descanso tomado,

Mar pasando proa por Golongna ocupada.

 

LII                  El Rey de Bloys en Aviñón reinará,

De Amboise y semilla vendrá a lo largo del Indre

Uña en Poitiers, santas alas arruinadas

Delante de Boni… (verso incompleto).

 

LIII                 En Bolonia querrá lavar sus yerros,

No podrá en el templo del sol,

Volará haciendo cosas tan altas,

En jerarquía no hubo otro igual.

 

LIV                Bajo el color del pacto matrimonio,

Hecho magnánimo por el gran Chirén Selín,

Quintín, Arras recobrado en el viaje

De españoles hecha segunda gran matanza.

 

LV                 Entre dos ríos se verá encerrado,

Toneles y barricas unidos para más allá pasar,

Ocho puentes rotos, jefe tan endurecido,

Niños perfectos son degollados con cuchillo.

 

LVI                El bando débil la tierra ocupará

Los del alto lugar proferirán horribles gritos,

El gran rebaño de seres a un lado estorbará,

Tumba cerca de D. nebro descubiertos los escritos.

 

LVII                De simple soldado llegará al imperio,

De vestido corto llegará al largo,

Valiente en la guerra, muy malo con la Iglesia,

Estrujar a los sacerdotes como con el agua hace la esponja.

 

LVIII               Reino en querella a los hermanos dividido,

Tomar las armas y el nombre Británico,

Título Anglicano será tarde colacionado,

Sorprendido de noche conducir al aire Galo.

 

LIX                Por dos veces arriba, por dos veces abajo

El oriente, y también el occidente, desfallecerá

Y cada adversario después de varios combates,

Por mar barrido de necesidad fallecerá.

 

LX                 Primero en Galia, primero en Romania,

Por mar y tierra a los Anglos y París

Maravillosos hechos por esta gran mesnada

Violando tierras perderá el Norlaris.

 

LXI                Nunca por el descubrimiento del día

Llegará al signo cetrífero

Que todas sus sedes no sean estadía

Llevando al gallo don del Tao armífero.

 

LXII                Cuando se vea el templo santo expoliar,

Más grande que el Ródano sus sagrados profanar

Por ellos nacerá pestilencia tan ancha,

Rey huido, injusto, no hará condenar.

 

LXIII               Cuando el adúltero improvisadamente abandonado habrá

Heridos la esposa y el hijo por despecho,

Mujer desmayada al niño estrangulará:

Ocho caútivos hechos, degollarse sin respiro.

 

LXIV              A las islas los niños serán transportados,

Los dos de siete estarán desesperados,

Los de la campiña serán soportados,

Nombre, piel, presos de las ligas, desvanecida la esperanza.

 

LXV               El viejo frustrado en su principal esperanza,

Llegará a jefe de su imperio:

Veinte meses tendrá el reino en gran poder,

Tirano, cruel que dejará otro peor:

 

LXVI              Cuando la escritura D.M. sea hallada,

Y una caverna descubierta a la luz de una lámpara,

Ley, Rey y Príncipe Ulpián testificados,

Pabellón Reino y Duque bajo cubierta.

 

LXVII             Par. Car. Nersaf, hay ruina y gran discordia,

Ni uno ni otro tendrá elección,

Nersaf del pueblo tendrá ámor y concordia,

Ferrara, Colonia gran protección.

 

LXVIII             Viejo Cardenal por el joven engañado,

Fuera de su cargo se verá desarmado,

Arlés no muestras, doble sea apercibido.

Y el licueducto y el Príncipe embalsamado.

 

LXIX              Cerca del joven el viejo ángel bajar,

Y le vendrá a coronar al fin:

Diez años iguales al más viejo rebajar,

De tres, dos, uno, octavo serafín.

 

LXX               Entrará villano, mezquino, infame

Tiranizando la Mesopotamia

Todos amigos hecho de adulterina dama,

Tierra horrible negro de fisonomía.

 

LXXI              Crecerá el número tan grande de astrónomos,

Expulsados, proscritos y libros censurados,

El año mil seiscientos siete con una consagración

Que nadie en lo sagrado estará asegurado.

 

LXXII             Cam Perusino, ¡Oh, la tremenda derrota!

Y el conflicto muy cerca de Ravena,

Paso sagrado cuando tenga lugar la fiesta.

Vencedor vencido, caballo comer la avena.

 

LXXIII             Soldado Bárbaro el gran Rey golpeará,

Injustamente no lejano de la muerte

La madre avara del hecho será causa

Conjurador y reino en gran remordimiento.

 

LXXiv            En tierra extraño mucho antes que el Rey entrado,

En tanto, que súbditos lo acogerán,

Su perfidia a un cierto habrá encontradó,

Que lugar de fiesta y recogimiento para la ciudad.

 

LXXV             El padre y el hijo serán muertos a la vez

El perseguidor dentro de su pabellón.

La madre en Tours del hijo vientre tendrá hinchado,

Esconde verdura de hojas mariposa.

 

LXXVI            Más Carnicero que rey en Inglaterra,

Lugar oscuro nacido con la fuerza tendrá el impe­rio:

Cobarde sin fe ni ley desangrará la tierra,

Su tiempo está tan cerca que yo suspiro.

 

LXXVII           El Anticristo tres bien pronto aniquilado,

Veintisiete años sangre durará su guerra,

Los heréticos muertos, cautivos exiliados,

Sangre, cuerpos humanos, agua enrojecida, salpica­da tierra.

 

LXXVIII          Un Braganas con la lengua torcida

Vendrá de los dioses el santuario,

A los heréticos abrirá la puerta

Suscitando la iglesia militar.

 

LXXIX            Quien a hierro padre perderá nacido de Nonagena­rio,

Sobre la de Gordón será sangre manante

En tierra extraña hará que todo calle,

Y se quemará a sí mismo y a su hijo.

 

LXXX             De los inocentes la sangre de viuda y virgen,

Tantos males hechos por medio del gran Rojo,

Santos simulacros templados en ardiente cirio,

De horror, miedo, no verá a nadie que se mueva.

 

LXXXI            El nuevo imperio en desolación,

Será trocado del polo aquilonario,

De Sicilia vendrá la emoción

Turbar la empresa a Felipe, tributario.

 

LXXXII           Larga roedura, seco, haciendo buen criado,

Al fin le habrán despedido,

Mortal veneno y cartas en el cuello

Será cogido escapado al peligro.

 

LXXXIII          La mayor vela fuera del puerto de Zara,

Cerca de Bizancio hará su empresa,

Del enemigo pérdida y no será el amigo

El tercero a dos hará gran pillaje y presa.

 

LXXXIV          Se oirán los gritos de la Sicilia paterna,

Todos los preparativos del abismo de Trieste,

Resonarán hasta la Trinacria,

De tantas velas huye, huye la terrible peste.

 

LXXXV          Entre Bayona y San Juan de Luz

Será puesto de Marte el promontorio

A los Hanix de Aquilón Nanar quitará luz,

Luego sofocado en la cama sin auditorio.

 

LXXXVI          Por Hernani, Toulouse y Villafranca,

Banda infinita por el monte Adrián,

Pasa el río, Hutín por puente el escondrijo

Bayona entre todos Bichoro gritando.

 

LXXXVII         Muerte conspirada vendrá en pleno efecto,

Carga conferida y viaje de muerte

Electa, creada, plenamente por los suyos recibida,

Sangre de inocencia ante la fe por remordimiento.

 

LXXXVIII        A Cerdeña un noble Rey llegará,

Que sólo tendrá el Reino por tres años,

Muchos colores consigo reunirá,

El mismo diligenciero habiendo perdido el sueño.

 

LXXXIX          Por no caer en manos de su tío,

Que para reinar asesinó a sus hijos,

Rogando al pueblo, puso el pie sobre Pelúnculo,

Muerto y arrastrado entre caballos bardados.

 

XC                 Cuando uno de los cruzados se halla con el sentido turbado

En lugar sagrado se verá un buey cornudo

Por virgen cerdo su lugar, después, será colmado,

Ninguna orden del Rey ya no será cumplida.

 

XCI                Se agitan los campos de las regiones del Ródano

Donde los cruzados serán casi unidos,

Los dos ejércitos se encontrarán,

Y un gran número por el diluvio serán castigados.

 

XCII               Lejos fuera del reino en viaje peligroso

Un grande para sí lo ocupará,

El Rey tendrá como rehén a uno de los suyos,

Y cuando vuelva todo el país saqueará.

 

XCIII              Siete meses y no más durará su prelatura

Por su muerte gran cisma hará nacer:

Siete meses tendrá otro el sacerdocio,

Cerca de Venecia paz unión renacer.

 

XCIV              Ante el lago donde el más caro fue echado

De siete meses, y su huésped derrotado

Serán los llispanos vencidos por los Albaneses,

A causa de traición en el conflicto.

 

XCV              El seductor será puesto en la fosa,

Y atado durante cierto tiempo,

El clero unido, el jefe con su báculo

Picante diestra acogerá a los contentos.

 

XCVI              La Sinagoga estéril sin ningún fruto

Será recibida aún entre los infieles

De Babilonia la hija del perseguido

Mísera y triste le cortará las alas.

 

XCVII             En la desembocadura del Var cambiar el Pempotam,

Cerca de la orilla los tres bellos niños recién naci­dos,

Ruina al pueblo por edad competente

Reino en el país cambiar, luego verlo crecido.

 

XCVIII            Sangre de la gente de Iglesia será derramada,

Como agua en extraordinaria abundancia

Y por largo tiempo no será restañada

Se verá la ruina y el dolor del clero.

 

XCIX              Por el poder de los tres Reyes temporales,

A otro lugar será transferida la Santa sede:

Donde la substancia del espíritu corpóreo,

Será repuesta y y recibida por verdadera sede.

 

C                   Por la abundancia de las armas propagadas

De arriba abajo, por lo bajo arriba,

Demasiada gran fe por juego de vida perdida,

Morir de sed por abundante defecto.

 

 

 

CENTURIA IX

 

I                    En la casa del traductor de Bourc

Serán encontradas las cartas sobre la mesa,

Tuerto, pelirrojo, blanco, canoso, el curso aguantará,

Quien cambiará al nuevo Condestable.

 

II                    Desde lo alto del monte Aventino voz oída,

¡Fuera! ¡Marcharos! por entrambas partes,

De la sangre de los rojos la ira será saciada,

De Rimini Prato, Columna socavada.

 

III                   La vaca magna en Ravena, gran turbación,

Conducidos por quince encerrados en Fornase:

En Roma dos monstruos de doble cabeza nacerán

Sangre, fuego, diluvio, los más grandes en el espacio.

 

IV                  Al año siguiente descubiertos por diluvio,

Dos jefes elegidos, el primero no resistirá

De huir sombra para uno de ellos el refugio,

Saquear casilla el que más aguantará.

 

V                   Tercer dedo del pie al primero parecerá

A un nuevo Monarca de bajo alto,

Que Pisa y Lucca Tirano ocupará

Del precedente corregir el defecto.

 

VI                  Por la Guyena infinidad de Ingleses

Ocuparán en nombre de Angloaquitania,

De Languedoc Ispalme Bordelais,

Que ellos llamarán después Barboxitania.

 

VII                 Quien abra el monumento hallado,

Y no venga a cogerlo pronto,

Mal le irá y no podrá probar

Si mejor debe ser Rey Bretón o Normando.

 

VIII                 Hijo del Rey causará la muerte de su padre,

Después d.el conflicto, de muerte muy fraudulenta:

Escrito hallado, sospecha dará remordimiento,

Cuando se ponga a dormir el lobo expulsado.

 

IX                  Cuando lámpara ardiente de fuego inextinguible

Sea encontrada en el templo de las Vestales,

Niño hallado fuego, agua pasando por criba:

Perecer agua Nimes, Toulouse trastornar los mercados.

 

X                   Monje monja de niño muerto expuesto,

Nutrir por una osa, y robado por el porquero,

Por Foix y Pamies el campo será puesto

Contra Toulouse Carcasona preparar trincheras.

 

XI                  Al justo injustamente llevarán a morir

Públicamente, y del medio extinguido:

Tan gran peste en el lugar vendrá a nacer,

Que los jueces se verán obligados a huir.

 

XII                 El rico tesoro de Diana y Mercurio,

Los simulacros en el lago serán hallados:

El alfarero buscando arcilla fresca

Él y los suyos de oro serán colmados.

 

XIII                 Los exiliados alrededor de Solonia

Conducidos de noche para ir a Lauxois,

Dos de Módena truculento de Bolonia,

Puestos al descubierto por fuego de Burançois.

 

XIV                Puesto en llanura calderos de los infectores,

Vino, miel y aceite, y construidos sobre hornillos,

Serán inmersos sin maldecir malhechores,

Sept. fum. apagado con el cañón de los borneros.

 

XV                 Cerca de Parpán los rojos detenidos,

Los del medio hundidos y llevados lejos:

Tres despedazados y cinco mal sostenidos,

Por el Señor y Prelado de Borgoña.

 

XVI                De castillo Franco saldrá la asamblea,

El embajador no grato hará cisma:

Los de Ribiera entrarán en la pelea,

Y del gran abismo negarán la entrada.

 

XVII               El tercero empezará peor que Nerón hizo,

Será sólo valiente en sangre humana derramar:

Reediñcar hará la obra en vacío,

Siglo de oro muerto, nuevo Rey mucho alborotar.

 

XVIII              El lis del Delfín llegará hasta Nancy

Y hasta Flandes el elector del Iinperio,

Nueva celada al gran Montmorency,

Fuera de lugares intentad librar a clere peine.

 

XIX                En medio de la floresta de Mayena,

El Sol en Leo el rayo caerá,

El gran bastardo nacido del grande del Maine,

Aquel día Fougeres puma en sangre entrará.

 

XX                 Vendrá de noche por el bosque de Refines

Dos partes criado Herne la piedra Blanca,

El monje negro en gris dentro de Varennes

Elegido cap, causa tempestad, fuego, sangre, degüe­lla.

 

XXI                En el alto templo de Blois sagrado Salonne,

Noche puente del Loira, Prelado, Rey pernicante,

Deseoso de victoria en los aguazales del Saona

De donde prelatura de blancos esquivando.

 

XXII               El Rey y su corte en lugar de gran morada,

Dentro del templo frente al palacio

En el jardín el Duque de Mantua y el Alba,

Alba y Mantor puñal lengua y palacio.

 

XXIII              El joven hijo jugando al fresco bajo la glorieta,

Lo alto del techo en mitad de la cabeza,

El padre Rey en el templo Saint Solonne,

Sacrificando consagrará humo de fiesta.

 

XXIV              En el palacio en las jambas de las ventanas

Serán raptados los dos pequeños príncipes,

Los llevarán a Lutecia, claustros de Denis,

Las monjas les darán a comer nueces verdes.

 

XXV              Atravesando los puentes llegar a los rosales,

Tarde llevado más que él cuidará,

Vendrán los amigos Españoles a Beziers,

Y en esta caza la empresa fallará.

 

XXVI              Niza salida sobre el nombre de las cartas ásperas,

La gran capa hará un obsequio no suyo:

Cerca de Voltri en los muros de verdes alcaparras,

Después de Plombin el viento en popa.

 

XXVII             Del bosque la guardia, viento cerrado redondo puente será,

Alto el recibido golpeará al Delfín,

El viejo salmón bosques unidos pasará,

Pasando más allá del Conductor el derecho confín.

 

XXVIII            Vela Simacle puerto Masiólico,

En el puerto de Venecia avanzar hacia Panonia:

Partir del golfo y Seno Ilírico,

Asolación en Sicilía, Lígures disparos de cañón.

 

 

XXIX              Cuando aquel que a nadie concede tregua,

Abandonar quiera lugar tornado‑no‑tornado:

Fuego nave por sangres, yermo en Charlieu,

Serán Quintín y Balez de nuevo ocupados.

 

XXX              En el puerto de Pola y de San Nicolás,

Peligro Normando en el golfo Fanático,

Cap. de Bizancio rutas, ¡ay!, gritar,

Socorros de Gaddes y del gran filípico.

 

XXXI              El temblor de tierra en Mortara,

Cassich San Jorge medio derruido:

Paz amodorrada, despertará la guerra,

Dentro del templo en Pascua abismos hundidos.

 

XXXII             De fino pórfido profundo filón hallado,

Bajo la lastra escritos capitolinos:

Huesos pelos arrancados Romano fuerza probada,

Flota agitar en el puerto de Metelino.

 

XXXIII            Hércules Rey de Roma y Dinamarca,

De Galia tres Guión cognominado,

Temblar Italia y la ola de San Marcos,

Primero sobre todos monarca rénombrado.

 

XXXIV           Sólo el par marido será mitrado,

Retorno conflicto pasará por la teja:

Por quinientos un traidor será titulado,

Narbón y Saulce por cuartillos tenemos aceite.

 

XXXV            La Ferdinand rubia será escoltada,

Dejar la flor, sordidez el Macedón:

En la gran necesidad errará el camino,

E irá contra el Mirmidón.

 

 

XXXVI           Un gran Rey cogido entre las manos de un Ioyne,

No lejos de Pascua confusión cuchillada:

Prisioneros perpetuos tiempo que rayo en la inqui­na,

Cuando tres hermanos se hieran y homicidio.

 

XXXVII           Puente y molinos en Diciembre derribados,

Tan alto subirá el Garona:

Muros, edificio, Toulouse abatidos,

Que nadie encontrará su lugar ni la matrona.

 

XXXVIII          La entrada de Blaye por Rochela y el Inglés,

Pasará más allá el gran Emaciano,

No lejos de Agen esperará el Galés

Socorro Narbona defraudada por el coloquio.

 

XXXIX           En Arbissel a Veront y Carcari,

De noche llevado por Savona capturar,

El avispado Gascón Turby, y la Scerry

Detrás del muro viejo y nuevo palacio afectar.

 

XL                 Cerca de Quintín, en el bosque espeso,

En la Abadía estarán Flamencos atrincherados:

Los dos hermanos menores, de golpes medio atur­didos,

En seguida oprimidos y guardias todos comprados.

 

XLI                El gran Chirén se apoderará de Aviñón,

De Roma cartas en miel mezcladas de amargura,

Carta embajada partir de Chaniñón,

Carpentras tornado por duque negro de roja pluma.

 

XLII                De Barcelona, de Génova y Venecia,

De la Sicilia peste Monet unidos:

Contra la Bárbara armada apuntará,

Bárbaro empujado muy lejos hasta Túnez.

 

XLIII                 Próximo a descender el ejército Crucífero

Será acechado por los Ismaelitas,

Por todas partes batidos por nave Raviera,

Pronto por diez galeras selectas asaltados.

 

XLIV              Migrad, migrad de Ginebra todos,

Saturno de oro en hierro se trocará,

Él contra Raypoz exterminará a todos,

Antes,del acontecer el cielo signos hará.

 

XLV              No se cansará nunca de pedir,

Gran Mendosus obtendrá su imperio

Lejos de la corte exigirá,

Piamonte, Picardía, París, Tirón el peor.

 

XLVI              Abandonad, huid de Toulouse los rojos,

Del sacrificio haced reparación,

El caudillo del mar a la sombra de las calabaceras,

Muerto estrangulado, carne abominación.

 

XLVII Los subscritos de indigna liberación,

Y de la multa serán contraavisados:

Cambio monarca puesto en serio peligro,

Encerrado en jaula se verán cara a cara.

 

XLVIII            La gran ciudad de Océano marítimo

Rodeada de almenas de cristal:

En el solsticio de invierno y primavera,

Será tentada de viento aterrador.

 

XLIX              Gante y Bruselas marcharán contra Amberes

Senado de Londres condenarán a muerte a su Rey,

La sal y el vino le serán al revés,

Para tener ellos el reino en desorden.

 

L                   Mendosus pronto vendrá a su alto reino,

Dejando un poco atrás a los Norlaris:

El rojo palidece, el varón en el interregno,

El joven teme y espanto en Barbaris.

 

LI                   Contra los rojos sectas se alinearán,

Fuego, agua, hierro soga para la paz se consumirá,

AI punto de morir quienes hayan maquinado,

Menos uno que más que todo al mundo arruinará.

 

LII                  La paz se acerca por un lado, y la guerra

Nunca fue la persecución tan grande,

Gemir, hombre, mujer, sangre inocente por tierra,

Y esto será de Francia por doquier.

 

LIII                 El joven Nerón en las tres chimeneas

Hará lazos vivos por Gala echar,

Feliz quien lejos esté de semejantes intrigas,

Tres de su sangre le harán de muerte acechar.

 

LIV                Llegará al puerto de Corsibona,

Cerca de Ravena, que saqueará la dama,

En mar profundo legado de la Ulisbona

Bajo piedra escondida raptarán setenta almas.

 

LV                 ¡La espantosa guerra que en Occidente se apresta!

Al año siguiente vendrá la pestilencia,

Tan fuerte y horrible que ni jóvenes, ni viejos, ni bestias,

Sangre, fuego, Mercurio, Marte, Júpiter en Francia.

 

LVI                Campo junto a Noudam pasará Goussan ciudad,

Y en Malotes dejará su enseña,

Convertirá al instante a más de mil,

Buscando poner a las dos en argolla y cadena.

 

LVII                En lugar de Drux un rey reposará,

Y buscará ley cambiando de anatema,

Mientras el cielo con tal fuerza tronará,

Nueva pérdida el rey se matará a sí mismo.

 

LVIII               Por el lado izquierdo hacia Vitry

Serán acechados los tres rojos de Francia,

Rojos todos muertos, pero el negro no,

Por los bretones puesto a salvaguardia.

 

LIX                A la Ferté la Vidame tomará

Nicol teñido de rojo que había producido la vida,

El gran Layla que tendrá renombre nacerá,

Dando Borgoña a los Bretones por hastío.

 

LX                 Conflicto Bárbaro en la Corneta negra,

Sangre derramada, temblar Dalmacia,

Gran Ismael pondrá su promontorio,

Ranes temblar, socorro desde Lusitania.

 

LXI                Pillaje hecho en la costa marina,

Incita atado y padres llevados,

Muchos de Malta por el hecho de Mesina,

Estrechos cerrados serán mal custodiados.

 

LXII                En la de Cheramón gran ágora

Estarán los cruzados en fila todos atados,

El portero Opi y Mandrágora,

Rojizo de Octubre al tercero harán soltar.

 

LXIII               Quejidos y llantos, gritos y grandes alaridos,

Cerca de Narbona, en Bayona y en Foix,

¡Oh, qué horribles y calamitosos cambios

Antes de que Marte complete algunas veces!

 

LXIV              El Emaciano pasará montes Pirineos,

En Marte Narbón no hará resistencia,

Por mar y tierra hará grandes avances,

Jefe sin tierra segura para permanencia.

 

LXV               En el rincón de la Luna vendrá a posarse

Donde será tomado y puesto en tierra extraña,

Los frutos inmaduros darán gran alboroto,

Gran vituperio, a uno gran alabanza.

 

LXVI              Paz, unión habrá y cambio,

Estados, ministerios, bajo alto y alto muy bajo,

Preparar viaje, el fruto primer tormento,

No más guerras, procesos civiles, debates.

 

LXVII             Desde lo alto de los montes alrededor de Lizere

Puerto en la roca Valent cien reunidos

De Chasteauneuf Pedro junto con una doncella,

Contra el Crest Romans hace asamblea.

 

LXVIII             Del monte Aymar habrá noble obscurecimiento,

El mal vendrá en la confluencia del Saona y Ródano,

En los bosques escondidos soldados día de Lucía,

Y nunca hubo un trono tan horrible.

 

LXIX              Sobre el monte de Baylly y la Bresle

Esrarán escondidos los valientes de Grenoble,

Más allá de Lyón, Viena, por ellos tan denso pedris­co,

Sólo un tercio de las gotas permanecerá en tierra.

 

LXX               Instrumentos cortantes escondidos en las teas

En Lyón el día del Sacramento,

Los de Viena serán muy pronto muertos

Por los cantones Latinos, Mascon no miente.

 

LXXI              En los lugares sagrados muchos animales se han visto,

Con el que de día no se atreve,

En Carcasona por desgracia afortunada

Será puesto para una más amplia morada.

 

LXXII             Todavía serán los santos templos profanados,

Y saqueados por el Senado Tolosino,

Saturno dos tres ciclos cumplidos,

En Abril, Mayo, gente de nueva levadura.

 

LXXIII             En Foix entrado Rey llamado Turbán,

Y reinará menos evolución Saturno,

Rey Turbán blanco en Bizancio cantará victoria,

Sol, Marte, Mercurio junto a la urna.

 

LXXIV            En la ciudad de Fertsod homicidio,

Hecho y hecho muchos bueyes antes de matar,

Retorno todavía a los hombres de Artémida,

Y a Vulcano cuerpos muertos sepulturar:

 

LXXV             De la Ambracia y del país de Tracia

Pueblo marinero, mal y socorro Gálico,

Una Tracia perpetua en Provenza,

Con vestigios de sus costumbres y sus leyes.

 

LXXVI            Con el negro Rapaz y sanguinario,

Salido del lecho del inhumano Nerón,

Entre dos ríos mano izquierda militar,

Será herido por el calvo Ione.

 

LXXVII           Tomado el reino el Rey invitará

La dama capturada a muerte jurados a suerte,

La vida del hijo de la Reina se negará,

Y la pelliza al fuerte del conhorte.

 

LXXVIII          La dama griega de encantadora belleza,

Feliz dotada de virtudes innumerables,

Trasladada fuera al reino Hispánico,

Hecha prisionera morirá de muerte miserable.

 

LXXIX            El jefe de la flota por estratagema fraudulento,

Hará tímido salir de sus galeras,

Salidos muertos jefe violentamente renegado,

Después pagarán por la doblez con la misma mo­neda.

 

LXXX            El Duque querrá a los suyos exterminar,

Enviar los más fuertes a lugares extraños,

Por tiranía Bize y Luc arruinar,

Luego los Bárbaros sin vino harán vendimias.

 

LXXXI            El taimado Rey preparará sus artimañas

Por tres lados diversos al enemigo atacar,

Un número extraño lágrimas de espasmos

Vendrá Lemprin de al traductor atacar.

 

LXXXII           Por el diluvio y fuerte pestilencia,

La ciudad grande por mucho tiempo sitiada,

El centinela y guardia de mano muerta,

Súbitamente preso, pero en nada ultrajado.

 

LXXXIII          Día veinte de Tauro la tierra tan fuerte temblará,

El gran teatro atestado se hundirá,

El aire, cielo y tierra oscurecerse y temblar,

Entonces Dios con sus santos al infiel arrollará.

 

LXXXIV          Rey expuesto rematará la hecatombe,

Después de haber hallado su origen,

Torrente abrir de mármol y plomo la tumba,

De un gran Romano de Medusina insignia.

 

LXXXV          Pasar Guinea, Languedoc y el Ródano,

De Agen los dueños, de Marmanda y la Roole,

De abrir con fuego la pared, Foceo conservará su trono,

Conflicto cerca de Saint Pol de Manseole.

 

LXXXVI          Del burgo Lareyne llegarán directo a Chartres

Y harán junto al puente Anthoni pausa,

Siete por la paz cautelosos como Martres,

Harán entrada de ejército en París clausurado.

 

LXXXVII         Por la selva de Toufon desbrozada,

Por la ermita será puesto el templo,

El Duque de Estempes por su astucia inventada,

Del monte Lehori prelado dará ejemplo.

 

LXXXVIII        Calais, Arras, socorro a Theroanne,

Paz y fingimiento simulará la escucha,

Tropa de Alóbroges descenderá por Roane,

Evitar el pueblo que deshará la ruta.

 

LXXXIX          Siete años será Felipe próspera fortuna,

Abatirá de los Árabes el esfuerzo,

Luego su gloria perpleja, asunto complicado,

Joven Ogmión doblegará su fuerza.

 

XC                 Un capitán de la gran Germania

Vendrá a rendirse por sünulado auxilio

Al Rey de los Reyes ayuda de Pannonia,

Y su revuelta hará de sangre gran curso.

 

XCI                La horrible peste Perinto y Nicópolis,

El Queroneso resistirá a Marcelonia,

Tesalia devastará a Anfípolis,

Mal desconocido, y el rechazo de Antonio.

 

XCII               El Rey querrá en ciudad nueva entrar,

Por los enemigos expugnar se llegará

Cautivo liberado falso decir y perpetrar,

Rey fuera estar, lejos de enemigos resistirá.

 

XCIII              Los enemigos del fuerte muy alejados,

Por carreteras conducido el bastión,

Por sobre los muros de Bourges fortificados,

Cuando Hércules derrote al Emación.

 

XCIV              Débiles galeras estarán unidas juntas,

Enemigos falsos el más fuerte al bastión:

Débiles arremetidas, tiembla Bratislavia

Lubec y Misia parte bárbara tendrán.

 

XCV              El nuevo hecho dirigirá, el ejército,

Próximo abatido hasta cerca de la orilla,

Esperando auxilio del Milanés potaje selecto,

Duc falto de ojos en Milán hierro de jaula.

 

XCVI              En ciudad entrar ejército rechazado,

Duc entrará por persuasión,

Ante débiles puertas clamores ejército llevado,

Entregarán a fuego, muerte, de sangre efusión.

 

XCVII             De mar las armadas en tres partes divididas,

A la segunda los víveres faltarán,

Desesperados buscando campos Elíseos,

Primeros por brecha eptrados victoria tendrán.

 

XCVIII            Los afligidos por falta de un solo envite,

Contraguiando a la parte opuesta,

A los Lygoneses ordenará que forzados

Habrán de rendirse al gran jefe de Molita.

 

XCIX              Viento Aquilón hará partir la sede,

Por muros echar cenizas, cal y polvo:

Por lluvia luego que les causará más daño,

Último socorro llegar desde su frontera.

 

C                   Pugna naval noche será superada,

El fuego en las naves en el Occidente ruina

Rúbrica nueva, la gran nave colorada,

Ira para el vencido y victoriosa en neblina.

 

 

CENTURIA X

 

 

I                    Al enemigo, el enemigo fe prometida,

No se guardará, los cautivos retenidos,

Presos, urge la muerte y el resto en camisa,

Condenado el resto para ser sostenidos.

 

II                    Vela de galera vela de nave esconderá,

La gran flota hará salir a la pequeña,

Diez naves próximas la envolverán empujar,

Gran derrota unidas a se reunir.

 

III                   Y luego sacará afuera cinco rebaños,

Un fugitivo por Penelón dejará,

Falso murmurar, socorro venir de ellos,

El jefe entonces el asedio abandonará.

 

IV                  Hacia medianoche conductor de la armada,

Se salvará súbitamente desvanecido,

Siete años después el hambre no reprochada

A su regreso nunca dirá que sí.

 

V                   Albi y Castres constituirán nueva liga,

Nuevos Arrianos Lisboa y Portugueses,

Carcas, Toulouse consumirán sus lizas,

Cuando jefe nuevo monstruo de Lauragues.

 

VI                  Sardón, Nemans tan alto desbordarán

Que se deseará Deucalión renacer,

En el coloso la mayor parte huirá

Vestal sepulcro fuego apagado resurgir.

 

VII                 El gran conflicto que se prepara en Nancy,

El Emaciano dirá yo someto todo,

La isla Británica por vino, sal en abundancia,

Hem. mi. dos Phi. por largo tiempo no ocupará Mets.

 

VIII                 Indice y pulgar recorrerán la frente

De Senegalia el Conde a su propio hijo,

La Myrnamea por varios de señalada frente,

Tres en siete días heridos de muerte.

 

IX                  Las higueras de Castillón día de niebla,

De mujer infame nacerá soberano príncipe

Sobrenombre de calzado para sí mismo póstumo,

Nunca hubo un peor Rey en su provincia.

 

X                   Obra de muerte, enormes adulterios,

Gran enemigo de todo el género humano,

Que será peor que sus abuelos, tíos ni padres,

En hierro, fuego, agua, sanguinario a inhumano.

 

XI                  Debajo de lonchere del paso peligroso

Hará pasar el póstumo su tropa,

Los montes Pirineos pasar fuera su bagaje,

De Perpignan correrá el Duque a Tende.

 

XII                 Elegido Papa, de elegido será burlado,

Súbito de pronto emocionado dispuesto y tímido,

Por demasiada dulzura a morir provocado,

No más temor la noche de su muerte guía.

 

XIII                 En los pastos de animales rumiantes

Por ellos conducido al vientre helbipólico,

Soldados escondidos, las armas ruido haciendo,

No lejos tentado de la ciudad Antipólica.

 

XIV                Urnel Vaucile sin consejo de sí mismo

Osado tímido, por miedo preso, vencido,

Acompañado de algunas rameras lívidas,

En Barcelona a los cartujos convencido.

 

XV                 Padre duque viejo de años y de sed cargado,

El último día el hijo rechazando el vaso

Dentro del pozo vivo muerto será inmerso,

Senado al hijo la muerte lenta y ligera.

 

XVI                Felices en el reino de Francia felices de vida,

Ignorando sangre, muerte, furor y rapiña,

De no aduladores serán puesto en envidia,

Rey ocultado, demasiado hígado en la cocina.

 

XVII               La Reina Ergaste viendo a su hija pálida,

Por un remordimiento en sus íntimas entrañas,

Lanza gritos lastimeros de auxilio a Angoulême,

Y al germánico matrimonio excluido.

 

XVIII              El rango Lorenés cederá lugar a Vendosme,

Lo de arriba y abajo, y lo de abajo arríba,

El hijo de Hamón será elegido en Roma,

Y los dos grandes habrán fracasado.

 

XIX                Día en que será por Reina saludada,

El día después la salvación, la plegaria:

La cuenta hecha razón y balbuceada,

Por antes humilde nunca se sintió tan ufana.

 

XX                 Todos los amigos que hayan tomado partido,

Por rudo en cartas muerto y saqueado,

Bienes olvidados por fijo gran fianza,

Nunca romano pueblo fue tan ultrajado.

 

XXI                Por el despecho del Rey sosteniendo lo liviano,

Será herido presentándole los anillos;

El padre al hijo queriendo inspirar nobleza

Hecho, como en Persia antes los Magos hicieron.

 

XXII               Por no querer consentir al divorcio,

Que luego se ha reconocido indigno,

El Rey de las Islas, será expulsado a la fuerza,

Puesto en su lugar quien de rey no tendrá signo.

 

XXIII              Ál pueblo ingrato hechas las reprensiones,

Entonces la armada se apoderará de Antibes,

En el arco Monech harán las reclamaciones

Y en Frejus uno y otro tomará Ribe.

 

XXIV              El cautivo príncipe en las Italias vencido

Pasará Génova por mar hasta Marsella,

Por gran esfuerzo de los extraños sobrevencido,

Salvo un disparo a un barril licor de abejas.

 

XXV              Por Nebro abrir de Brisanne pasaje,

Bien alejados el rago hará muestra,

En Pelligouse se cometerá el ultraje

De la gran dama sentada en la orquesta.

 

XXVI              El sucesor vengará a su cuñado,

Ocupar reino con pretexto de venganza,

Abatido obstáculo su sangre muerte vitupera,

Largo tiempo Bretaña se alineará con Francia.

 

XXVII             Por el quinto y uno gran Hércules

Vendrán a abrir el templo con mano bélica,

Un Clemente, Julio y Ascans retrocede,

La espada, llave, águila, no tuvieron tanta lucha.

 

XXVIII            Segundo y tercero que hacen la primera música

Serán sublimados en honor por el Rey,

Por pingüe y magra y casi media ética

Informe de Venus falso volverá deprimido.

 

XXIX              De Pol Mansol en caverna de cabras

Escondido y apresado sacado fuera por la barba,

Cautivo conducido como bestia fiera

Por Begourdans llevado cerca de Tarbes.

 

XXX              Sobrino y sangre del santo recién llegado,

Con el sobrenombre sostienen arcos y cubierto

Serán arrojados y condenados a muerte arrojados desnudos,

En rojo y negro convertirán su verde.

 

XXXI              El sacro imperio vendrá a Germania,

Ismaelitas hallarán lugares abiertos,

Asnos querrán también la Carmania,

Los fundamentos de tierra bien cubiertos.

 

XXXII             El gran imperio cada uno lo va a desear,

Uno sobre los demás lo llegará a obtener,

Pero polo tiempo durará su reino y ser,

Dos años apenas se podrá aguantar.

 

XXXIII            La facción cruel en vestido talar,

Vendrá a esconder debajo añlados puñales:

Tomar Florencia el duque y el lugar diflongo,

Su descubrimiento por inmaduros y desleales.

 

XXXIV           Galo que imperio por guerra ocupará,

Por su cuñado menor será traicionado,

Por caballo rudo volteado arrastrado,

Por ello el hermano por mucho tiempo odiado será.

 

XXXV            Hijo menor del Rey encendido de ardiente lujuria,

Para gozar de su prima hermana:

Vestido de mujer en el templo de Artemis:

Viandante herido por un desconocido del Maine.

 

XXXVI           Después del Rey del Soucq hablando de guerras,

La isla Harmótica lo despreciará:

Durante bastantes años royendo él y robando,

Por tiranía el ser de la Isla cambiará.

 

XXXVII           Gran motín junto al lago de Borget,

Se reunirán cerca de Montmelián:

Siguiendo más allá pensadores harán proyectos,

Chambery Moriane combate San Julián.

 

XXXVIII          Amor alegre no lejos establece la sede,

Por el santo Bárbaro estarán las guarniciones:

Ursinos Hadria por Galos pondrán trampa,

Por miedo rendidos del ejército a los Grisones.

 

XXXIX           Primer hijo de la viuda desgraciado matrimonio,

Sin hijo alguno dos Islas en discordia,

Antes de dieciocho años edad incompetente,

Cerca del otro más difícil el acuerdo.

 

XL                 El joven nacido en el reino Británico,

Que el padre agonizante habrá recomendado,

Aquél muerto Lonole. dará tópico,

Y dará a su hijo el reino demandado.

 

XLI                En la frontera de Caussade y Charlus,

No muy lejos del fondo del valle,

De Ciudad Franca música a sones de laúd,

Combouls y gran entorno rodeado.

 

XLII                El reino humano de Ánglica progenie

Hará a su reino paz y union tener:

Cautiva guerra mitad de su clausura,

Largo tiempo la paz les hará mantener.

 

XLIII               El tiempo demasiado bueno, demasiada bondad real,

Hace y deshace pronto improvisada negligencia:

Creerá ligero fallo de esposa leal,

El condenado a muerte por su benevolencia.

 

XLIV              Cuando un Rey marche contra los suyos,

Nativo de Blois, subyugará a los Lígures,

Mammel, Córdoba y los Dálmatas,

De siete luego la sombra al Rey dádivas y los muros.

 

XLV               La sombra del reino de Navarra no verdadero,

Hará el camino del trono ilegítimo:

De Cambrai el incierto consentimiento prometido,

Rey Orleans dará muro legítimo.

 

XLVI              Vida, suerte, muerte del oro, villana indigna,

Será de Saxonia no nuevo elector:

De Brunswick mandará de amor un signo,

Haciéndolo falso al pueblo seductor.

 

XLVII             De Bourze a la Dama Guyrlande,

Por la traición hecha se le ensalzará

El gran Prelado de Leon por Formande,

Falsos peregrinos y ruina del raptor.

 

XLVIII             En lo más hondo de España enseña,

Saliendo del término y de los confines de Europa,

Tumultos pasando junto al puerto de Laigne,

Su ejército por banda será derrotado.

 

XLIX              Jardín del mundo junto a ciudad nueva,

En el camino de las montañas socavadas:

Será asido y sumergido en la cuba,

Bebiendo a la fuerza aguas sulfurosas envenenadas.

 

L                   El Mosa al día, tierra de Luxemburgo,

Descubrirá Saturno y tres en la urna,

Montaña y llano, villa, ciudad y pueblo,

Lorena diluvió, consumar gran traición.

 

LI                   De los lugares planos y bajos del país de Lorena,

Serán las bajas Alemanias unidas:

Por los del cerco, Picardos, Normandos, del Maine

Y a los cantones se habrán reunido.

 

LII                  Donde Laye y Escalda se casan,

Serán las bodas largo tiempo preparadas:

En el lugar de Amberes donde las aguas corren,

Joven ancianidad consorte inficionado.

 

LIII                 Los tres pellejeros de lejos se batirán,

El mayor por poco quedará a la escucha:

El gran Selín no sera ya más jefe,

Lo nombrará fuego peltre, blanca ruta.

 

LIV                Nacida en este mundo de fugaz concubina,

A dos puesta en alto por las tristes noticias,

Entre enemigos será hecha cautiva,

Conducida a Malinas y Bruselas.

 

LV                 Las desgraciadas bodas se celebrarán

Con gran alegría: pero el fin desgraciado,

Marido y madre nuera desdeñarán,

El Fibe muerto y nuera más lastimosa.

 

LVI                Prelado real estará muy debilitado,

Gran flujo de sangre saldrá por su boca,

El reino Ánglico por reino respirado,

Largo tiempo muerto vivó en Tunis como cepa.

 

LVII                El sobrevenido no conocerá su cetro,

Los hijos jóvenes de los mayores odiará:

Y nunca existió un ser más cruel,

Para sus esposas a muerte el negro expulsará.

 

LVIII               En tiempo de luto cuando el felino monarca,

Guerree contra el joven Emaciano:

Galia sacudir, hundir la barca,

Intentar Focen a la Poniente empresa.

 

LIX                En Lyón veinticinco de un hálito,

Cinco ciudadanos Germanos, Brescianos, Latinos:

A escondidas del noble conducirán larga cola

Y descubiertos por ladridos de mastines.

 

LX                 Lloró por Niza, Manego, Pisa, Génova,

Savona, Siena, Capua, Módena, Malta:

Por encima sangre y puñal por aguinaldo,

Fuego, temblor de tierra, agua, desdichada cuenta.

 

LXI                Belta, Viena, Emorre, Sacarbance,

Querrán entregar a los Bárbaros Pononia:

De fuego y sangre en ciudad de Bizancio,

Los conjurados descubiertos por matrona.

 

LXII                Cerca de Sorbin para atacar Hungría,

El heraldo de Brudes los vendrá a advertir:

Jefe Bizantino, Sallón de Esclavonia,

A la ley de Árabes los vendrá‑a convertir.

 

LXIII               Cidrón, Ragusa, la ciudad de San Hierón,

Reivindicará el mendicante socorro:

Muerto hijo del Rey por muerte de dos airones,

El Árabe y Hungría seguirán un mismo curso.

 

LXIV              Llora Milán, llora Luca, Florencia,

Que tu gran Duque al carro subirá,

Cambiar la sede junto a Venecia se avanza,

Cuando Colonia cambie a Roma.

 

LXV               ¡Oh, vasta Roma!, tu ruina se acerca,

No de tus muros, de tu sangre y substancia:

El aspro con letras hará muy horribles muescas,

Hierro afilado metido a todos hasta el mango.

 

LXVI              El jefe de Londres por reino la América,

La isla de Escocia empeorará por la helada:

Rey Reb tendrán un tal falso Anticristo,

Que les obligará a todos a entrar en la pelea.

 

LXVII             El temblor muy fuerte en el mes de mayo,

Saturno, Capricornio, Jupiter, Mercurio en Tauro:

Venus, también Cáncer, Marte en Nonnay,

Caerá pedrisco más grueso que un huevo.

 

LXVIII             La armada del mar ante ciudad se situará,

Luego sin ir muy lejos partirá:

Ciudadanos gran presa en tierra tomarán,

Volver escuadra cobrará de nuevo gran empuje.

 

LXIX              El hierro luciendo como nuevo, aun siendo viejo,

Serán tan grandes por mediodía Aquilón:

De su propia hermana grandes alas alzadas,

Huyendo herido al zarzal de Ambellón.

 

LXX               El ojo por objeto hará tal excrecencia,

Tanta y tan ardiente que caerá la nieve.

Campo irrigado irá en decadencia,

Que el primado sucumbirá en Rege.

 

LXXI              La tierra y el aire se helarán tanto,

Cuando se vaya en jueves a venerar

Lo que nunca será ni fue tan bello,

De las cuatro partes te vendrán a honrar.

 

LXXII             El año mil novecientos noventa y nueve, siete me­ses,

Vendrá del Cielo un gran Rey de horror:

Resucitar al gran Rey de Angolmois,

Antes, después, Marte reinará por buena dicha.

 

LXXIII             El tiempo presente junto con el pasado,

Será juzgado por el gran Jovialista:

El mundo tarde le habrá cansado,

Y desleal por la clerecía jurista.

 

LXXIV            Al, término del Gran número séptimo,

Aparecerán en el tiempo juegos de Hecatombe,

No lejos de la gran edad milésima,

Que los entrados saldrán de sus tumbas.

 

LXXV             Tan esperado no volverá jamás,

Dentro de Europa, en Asia aparecerá,

Uno de la liga salido del gran Hermes,

Y sobre todos los Reyes de Oriente crecerá.

 

LXXVl            El gran Senado otorgará la pompa,

A uno que después será vencido expulsado,

Sus partidarios serán a son de trompa

Bienes subastados, enemigos desterrados.

 

LXXVII           Treinta partidarios del orden de los quírites,

Proscritos, sus bienes entregados a sus adversarios,

Todos sus servicios tenidos por deméritos,

Flota dispersa entregada a los corsarios.

 

LXXVIII          Súbita alegría en súbita tristeza,

Será en Roma en gracias abarcadas,

Luto, gritos, llantos, lágrimas sangre excelente re­gocijo

Contrarias bandas sorprendidas y deshechas.

 

LXXIX            Los viejos caminos serán todos embellecidos,

Se pasará a Menfis a legiones,

Tan gran Mercurio de Hércules flor de lis,

Haciendo temblar la tierra, mares y regiones.

 

LXXX             En el Reino grande del gran reino reinante,

Con la fuerza de las armas las grandes puertas de bronce

Hará abrir, el Rey y Duque llegado,

Puerto demolido, nave hundida, día sereno.

 

LXXXl            Puesto tesoro templo ciudadanos Hespérides,

En aquel retirado y secreto lugar:

El templo abrir los lazos famélicos,

Recobrado, arrebatado, presa horrible en la mitad.

 

LXXXII           Gritos, llantos, lágrimas vendrán con cuchillos,

Simulando huir darán el último asalto:

En los parques de los alrededores plantar profundos bancales,

Vivos y rechazados y heridos en el asalto.

 

LXXXIII          De luchar será dado el signo,

Del parque se verán constreñidos a salir fuera:

La enseña de Gante en los alrededores será vista,

El que obligará a todos los suyos a morir.

 

LXXIV            Lo natural a tan alto no baja,

Volver tarde hará maridos contentos:

El Recloing no quedará sin debates,

Empleando y perdiendo todo su tiempo.

 

LXXXV          El viejo tribuno al borde de la angustia,

Será apresado, cautivo no liberar,

El viejo no viejo, el mal hablando tímido,

Por legítimo a sus amigos entregado.

 

LXXXVI          Como un grifo vendrá el Rey de Europa,

Acompañado por los de Aquilón,

De rojos y blancos conducirá gran tropa,

Y contra el Rey de Babilonia irán.

 

LXXVII           Un gran Rey ocupará el Puerto junto a Niza,

Y hará de él el gran Imperio de la muerte

En los Antípodas pondrá su novilla,

Por mar la Pille todo desaparecerá.

 

UXXVIII          Pies y Caballo en la segunda vigilia

Harán un magnífico ingreso todo por el mar:

Dentro de la felpa entrará de Marsella,

Llanto, gritos y sangre, jamás ningún tiempo tan amargo.

 

LXXXIX          De ladrillo en mármol serán los muros reducidos,

Siete y cincuenta años pacíficos:

Alegría para los humanos, renovado el acueducto,

Salud, grandes frutos, alegría y tiempos maléficos.

 

XC                 Cien veces morirá el tirano inhumano,

Puesto en su lugar un sabio y bonachón,

Todo el Senado estará bajo su mano,

Provocado será por un astuto temerario.

 

XCI                Clero Romano, el año mil seiscientos y nueve,

En el primer día del año habrá elección:

De uno gris y negro de la Compañía salido,

Nadie nunca fue astuto como él.

 

XCII               Ante el padre el hijo será muerto,

El padre después entre cuerdas de junco,

Pueblo Genovés será esforzado,

Yaciendo el jefe en medio como un tronco.

 

XCIII              La barca nueva recibirá los viajes,

Allí y luego transferirán el Imperio:

Beaucaire, Arlés los rehenes retendrán,

Cerca de dos columnas halladas de Porfirio.

 

XCIV              De Nimes, de Arlés, y Viena despreciar,

No obedece todo al edicto de Hespérida:

A los trabajos por el grande condenar,

Seis escapados en hábito seráfico.

 

XCV              A las Españas llegará un Rey muy poderoso,

Por mar y tierra subyugado nuestro Mediodía:

Este mal hará, rebajando a la Media Luna,

Bajar las alas a los del Viernes.

 

XCVI              Religión del nombre de los mares vencerá,

Contra la secta del hijo Adaluncatif,

Secta obstinada deplorada temerá,

De los dos heridos por Alef y Alef.

 

XCVII             Trirremes llenos de cautivos de toda edad,

Tiempo bueno va a malo, lo dulce por amargura:

Botín para los Bárbaros muy pronto cogerán las armas,

Con el deseo de ver lamentarse al viento la pluma.

 

XCVIII            El claro esplendor a doncella gozosa

No lucirá más, mucho tiempo estará sin sal

Con mercaderes, rufianes, lobos, odiosa,

Todos mezclados, monstruo universal.

 

XCIX              El fin; el lobo, el león, el buey y el asno,

Tímida dama estarán con mastines:

No caerá ya más para ellos el dulce maná,

Mayor vigilancia y custodia a los mastines.

 

C                   El gran Imperio será para Inglaterra,

El Pempotam de años más de trescientos,

Grandes tropas pasarán por mar y tierra,

Los Lusitanos no estarán de ello muy contentos.

 

 

FIN

 

*    *    *

 

 

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